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Archive for 30 octubre 2009

Mmmmnnnnnn, uff, ¿qué hora será? ¡Joder, las cinco de la mañana! No puede ser, el reloj del video tiene que estar mal.

Por la ventana no entra luz, o sea que tiene que ser esa hora, más o menos. Bueno esté o no bien, voy a ver si cojo otra vez el sueño.

Después de dar unas cuantas vueltas en la cama sigo despierto. Apenas pasan los minutos. El caso es que oigo movimiento en la casa, alguien tiene que estar igual que yo, que no se puede dormir. A las seis y media nos levantamos, es tontería estar en la cama dando vueltas, y además, ¡qué coño!, estamos en Nueva York, hay que moverse y disfrutar de la ciudad.

Hoy toca el Midtown, no nos cansaremos mucho, lo tenemos todo cerquita.

Nada más quitarnos las legañas de encima, salimos a la calle en busca de un lugar donde desayunar. Al no conocer ningún sitio en concreto hacemos como en la noche anterior, nos movemos hacia el punto de información de Times y si encontramos algún sitio donde picar allá desayunaremos. En el camino encontramos el European Café, cadena de comida rápida. Nos disponemos a pedir pero no sabemos si nos van a entender, cuando un dependiente se da cuenta que estamos un tanto perdidos y llama a uno que sabe español y nos soluciona el tema. Desayunamos y nos vamos a información.

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Otra vez en Times Square. “The Great White Way”. Este fue el nombre que puso O. J. Gude, creador de los primeros carteles publicitarios puestos en TS, a finales del siglo XIX, en los que utilizaban solo bombillas blancas.

El primer cartel se puso en 1898 para Coney Island. Luego en 1904 el NY Times se trasladó a la plaza y esto hizo que pasara a llamarse Times Square y donde, en 1910, puso la ya famosa cinta luminosa de noticias. La primera narración fue una pelea de boxeo entre Jim Jeffries y Jack Jonson. La cinta se componía de 15000 bombillas destellando a la velocidad de 75000 veces por segundo. Ahora esa cinta es digital conocida como zippers.

En el 17 se colocó el cartel más grande del mundo (24×61). En el 20 se empezó a introducir el color. Ha habido muchos anuncios famosos, como el de la Coca-Cola vaciándose a través de una pajita, o el de la Pepsi de los años 50, una cascada rodeada por botellas de Pepsi, u otro del hombre fumando Camel y echando anillos de humo.

Curioso es el hecho de que s_DSC7605e construyera un edificio especialmente diseñado para la colocación de carteles luminosos. Está situado en la parte norte de TS, en Duffy Square. Es el edificio donde está colocado el cartel de Coca-Cola.

Hoy en día bien que se podría cambiar el nombre por el de “The Great Colour Way”, ya que el blanco es precisamente el color que menos se utiliza.

Entramos al punto de información y nos encontramos varios ordenadores desde los que podemos buscar información durante diez minutos gratuitamente. También había unos ordenadores conectados a cámaras de video para hacer grabaciones cortas y poder mandarlas por e-mail. Está claro que no podíamos perder la oportunidad de hacer alguno y mandárselo a nuestros seres queridos y así darles envidia. Empezamos a hacer el pavo, sobre todo yo, mientras la máquina nos graba. Pasamos un rato bastante divertido con la tontería del video. Una vez visto lo visto y hecho lo hecho salimos a hacer lo que habíamos venido a hacer, turismo.

Empezamos a callejear en dirección a la estación Grand Central, observando todo lo que se nos pone a tiro, escaparates, gente, edificios, hasta las alcantarillas nos parecían bonitas y curiosas. Bajamos de la 46 a la 43 para ir más directamente a la estación. Mientras paseamos nos damos cuenta de lo escandalosos que son estos americanos, más concretamente los servicios de urgencia. Van a todos los sitios con las sirenas puestas sin haber situaciones de aparente peligro. Supongo que irán para acudir más rápidamente, y supongo que será para atender el peligro correspondiente, pero no nos parecía que todas las situaciones las requirieran.

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Recorremos los metros como sin darnos cuenta, disfrutando de lo espectacular que es la ciudad, cuando llegamos al cruce con la avenida de las américas observo una imagen que me deja anonadado, miraba al este y veía el edificio Chrysler, miraba al sur y veía el Empire State building, dos de los edificios más emblemáticos de NY estaban delante de mis ojos (y de los demás), esto con el paso de los días lo vería como una cosa normal, pero en ese momento me pareció de lo más precioso.

Después de uno de los momentos más bonitos de ese día, continuamos nuestro paseo por la acera norte de la calle 43 y al cruzar la quinta avenida nos topamos unos raíles en la calzada, en realidad creo que se llaman traveling. Eran unos raíles que llevaban la cámara para realizar un anuncio, concretamente de Burger King. En el otro lado de la calle estaban los extras junto a los protagonistas del anuncio, el King y unos “policías” que lo tenían que perseguir calle abajo.

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Era divertido ver lo que sería un decorado de cine pero en las calles de NY. La calle se cortaba sólo cuando se rodaba, mientras que no se hacía los camiones y coches pasaban. En una punta del traveling se situaba la cámara con varios operarios incluidos el cámara, por supuesto, y en el lado contrario había una carpa donde se encontraban las pantallas en las cuales se recogían lo grabado y donde se comprobaba si habían salido bien las cosas o no. Junto a la carpa se encontraban los del catering con sus bocadillos y bebidas, todo bien enfilado y colocadito. En cada punta de la zona de trabajo se colocaban seguratas y personal que controlaban a la gente para que no se colase dentro. Después de intentar, y fracasar, que contrataran de extra a nuestra compañera de viaje, me fui a una punta para ver mejor como trabajaban y a hacer unas fotillos. De paso, preguntándole a uno de los seguratas, me enteré de que trabajaban unas 60 personas en la realización del anuncio, mogollón de gente para 20 segundos. Toda esta peña todo lo hace a lo grande._DSC7692

Esperamos a que hicieran una toma para ver como era y tras pasar un buen rato disfrutando de la parafernalia del rey de la hamburguesa, continuamos nuestro camino. Sobre las 12 de la mañana llegamos a las inmediaciones de la estación, con la continua visión del Chrysler. Rodeamos el edificio hacia el sur buscando la fachada principal. Entramos en la calle 42, esta pasa por debajo de Park avenue, la estación queda a la izquierda. Justo debajo de la avenida hay una entrada a la estación y enfrente de esta se sitúa una cafetería aprovechando el hueco que forma el puente de la avenida. Levanté la cabeza y pude ver el reloj de la fachada con Mercurio y detrás de este un edificio por el cual yo conocí NY, más incluso que por las torres gemelas o por el Empire State Building. El edificio MetLife. Ahora es de la compañía de seguros, pero en mi niñez pertenecía a la compañía aérea Panam.

Bajamos por Park para coger la calle superior y así entrar justo por debajo de Mercurio. Mientras llegábamos al punto para cruzar, íbamos disfrutando de los reflejos de unos edificios en otros. Cuando alcanzamos el punto donde podíamos se unían las calles superior e inferior nos dimos cuenta que no podíamos ir hacia el reloj. No había aceras para el acceso de los peatones, sólo podían pasar los coches. Además desde lejos parecía que había puerta de acceso a la estación. Hice la foto oportuna cuando cruzábamos de acera y volvimos para entrar por la puerta inferior, que remedio.

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Al bajar nos coscamos de un fistro, digo bistro, en el que poder comer si nos pillaba por la zona, ya que después de ver la ONU íbamos a volver sobre nuestros pasos para ir a otro lugar.

Por fin nos disponemos a entrar a la mítica estación. Una vez que cruzas la puerta, la entrada es normalucha, no tiene nada especial, pero cuando descendemos las escaleras y tras cruzar un arco vimos el gran hall. Como suele pasar en USA, suele haber banderas presidiendo ventanas, edificios y, como no, también tenía que estar en la estación, tanto dentro como fuera. Lo curioso fue que al entrar te topas con una de frente, pero colgada del techo y de perfil conforme entramos había una bandera de unas dimensiones tremendas. No sabría calcular el tamaño exacto, pero si digo que tenía unos 10 metros de largo no me quedo corto. A mi personalmente que no soy patriótico, no me llama la atención todas estas cosas, pero entiendo que si uno se siente de su país quiera demostrarlo de alguna manera y poniendo banderas es una forma como otra cualquiera de hacerlo.

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Al entrar te llama la atención lo grande que es el hall, a ojo de buen cubero, diría que tiene unas medidas de unos 36,5 por 53 metros y una altura de 38 con un techo abovedado de color azul-verdoso pintado con constelaciones. Enfrente, en lado norte, se sitúan las taquillas y la entrada a los andenes. Más o menos en el centro se sitúa un punto de información con el reloj con forma esférica en su techado. En el este y el oeste hay grandes ventanales de más de 20 metros de altura que hacen que apenas se necesite luz artificial. Justo debajo de las ventanas se encuentran unas escaleras que ascienden a las entradas este y oeste al recinto, y descienden a un submundo inesperado en el que se encuentran restaurantes, bares, salas de espera, multitud de asientos, y demás servicios. Este submundo ocupa lo mismo que el hall.

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Hicimos las oportunas fotos y nos sentamos en la barra de un bar que hay en la puerta oeste para descansar y disfrutar del entorno y del ir y venir de la gente. A la vez pudimos ver algo de las olimpiadas en las pantallas que tenían y de las que casi no nos habíamos enterado.

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_DSC7731Retomamos el curso de nuestra aventura por la selva neoyorquina dirigiéndonos hacia la ONU. Así que rodeamos la estación desde el oeste pasando por detrás del edificio Metlife. No teníamos previsto entrar en el edificio de las Naciones Unidas, pero por lo menos había que pasear por los alrededores y ver el edificio. Una vez allí hacemos un poco el paripé delante de una de las estatuas que hay, regalo del gobierno de Luxemburgo. La verdad es que teníamos que haber entrado para ver el hemiciclo y otros departamentos, pero se acercaba la hora de comer y nos apetecía más volver para ver otros sitios con más detenimiento.

Pero antes de comer había que pasar para ver, solo por fuera, el edificio que más me gusta de NY, el Chrysler. Cogimos la 44 de vuelta al centro y en Lexington torcimos para apreciar el precioso edificio. _DSC7745De todas formas, por el camino le iba haciendo foticos, detalles, reflejos, planos generales, torcidos, de todas las maneras que se me ocurrían. La putada es que no se puede acceder al interior. Tal vez podríamos haber accedido al hall, pero ni lo intentamos, porque ¿para qué?, si no íbamos a pasar más adentro, o arriba del todo que tiene que ser lo más interesante.

Un poco de historia sobre el edificio no viene mal. Se llama así porque lo construyó el magnate de automoción Walter P. Chrysler. Está adornado con elementos automovilísticos, como la parte superior que simula una parrilla del radiador. La aguja superior estuvo guardada en secreto hasta que se terminara el que se creía iba a ser el edificio más grande de NY, el del banco de Manhattan. Pero cuando este termino, el arquitecto del Chrysler hizo emerger la aguja e hizo que se convirtiera, por poco tiempo, en el edificio más alto del mundo con 320 metros.

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Una vez dicho esto nos fuimos al bistro cercano a la estación central, en Park avenue. Allí los compañeros disfrutaron de la comida, pero yo no, estaba ligeramente mareado y no me apetecía mucho comer. Aún así tragué un poco, lo que hizo que no mejorara, aunque tampoco empeoré.

Tras descansar un rato, nos pusimos otra vez en marcha. Íbamos a culturizarnos, nos acercábamos a la biblioteca pública. En la acera de la calle que iba directamente a la biblioteca habían puesto placas de acero en relieve con dibujos y frases de escritores famosos o frases lapidarias tipo “la lectura te hará libre” u otras por el estilo y hasta más profundas. Cada placa estaba separada de otra unos 10 metros aproximadamente.

En algún lugar de la Mancha de cuyo nombre no… Uff perdón, se me han cruzado los cables. Empiezo de nuevo.

En algún lugar entre la estación y la biblioteca, pillamos unos cafeses envasados en cartón, con anillo antiquemaduras de cartón y tapa antisalpicaduras de plástico y nos fuimos paseando por la calle hasta llegar al lugar de las letras. Antes de entrar nos sentamos en los tranquilos bancos que se encuentran a los lados de la entrada y nos terminamos los cafeses charlando de cosas varias, mientras veíamos pasar a la gente por la quinta avenida.

La biblioteca está presidida por dos leones llamados Paciencia y Fortaleza. En las escaleras que suben a la puerta de entrada se concentran muchos neoyorquinos, tal como ocurre en el kilómetro cero de Madrid o en la puerta de El Corte Inglés de Murcia. Es el edificio de diseño beaux-arts del país y dentro de dos años cumplirá los 100 años de vida.

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Las grandes salas de lectura están flanqueadas por ventanas y con lámparas de araña colgadas del techo, evidentemente. La verdad es que da reparo estar paseando por la biblioteca mientras la gente está leyendo o trabajando, hay que estar calladito para no molestar y que no te echen. En España no se como ocurrirá, pues no visito esos antros de perversión, pero allá tienes que pasar varios controles de seguridad, tanto para entrar como para salir, para que no te lleves ningún libro de extranjis.

De biblioteca a biblioteca y tiro porque me teca, je, je, je. De la pública nos dirigimos en diagonal hacia el sureste para poder ver la biblioteca Morgan, que habíamos leído que era pequeña, pero muy curiosa de ver. Lo malo es que cuando llegamos estaba cerrada y nos fuimos a nuestra siguiente cita que era ¡¡¡EL EMPIRE STATE BUILDING!!!

_DSC7798Por Madison avenue bajamos hasta la 34, calle del “pequeñín”. Ahora vamos hacia el oeste viendo el edificio continuamente, como para no verlo. El día ha ido empeorando poco a poco y cuando llegamos al ESB está ya totalmente nublado y tiene mala pinta. De todas formas no íbamos a subir todavía pues queríamos llegar al anochecer para ver los últimos rayos de sol y como llega la noche a la “gran cebolla”. Así que para hacer tiempo nos dirigimos hacia el Madison Square Garden, que está un poco más allá en la misma calle. Pasamos por delante de una tienda en la que venden zapatillas Converse y miramos en el escaparate si hay el modelo que busco. Pero como queríamos ir al Garden, continuamos andando.

No tardamos mucho en tener que refugiarnos debajo de un andamiaje de una obra que hay en la fachada de Zara (que casualidad), pues empieza a caer un tormentón de tres pares de narices. Así que como no podemos avanzar, pues queremos seguir secos, aprovechamos para pasar a Zara y ver si podemos agenciarnos algo, pero la sorpresa es morrocotuda, pues resulta que la ropa es mucho más cara que en España, es más, días después nos dimos cuenta que resulta más cara que otras marcas que en España están prohibitivas como DKNY o Tommy. De todas maneras, al no poder continuar pasamos el tiempo mirando, sobre todo, las mujeres (mira que les gusta a las mujeres ir de compras). Los hombres esperamos fuera, y vemos pasar la variedad social que vive o ha viajado aquí._DSC7799

La tormenta se alarga más de lo normal y tememos que no vamos a poder subir hoy. Después de casi una hora con la humedad en los huesos deja de llover y por fin volvemos a andar. Me alegro de perder de vista la tienda de Zara y de que se aleje mi mujer de ese lugar endemoniado que lo único que hace es volver loco al sexo femenino atrayéndole con cantos de sirena para que se deje el dinero en atuendos demasiado estrechos y cortos que luego lo dejan tirado en armarios gigantes donde se pierden en el tiempo haciendo que se olviden de ellos y tengan que volver a la tienda a sacudir el monedero encima del mostrador delante de una doncella de la máxima cantarina de las sirenas.

Tras esta pequeña paranoia capitalista y globalizante continuo con el relato.

Delante está Herald square, lugar donde están los almacenes más grandes del mundo. Macy’s. Vamos pasando por su lateral, donde siento algo que me tira del bolsillo. Al principio no comprendí que era, pero luego caí que era el dinero el que quería ir hacia el interior de la tienda, el papel sentía una atracción para entrar en el local y quedarse allí. Pero no pudo conmigo, ¡JA! Fui más duro y el dinero se quedó en mi bolsillo, momentáneamente.

Llegamos al Garden e intentamos entrar, pero estaba a punto de empezar una actuación y no continuamos, así que salimos y nos sentamos a descansar, ya empezaban a cansarse las piernas de todo el día danzando. Pero todavía quedaba lo mejor.

Durante más de 40 años fue el edificio más alto del mundo y ha sido escenario de muchas películas tanto de acción, como románticas. Estas son algunas de las películas en las que sale el ESB:

  • Annie Hall
  • Cualquier miércoles
  • Bola de fuego
  • Me enamoré de una bruja
  • Melodias de Broadway
  • Una bruja en Nueva York
  • Brigada 21
  • FBI contra el imperio del crimen
  • Contra el imperio de la droga
  • Ellos y ellas
  • Independence Day
  • King Kong
  • Klute
  • Kramer contra Kramer
  • Manhattan Manhattan
  • El enemigo público número 1
  • New York, New York
  • Historias de Nueva York
  • Con la muerte en los talones
  • La reina de Nueva York
  • Un día en Nueva York
  • La ley del silencio
  • Serpico
  • Shaft
  • Algo para recordar
  • La calle
  • Taxi Driver
  • Cuando Harry encontró a Sally

Se construyó en un tiempo record en la época de la depresión del 29, terminándose en 1931. Sufrió un accidente de aviación en el 45 sin sufrir daños estructurales. Y hasta la década de los 70 fue el edificio más alto del mundo, aunque en mi opinión eso es circunstancial pues los que le han superado son edificios sin ningún tipo de artificio, simples como las torres gemelas o la torre Sears de Chicago, y con un poco más de complicación como las Petronas, pero la belleza del ESB todavía no ha sido superada. La aguja también fue utilizada un par de veces como enganche o puerto de dirigibles.

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Si no recuerdo mal, entramos al edificio por la puerta de la quinta avenida. Habíamos comprado por internet el ticket Express sin llegar a saber que colas nos podía evitar, pero conforme íbamos enseñando las entradas se iban abriendo puertas. Cada vez que pasábamos un control flipábamos, dejábamos las colas atrás. No nos lo creíamos. Solo tuvimos unos cinco minutos de cola en un cambio de ascensor sobre el piso 70. Tardamos solamente unos 15 minutos en llegar arriba.

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¡Qué marabunta! Creo que está todo NY aquí. Lo primero que hacemos es coger número para poder asomarnos y nos ponemos en la cola.

  • ¿El último?
  • Yo.
  • ¿Le falta mucho para asomarse?
  • Cuarto y mitad.
  • Guárdeme la vez que voy al servicio.
  • No, quédese aquí y me hace compañía.
  • Bueno, vale.

Nos toca pelearnos con la gente para poder ver la ciudad y hacer fotos. Nos separamos y así poder acceder a la valla cuanto antes. La verdad es que aquí mi mujer y mis amigos se portaron genial conmigo. Con tal que cualquiera de ellos conseguía un sitio me llamaban para que pudiera colocar el minitrípode y así hacer fotos. Evidentemente, luego ellos accedían al sitio para poder disfrutar de la ciudad. Pero ese detalle no tiene precio porque yo tardaba un quintal en hacer fotos.

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Después de estar poco más de 30 ó 40 minutos a 380 metros de altura, nos vamos para abajo y nos encontramos una tremenda cola para pillar los ascensores. Pensando que los tickets solo valían para subir, sobre todo yo, y nos ponemos en la cola, pero Encanni decide enseñar las entradas a un operario y sorprendentemente quita un cordel de la valla y nos dice que pasemos, con lo que entramos en el primer ascensor que desciende y en un par de minutos estamos abajo.

Ya abajo comentamos la pasada que ha sido el ticket express. Nos costó 45 dólares, dos veces y media más que el pase normal, pero entre estar dos horas en colas o solo cinco, prefiero pagar ese suplemento y poder disfrutar el tiempo extra en hacer otras cosas. Está claro que el pase express sirve sobre todo para fechas clave en las que hay masificación de visitantes, porque me imagino que si vas el 18 de febrero no habrá nadie en las colas para poder subir arriba y no hará falta el pase.

Mejor volver ya para casa y descansar, siempre después de cenar. Como no nos apetece estar buscando un restaurante nos movemos y ya encontraremos algo por el camino, como hacemos normalmente, y si no, siempre podemos acabar en el Europe café de Times Square, que qué casualidad es donde terminamos pues el cansancio no nos deja pensar en otra cosa que en coger el catre y dormir.

Después de cenar podemos ir a casa por la 42, pero preferimos volver a pasar por la plaza que nos lleva locos, TS. En una esquina, creo que en la del Hard Rock, entramos por primera vez en contacto con los vendedores de Rolex. Nos enseñaron un par y al final decidimos dejarlos, no nos convencieron. Ya habrá tiempo de buscarlos en caso de que queramos pillar uno o dos, o siete u ocho, je, je.

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Ya pasada media hora de las once llegamos a casa y nos disponemos a descansar, mañana nos espera el día que dedicaremos a las compras.

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Merecida victoria la que se logró el domingo por la mañana en el palacio de deportes de Murcia ante el, hasta entonces imbatido, Suzuki Manresa. Victoria que se logró casi desde el primer segundo, pues salvo el 0-2 inicial, el Murcia fue todo el partido por delante y además mostrando una superioridad más clara de la esperada por la afición.

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Aunque parezca increible, uno de los artífices de este triunfo fue Chris “Lánguido” Moss, gracias a los once puntos y ¡18 rebotes! que capturó y que le sirvió para obtener el MVP de la jornada de la liga ACB, junto al jugador fuenlabreño y ex del Murcia, Chris “No paso el control” Thomas.

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El partido empezó con un Murcia muy metido que no dejo menearse al Manresa más de lo debido, consiguiendo, poco a poco, rentas más grandes entre los dos equipos. La dirección de Vujanic y algún que otro triple hizo que el Murcia se fuera con ocho puntos de diferencia al final del primer cuarto.

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En el segundo cuarto hubo una ligera recuperación del Manresa, pero fue solo un espejismo, ya que Moss, Vujanic y la excelente defensa de Scepanovic, hizo que el conjunto local volviera a subir la diferencia a su favor, aunque todos aportaron su granito de arena para seguir mirando hacia adelante.

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El segundo tiempo empezó con más de lo mismo, con buenos porcentajes en los tiros (salvo alguna puntual excepción), buena defensa, y un desconcierto inesperado por parte del equipo catalán. Todo esto hizo que la diferencia llegará hasta los 23 puntos, algo impensable aquí en Murcia desde hace ya algunos años.

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Lo que pasa es que siempre ha de haber algún bajón en el equipo local (parece ser nuestro sino en esta temporada). Este llegó en el último cuarto, gracias a un apretón del base visitante y un exceso de confianza de los nuestros. Todo esto junto hizo que el equipo manresano se colocara a tan solo 6 puntos a falta de un par de minutos todavía por jugarse. Menos mal que les llegó la caraja al final y con un leve acierto local se llegó al final del partido con un tanteo de diez puntos a favor de los locales, 73-63.

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En resumen, bonito partido que ha servido para que la afición empiece a tener confianza en el equipo y que se tenga ilusión por que se haga algo más este año, que no sea salvarse en el último partido.

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Un par de cosas veo positivas, después de dos partidos: una, que parece que se ha logrado traer a algunos jugadores que han hecho mejorar el juego y, por lo tanto, las posibilidades de victoria; y dos, el fichaje de Moncho Fernández, el entrenador, que ha conseguido una unión con los jugadores y que estos saquen todo lo bueno de su parte, sobre todo, compromiso y ganas por hacerlo bien, el ejemplo está en Moss, el año pasado era un fofo que parecía no tener ganas ni de vivir, y este año se está comiendo a cualquiera que se encuentra a su paso. Todo puede ser que sea el cambio de alimentación que ha provocado una pérdida de 7 kilos y eso haya conllevado una mejora en sus movimientos con lo que llega antes a los balones sueltos y puede pelear con más agilidad con los rivales.

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No todo va a ser bueno, entre otras cosas porque sino estaríamos en el primer lugar de la clasificación, y esto no es así. Hay jugadores que todavía han de explotar en ataque, caso de Scepanovic, Rogers (lesionado) y Delininkaitis. Y, sobre todo, la pérdida de concentración que tienen siempre en uno de los cuartos, que les ha costado la derrota en los dos primeros partidos y que en el último no hemos perdido porque teníamos una diferencias de 20 puntos. Si este hecho se repite nos puede costar más de un partido, como así ha sido, y no se puede repetir, si nos ganan ha de ser porque han sido mejores que nosotros y no porque nos hayamos dormido.

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Zona de animación.

Este domingo se ha unido otra chica más a la animación, con lo que son ocho las cheerleaders. Sigo diciendo que no estaría mal que el patrocinador (creo que es la 7) se rascara un poco más el bolsillo y así se pudieran cambiar de vestido, que mira que van feas con el que llevan.

Otra cosa buena también sería que Vulpi, nuestra mascota, intentara hacer algún baile diferente, que siempre que sale hace lo mismo. Para mi lo más soso de la sección de animación.

Aquí tenemos a una de las cheer indicando con el dedo lo que bien podría ser el número de victorias que llevamos. Esperemos que no se queden ahí.

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Hasta pronto.

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Partido trepidante el de este domingo en el que tratamos de tu a tu al Caja Laboral, antiguo Tau, pero que perdimos de una diferencia demasiado abultada.

Veintidos puntos son demasiados para los meritos que hicieron los vascos, que se las vieron y se las desearon los 30 y tantos primeros minutos. Pero con una ayudita del trio arbitral y, por supuesto, las perdidas de patio de colegio que tuvieron los murcianos, hizo que la experiencia de los vacos se llevara la victoria para tierras norteñas.

Destaco, sobre todo, la actitud de Marco Gaona, se nota que va cogiéndole el tranquillo a la ACB, y la presumible vuelta de Moss, aunque todavía no se ha quitado el sobrenombre de Lánguido. Por parte de los Laborales, suena a parlamento inglés, simplemente se salió Barac.

Y ahora las fotos.

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Zona de Animación.

Este año tenemos bailes nuevos, chicas nuevas, pero ropa vieja. A ver si el club se va gastando algo más en las cheerleaders que van bastante feas, bueno no, sosas.

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Sangre y violencia. Música y guión. Todo esto va unido siempre a Tarantino.

La película esta bastante bien, pero, para mi, no llega a ser de las mejores de Quentin. Como siempre sabe manejar muy bien la camara y a los actrores, apoyándose en un gran guión. Consigue llevar a cabo un buen maquillaje y un muy buen vestuario.

Pero, para mi, falla, esta vez, en la elección de la música. Creo que no le pega a este tipo de películas. Seguro que le iría muy bien a las que hizo en años anteriores, pero no en esta. Y otra cosa que falla es en el “esperpentico” final. Es una película de ficción, y por eso puedes hacer lo que quieras, basada en un época que existió y que los personajes, salvo excepciones, existieron. Pero expresa un deseo que tuvieron muchos de los que vivieron aquella cruel guerra. Ese es el final que hubiesen querido los aliados. No voy a chafar el final, aunque se intuye, para que aquellos que la quieran ver que vayan, pero ya les digo que a mi no me ha gustado el final. Tal vez mi mente me lleve a un final más lógico o realista dentro de los que puede ser un final “no cierto”.

Un puntazo de la película, y que va de más a menos, es la caracterización del malo-malísimos alemán, Hans Landa, que no es primo de Alfredo Landa. Este actor, creo que se llama Christopher Woltz o algo así, lo borda, pero lo que parece al principio un nazi inteligente, frio y despiadado, se va convirtiendo en un lumbreras que sabe más idiomas que el difunto Papa Juan Pablo II, lo que le hace un tanto repipi, sobre todo, cuando sale al final con más medallas colgadas que Michael Phelps.

Todos estos fallitos, junto algunos muy claros de script, no hace que baje su calidad y que se quede en una buena película, pero que eso si, como muchos directores de la actualidad, hará que la ames o la odies, con Tarantino no hay término medio. Yo, la amo.

Hasta pronto.

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