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Archive for 20 julio 2012

Desde Motilla del Palancar hacia Madrid o desde la capital del reino antes de llegar a Motilla, por la antigua nacional 3, sale el desvío hacia Alarcón.

Poco antes de llegar se vislumbran varias torres, pero es cuando estás encima donde te das cuenta de lo espectacular del lugar, del castillo y donde está situado el pueblecito de Alarcón.

Antes de entrar ya se ha habilitado un pequeño mirador en el que se puede ver como el río Júcar rodea casi por completo a la villa, y se ven varias de las torres defensivas, parte de la muralla que rodea el pueblo, y el castillo.

La villa está en la provincia de Cuenca, por si todavía no os habíais situado, y dicen que fue fundada por el rey visigodo Alarico II. Ayer, como quien dice. Aunque posee vestigios de asentamientos íberos y romanos.

Pero fue en el siglo XII cuando e pueblo empezó a tomar importancia cuando Alfonso VIII  conquistó la fortaleza de Alarkum (significa, precisamente, la fortaleza; en cambio, el apellido español Alarcón significa nombre real de inteligencia y de buen corazón) a los musulmanes.

En la época de los musulmanes el castillo perteneció al Califato de Córdoba, y cuando desapareció este, pasó a pertenecer al de Toledo.

Desde que fue conquistado hasta nuestros tiempos, el castillo ha pasado por varios propietarios. Tras la conquista, se le concedió un fuero propio y paso a ser propiedad de la Orden de Santiago, para, en el siglo XIV, recibirlo el Infante Don Juan Manuel de manos del rey Fernando IV. Un siglo después se puso en manos de Don Juan Pacheco, Marqués de Villena.

Tras un período de abandono, en el XVIII, era posesión del Marqués de Aguilar. En 1963 estaba en manos de un particular de La Almarcha, Rafael Álvarez Torrijos Torres, y el gobierno de Franco decidió expropiarlo para convertirlo en el Parador Nacional “Marqués de Villena”

Me imagino que para poder visitar el castillo has de hospedarte en el parador o pedir permiso para acceder las habitaciones. Nosotros pasamos al salón a tomar una cervecilla, en lo que debieron ser las caballerizas o el puesto de guardia de aquel entonces.

Tras comer en un restaurante del pueblo, paseamos, con una solana de narices, por sus callejuelas, sin ver a ningún paisano, que debían estar durmiendo la siesta o viendo la telenovela o ambas cosas.

El pueblo o villa (título que posee desde tiempo inmemorial) es coqueto, no da para mucho debido al lugar donde está.

Aún así, a pesar de los menos de 200 habitantes, posee cuatro iglesias, en una de las cuales (la de San Juan Bautista) están las pinturas murales de Jesús Mateo protegidas por la UNESCO, que son lo más destacado del pueblo, además del castillo, por supuesto, y del ayuntamiento.

Esto fue todo lo que dio la visita a esta pequeña localidad conquense. Eso si, si uno quiere pasar un par de días, también puede darse una vuelta por los alrededores, por los caminitos que rodean las murallas del pueblo y pasear por la ribera del Júcar y desestresarse por completo en este tranquilo lugar.

Hasta pronto.

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