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Archive for 24 enero 2017

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Cartagena (y los alrededores) está plagada de pequeñas, y no tan pequeñas, fortificaciones militares defensivas, principalmente del siglo XIX y muy pocas de épocas anteriores, estas muy deterioradas.

Hace un tiempo nos acercamos a la ciudad y vimos el fuerte de Navidad, el único fuerte o fortificación que está restaurado en su totalidad. Tampoco necesitaba mucho para ser restaurado, pues es uno de los más pequeños de la zona. De todas formas no nos quejemos mucho que por algún sitio se empieza.

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Lo que se ha hecho es reconstruir la vieja batería de Navidad, del siglo XVII, y así poder ver como eran las defensas de la bocana del puerto en aquella época. No era la única que defendía el puerto, justo enfrente hay varias (baterías de San Isidoro y Santa Florentina, y las baterías de Santa Ana Complementaria y Acasamatada), estas si que están en ruinas de diversa consideración, que se complementaban.

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Justo encima de la batería se encuentra la Torre de Navidad del siglo XVI, prácticamente en ruina total, apenas quedan en pie cuatro piedras de sus muros.

Durante la “Revolución Cantonal” se llamaba Juan Bravo y tenía dos cañones del 16, y estuvo en uso hasta mediados del siglo XX, época en la llegó a tener 8 cañones de 9 cm. A partir de 1941 pasó a estar en desuso y poco a poco a arruinarse hasta que en un plan turístico de la ciudad de Cartagena se reconstruyó y paso a convertirse en el Centro de Interpretación de la Arquitectura Defensiva Mediterránea.

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Cuando acabamos de ver el Fuerte nos fuimos a la costa de enfrente para ver si podíamos pasar a ver las dos baterías de Santa Ana, pero estaban cerradas y nos quedamos con las ganas. Otra vez será. Con las mismas terminamos de pasar el día por Cartagena y de allí a casita.

Hasta pronto.

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Como siempre, pulsar en la fotos para poder verlas más grandes.

Como punto compensatorio a las tremendas comilonas navideñas, este año nos propusimos movernos un poco haciendo una ruta pequeña por la zona turolense en la que estábamos, la sierra de Albarracín.

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Muy tempranico y con la fresca (5º bajo cero) nos fuimos los cinco intrépidos valientes y Leo, el perro, al pueblo de Calomarde desde donde salía nuestro pequeño paseo. El barranco de la hoz es nuestro camino, nombre curioso porque ¿es un barranco o es una hoz? las dos cosas me son inverosímiles. Mejor llamémosle cañón (que si lo es) del río que lo provoca, el río Blanco, afluente del Guadalaviar y que al final es el Turia de toda la vida.

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Bien, para comenzar las andanzas hay que llegar al final del pueblo, si vienes desde Teruel, y allí meterte en un camino de tierra muy bien señalizado que sale a la derecha de la carretera. Nosotros nos metimos unos 500 metros para dejar los coches y comenzar la tourné. Al salir de los mismos, el frío nos dio un mamporro en la jeta en forma de cuchillos helados. ¡¡Qué frío, cojones!! Aún así nos abrigamos y nos fuimos para adelante como los Alicante.

El inicio es un sendero amplio con farolas y muy fácil que pasea paralelo al río (que en ese momento no existía) claramente hecho para que la gente tenga un pequeño lugar de esparcimiento, que incluso habían colocado columpios para los niños.

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Como he dicho no había río, y es que se lo tragaba la tierra un poco más adelante. En una zona más llana el agua se esparcía y con el frío que hacía se helaba. Y por algún misterio el río no continuaba, como si por acción del hielo el agua se introdujera debajo y desapareciera por debajo de la tierra. Por suerte a partir de aquí si había río y podíamos disfrutar del liquido elemento. Pasamos al lado del Moricacho, pedrusco vertical en forma de chorizo y llegamos a la presa de los ahogados, nombre que lo agarra de la trágica historia de dos paisanos que perdieron la vida en una riada que ocurrió allá por agosto de 1876. La presa se encontraba totalmente helada con una capa de varios centímetros que ni piedras gruesas lograban romper. En ciertas zonas el hielo dejaba ver las plantas acuáticas tan inmóviles que parecían muertas.

Dejamos la presa y seguimos la remontada del río. A unos cientos de metros vemos el cañón y empezamos a ascender el monte ya que no puedes ir por la base del río que se encajona por entre las rocas.

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El camino no es peligroso, pero si tienes que ir con mucho cuidado pues vas por el borde del precipicio por una senda de no más de 70 u 80 centímetros de ancha. Si tienes un descuido no lo cuentas. El sendero no es apto para personas con vértigo. Eso si es un paseo con unas vistas preciosas a la misma vez que tienes que poner los cinco sentidos para no dar un tropiezo, menos mal que no había escarcha en el camino que si no no hubiésemos podido hacer el camino.

Poco más adelante llegamos a una bifurcación, que luego a unos kilómetros se vuelven a juntar. A la izquierda bajamos junto al río, y a la derecha nos vamos monte arriba, separándonos del río hasta llegar al primer molino. Nos vamos hacia abajo para ir junto al curso del río que es donde iba a estar lo más bonico del día.

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Bien, descendemos por la senda que han preparado con una escalera de troncos para que no nos sea muy problemática la bajada ni el camino. Empezaba a ver que aquí había metido demasiado la mano el hombre.

Nos movemos junto al río con sus aguas un poco menos congeladas, con las laderas del cañón un poco más suaves aunque todavía empinadas hasta que llegamos a la boca del puente de toba. Aquí es donde se ve claramente lo que el hombre ha hecho, una pasarela para que las personas podamos disfrutar de estos sitios. Esto está muy bien, pero a veces nos pasamos con poner barandillas y pasarelas para que la gente goce de la naturaleza. No digo que no me vino bien estas estructuras metálicas y así ver el río desde otro punto de vista, no lo voy a negar, pero esto también rompe el paisaje natural que nos deberíamos encontrar, y si llegado el momento no puedes pasar, pues te vuelves por donde has venido o buscas otro sitio por donde pasar o simplemente vives lo que tienes enfrente.

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Evidentemente no nos íbamos a quedar en la puerta, así que continuamos introduciéndonos en la hoz que ha ido formando el transcurso acuático. La verdad es que a pesar de lo artificial de la pasarela esta es la única forma de ver la maravillosa oquedad que ha formado el curso del agua y quedarte perplejo con esta pequeñas cosas de la naturaleza. Al único que no le hizo gracia la utilización de la rejilla fue a nuestro precioso can, el pobre se encontraba inestable con los huecos que formaba el acero.

La ruta iba y venía tanto sobre tierra como sobre la plataforma prefabricada, siempre cerca del río, y unas veces a la derecha del curso, como otras a la izquierda. En algún momento teníamos que volver a ascender yendo por una senda estrecha, algunas veces acompañada de una barandilla o de una cadena a la que agarrarse y así no caer unos cuantos metros de precipicio. Siempre el problema venía por la inestabilidad que le creaba el entramado de acero a nuestro chucho, hasta el punto que en una escalera hacia abajo bastante empinada y con bastantes peldaños nos mantuvo un buen rato quietos hasta que conseguimos que descendiera.

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Un kilómetro después de entrar en el puente de toba, más o menos, el terreno se abre y paseamos hasta un molino, las ruinas de un molino, entre pinos, cañas y demás hierbajos. Aquí si que pudo disfrutar el perro, sin tantas pasarelas ni tantos hierros, corriendo y olisqueando todo lo que pudo y más.

Nada más pasar el molino nos paramos a tomar el tentempié buscando el rayico de sol que asomaba de entre las colinas y atravesaba las copas de los pinos. Mientras tanto decidimos que era tiempo de volver para llegar a tiempo a la comida. Y en el viaje de vuelta, más de lo mismo, la misma belleza campera y el mismo sufrir del perrico, aunque con tanto hierro en la ida el chucho se fue acostumbrando y el retorno lo hizo más ligero.

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Poco más de seis kilómetros de ruta, una miseria, pero muy bonita, y que, teniendo en cuenta los días de tanto comer en los que estábamos, venía muy bien una caminata con la que rebajar la grasa adosada a nuestra barriga y glúteos, y hacer algo diferente a estar apoltronado esperando los turrones y otros dulces varios que solo hacen que sumar calorías al body.

Esto es todo. Un placer. Hasta pronto.

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