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Archive for the ‘Cuenca’ Category

En las vacaciones de Navidad era el momento de ver como estaban los pantanos de Entrepeñas y de Buendía después de enterarme que tenían una ocupación del 10% aproximadamente, osea, prácticamente vacíos. También era una ocasión de verlos otra vez tras unos 35 o 40 años que no pasaba por esos lugares.

Mi recuerdo era de unos pantanos enormes y casi llenos, y esta vez, aunque me esperaba una imagen más esperpéntica de los mismos por la sequía que atravesamos, resulta que, a pesar de estar casi vacíos, todavía se ven enormes y con “bastante” agua. Ese 10% de agua que tiene el pantano de Buendía supone casi toda el agua que tienen (a 19-1-18) todos los pantanos de la cuenca del Segura.

Antes de llegar a la presa del embalse de Buendía intenté llegar a la Ruta de las Caras en la orilla del mismo pantano, pero no pude. El camino estaba mojado y en alguna parte hasta embarrado de las lluvias del día anterior, así que, antes de que me quedara atrancado en el barro (que por poco no me quedé) decidí dar media vuelta y volver por donde vine para llegar al verdadero destino de mi excursión.

Cuando el sol llevaba una horica fuera, yo estaba en mitad de la presa viendo lo enorme que es el pantano y que aunque le queda agua está a años luz de estar medianamente lleno. Mis cálculos, a ojo de buen cubero, es que la falta de agua hacía que se vieran unos 60 metros (tal vez más) de pared de la presa, muchos metros teniendo en cuenta que la presa tiene una altura de 80.

Con el silencio de acompañante, el sol mirándome directamente a los ojos y el agua debajo de mi, no podía pedir más que la tranquilidad y la paz que me rodeaba. Maravilloso era ver el color azul de cielo y el agua solo separados por una franja marrón y verde de la tierra y los pinares. Los ánades bañándose, los gorriones piando y el silencio solo era roto por el esporádico rugir de algún motor de los paisanos que se dirigían a sus quehaceres.

El Guadiela seguía su camino al fondo de la presa, y paralelo a él un camino de tierra me llamaba para que lo visitara y me guiara por la pequeña hoz del río, para goce y disfrute de mis sentidos. La pequeña hoz, en cambio, se hacía cada vez más ancha, pues a pocos centenares de metros se encontraban con el Tajo y con otra presa formando el pantano de Bolarque.

A estas horas tan tempranas y en invierno por estos lares no estaba ni el Tato, lo que yo agradecí enormemente. Silencio absoluto solo acompañado de los graznidos (no se si se dice así) de las aves circundantes, que por cierto, con tal que avistaban un leve acercamiento salían despavoridas. Naturaleza en movimiento, pero en modo lento. De vez en cuando me deleitaba con el paisaje, parándome en cualquier pequeño recodo o ensenada para hacer alguna foto. A mitad de camino se encuentra un puentecito que cruza a un camino inexistente o que simplemente nos lleva al otro lado, y que seguramente lo usaran los de las poblaciones de los alrededores para lanzarse al agua en el verano, o en otra época estacional.

Más o menos un kilómetro más allá el camino se cortaba al paso de los vehículos. Allí me paré a ver la situación. Podría haber seguido andando hasta llegar a la ermita de la Virgen de los Desamparados que apenas quedaban unos cientos de metros, pero como todavía me quedaba camino que recorrer, preferí continuar (cosa que luego me arrepentí) con dicho trecho para llegar a casa antes de comer.

El siguiente punto era la otra presa cercana, el embalse de Entrepeñas.

Se tarda poco en llegar y su presa está prácticamente pegada al pueblo de Sacedón. Un poco antes de llegar al muro empecé a parar para realizar las primeras fotos del entorno. Y para eso tuve que salirme de la carretera actual a Guadalajara e ir por la antigua carretera. Desde esta, o saliéndose un poco de la misma, hay lugares ideales para hacer foticos, miradores desde los cuales ver como está de seco el pantano.

La sensación que me dio es que este pantano estaba más seco que el de Buendía, que ya es decir. También puede ser por la orografía del terreno. La presa está más encajonada y el inicio del embalse está entre montañas más elevadas con lo que da la impresión de llevar bastante menos agua. Lo que pasa es que este pantano es muy extenso, además de ir ensancharse mucho en su parte central.

Cuando llegas a la presa por su lado sur, a mano izquierda, sale una carretera que actualmente está cortada por desprendimientos, aunque de vez en cuando salían o entraban coches. Pues en esa intersección se encuentra “El Castillejo”, que es lo que sería una área de descanso (que por las pintas de conservación se debió hacer por la misma época que la presa) con un mirador sobresaliendo para ver la presa y la hoz del río Tajo. Da un poco de cague asomarse pues no sabes si su estado de conservación aguantará el peso o si la barandilla cederá. Aún así saco mi cabeza por encima de la baranda y me asomo al vacío para contemplar la combinación de cables eléctricos con los pinos de ambas laderas.

Como soy un curioso (algo me tenía que dejar mi padre en los genes) bajo andando por la carretera cortada a olisquear un poco del porqué de ese corte al tráfico rodado. En una de las curvas me asomo al precipicio de la hoz y veo como se aleja el río para salir a campo abierto unos cienes de metros más adelante. Justo casi cuando se pierde el río a la vista, se ve la figura de lo que parece un puente romano cruzándolo. Está claro que tenía que ir para allá a afotarlo, pero, claro, si no podía bajar por esa carretera tendría que dar un rodeo de 6 kilómetros, y eso no podía ser. Precisamente en ese momento subía un coche, así que lo paro y le pregunto si ha encontrado la razón del corte, a lo que me contesta que no. Con esta respuesta mi decisión estaba clara, bajaría por esa “peligrosa” carretera.

Es un tramo de un kilómetro escaso, pero es precioso. Ligerísimamente sinuoso y metido como una cueva en la roca por la izquierda, con el bosque de pinos y el río en la derecha, va en continuo descenso hasta la ribera del río donde lo cruza por el puente romano.

El puente viejo, antiguo o viejuno, como vosotros queráis llamarlo, está en un enclave bucólico, el río avanza manso, entre chopos y otras especies de árboles y al llegar al puente el paisaje se abre y apenas hay unos pocos árboles. Romano no es, pero si se construyó con el diseño de aquella época. Hay datos escritos que confirman que ya estaba en pie en 1361. El puente sufrió varias guerras en sus piedras, la de Sucesión, la de la Independencia y la Carlista.

Un dato curioso que se dio en este lugar fue el cambio de significado de “empecinado”. El militar apodado “Empecinado” luchó en este puente en un corto espacio de tiempo contra los franceses y contra los absolutistas, ganando en ambas batallas. Ese empeño hizo que se cambiara el significado de la palabra de “sucio y poco cuidado” a “empeñarse en conseguir algo”. Y ahora diréis ¿y porque antes era “sucio y poco cuidado”? Y ahora os lo diré: el Empecinado es oriundo de Castrillo de Duero a los que se les decía empecinados por un cieno que existe en la zona que se le llama pecina, y por lo que se ve, en Castrillo de Duero iban continuamente sucios por ese cieno. Y hasta aquí el dato curioso de hoy.

Da su cosilla cruzarlo con el coche pues no sabes realmente como está de bien conservado. Es estrecho, no cabe más que un coche y que no sea muy ancho, por supuesto, una caravana no creo que quepa o entraría muy justita.

Cruzando el puente, a mano derecha sale un camino que me llama: “ven, adéntrate, asómate, no te arrepentirás” Y yo, como persona obediente que soy, me adentro. Me dirijo río arriba hacia la presa. Y, bueno,… no me arrepentí, pero tampoco es que hubiera algo destacable de ver. Na, con las mismas, me di la vuelta y seguí mi camino.

Apenas 500 metros más allá del puente me encuentro con unas ruinas a la izquierda. Como buen oliscón que soy, paro y me bajo a ver que hay de interesante, y mira tu por donde resulta que era una estación de tren antigua, la estación de Auñón. Esta estación formaba parte del “Tren de Arganda”, una línea que quería unir Madrid con Teruel y que apenas tuvo 50 años de vida, en cuanto a transporte de pasajeros se refiere, y unas decenas de años más como transporte de mercancías. Esta estación se cerró en 1949. Paseando por ella todavía se puede ver lo que sería la zona de los andenes y las vías. Muy curioso.

Ahora si, sin interrupciones, tocaba ir a la tercera presa del día, al embalse de Bolarque. Precisamente este embalse es anterior en el tiempo a los anteriores, valga de repetición. Se hizo a principios de siglo XX en la desembocadura del Guadiela con el Tajo, y comparado con los otros dos embalses, este es un escupitajo en medio del monte, apenas sería un 4% del tamaño del de Entrepeñas y un 2% del de Buendía, osea que es solo un 1% del agua embalsada entre los tres si los tres estuvieran al 100% de su capacidad. Eso si, al contrario que los otros dos, este es el único que puede desembalsar agua, estaba al 100%, o bien poquito le faltaba.

Aquí si que se respira tranquilidad, pues para llegar a la presa hay que venir aposta, no hay circulación y salvo una pareja de la Guardia Civil y tres personas más, olisconas como yo, sin contar con los trabajadores (que no se les veía), aquí solo se oía a la naturaleza en pleno ebullición, es decir, unos cuantos pajarillos cantando y la brisa moviendo los pinos circundantes. Osea, una maravilla, aunque suene un poco raro, ya que hay una presa de hormigón entre los pinares.

Me recorrí toda la presa, por suerte no había vallas que me cortaran el paso, ni ninguna persona que me detuviera. Esta presa fue la que se eligió como cabecera del trasvase Tajo-Segura. Desde aquí se empieza a trasvasar agua para las tierras mediterráneas y que tanta polémica suscita, tanto si se trasvasa agua, como si no se hace. Para ello construyeron dos tubos que suben el agua a un embalse cercano más pequeño, y desde allí ya va encauzada hacia el sureste de España.

Una vez que me paseé por toda la zona llegó la hora de volver a casa. Si me daba prisa llegaría a comer, así que para allá que me fui.

Y esto es todo en el día de los pantanos.

Hasta pronto.

 

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Desde Motilla del Palancar hacia Madrid o desde la capital del reino antes de llegar a Motilla, por la antigua nacional 3, sale el desvío hacia Alarcón.

Poco antes de llegar se vislumbran varias torres, pero es cuando estás encima donde te das cuenta de lo espectacular del lugar, del castillo y donde está situado el pueblecito de Alarcón.

Antes de entrar ya se ha habilitado un pequeño mirador en el que se puede ver como el río Júcar rodea casi por completo a la villa, y se ven varias de las torres defensivas, parte de la muralla que rodea el pueblo, y el castillo.

La villa está en la provincia de Cuenca, por si todavía no os habíais situado, y dicen que fue fundada por el rey visigodo Alarico II. Ayer, como quien dice. Aunque posee vestigios de asentamientos íberos y romanos.

Pero fue en el siglo XII cuando e pueblo empezó a tomar importancia cuando Alfonso VIII  conquistó la fortaleza de Alarkum (significa, precisamente, la fortaleza; en cambio, el apellido español Alarcón significa nombre real de inteligencia y de buen corazón) a los musulmanes.

En la época de los musulmanes el castillo perteneció al Califato de Córdoba, y cuando desapareció este, pasó a pertenecer al de Toledo.

Desde que fue conquistado hasta nuestros tiempos, el castillo ha pasado por varios propietarios. Tras la conquista, se le concedió un fuero propio y paso a ser propiedad de la Orden de Santiago, para, en el siglo XIV, recibirlo el Infante Don Juan Manuel de manos del rey Fernando IV. Un siglo después se puso en manos de Don Juan Pacheco, Marqués de Villena.

Tras un período de abandono, en el XVIII, era posesión del Marqués de Aguilar. En 1963 estaba en manos de un particular de La Almarcha, Rafael Álvarez Torrijos Torres, y el gobierno de Franco decidió expropiarlo para convertirlo en el Parador Nacional “Marqués de Villena”

Me imagino que para poder visitar el castillo has de hospedarte en el parador o pedir permiso para acceder las habitaciones. Nosotros pasamos al salón a tomar una cervecilla, en lo que debieron ser las caballerizas o el puesto de guardia de aquel entonces.

Tras comer en un restaurante del pueblo, paseamos, con una solana de narices, por sus callejuelas, sin ver a ningún paisano, que debían estar durmiendo la siesta o viendo la telenovela o ambas cosas.

El pueblo o villa (título que posee desde tiempo inmemorial) es coqueto, no da para mucho debido al lugar donde está.

Aún así, a pesar de los menos de 200 habitantes, posee cuatro iglesias, en una de las cuales (la de San Juan Bautista) están las pinturas murales de Jesús Mateo protegidas por la UNESCO, que son lo más destacado del pueblo, además del castillo, por supuesto, y del ayuntamiento.

Esto fue todo lo que dio la visita a esta pequeña localidad conquense. Eso si, si uno quiere pasar un par de días, también puede darse una vuelta por los alrededores, por los caminitos que rodean las murallas del pueblo y pasear por la ribera del Júcar y desestresarse por completo en este tranquilo lugar.

Hasta pronto.

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Pinchando sobre las fotos podeis verlas más grandes.

Un día de verano como otro cualquiera, se me ocurrió salir a hacer fotos a mi Cuenca natal. La única diferencia con las anteriores ocasiones es que me levanté tempranísimo (ya ni me acuerdo de la hora que fue). Eso si, lo que empezó con una salida fotográfica acabó siendo un salida corta de senderismo.

Empecé la noche colocándome más o menos enfrente de la iglesia de San Miguel, en la hoz del Jucar, a media altura de la montaña, en la subida a la ermita de San Julián, patrón de mi ciudad.

Desde allí y con distinto objetivos empezó la serie de fotografías, a San Miguel y la catedral…

… un plano general del barrio de San Miguel, San Nicolas, la subida a las Angustias y el paseo de Camilo José Cela…

… la misma zona cuando estaba amaneciendo, con un pequeño y modestíiisimo painting, o iluminación del árbol de al lado,…

Poco a poco, la mañana y la luz fue asomando por detrás de la ciudad con lo que fue más complicado sacar un cielo en condiciones, no quemarlo.

Llegando esta hora, empecé a moverme hacia la ermita de San Julián. Por el camino se iban viendo escenas distintas de la ciudad. Abajo se ve un plano general de la parte que va desde el seminario (derecha) a la catedral (apenas se ve) con el barrio de San Miguel delante,…

…, la ermita de la Virgen de las Angustias (debajo) con la iglesia octogonal de San Pedro (arriba),…

… otro plano que va desde San Nicolás (izquierda), el cubo de la catedral (centro) y San Miguel (derecha) con su barrio detrás. Tal vez pongo muchas fotos de esta zona, pero es que no me canso de verla. Es uno de los barrios más bonitos de la parte vieja y por lo tanto de toda la ciudad.

Llegamos a la zona más alta de Cuenca, el barrio del castillo (o lo que queda de él). Aquí están las casas que dan a la hoz con la iglesia de San Pedro detrás.

Justo enfrente de la iglesia hay alguien escondindo tras los árboles que está observando siempre.

La puerta de entrada a Cuenca por arriba, junto al edificio que fue sede de la “Santa Inquisición” y que ahora es el Archivo Municipal (derecha), y las últimas casas de la ciudad y que conforman parte del barrio del castillo (izquierda)

Última vista general de la ciudad. De izquierda a derecha, el Archivo Municipal, el Sagrado Corazón de Jesús (arriba en el monte), San Pedro, las Angustias (debajo), el cubo de la catedral, San Nicolás, San Miguel y el Seminario.

Desde este punto no hice ninguna foto meritoria (normalmente, no hago nunca ninguna, je, je, je) hasta la llegada a la ermita de San Julián. Punto de peregrinación de los conquenses para venerar a nuestro antiguo obispo. En la foto se ve (enrejada) la gruta en la cual San Julián iba a retirarse a hacer ejercicios espirituales y también cestas de mimbre que después repartía entre los pobres.

Al lado de la gruta está la pequeña ermita que se construyó después de la guerra civil. La anterior fue destruida en la misma.

Ya de vuelta y con unas ganas tremendas de tomarme algo fresco (no me llevé nada pues no era mi pretensión llegar hasta aquí) seguí haciendo fotos, a los mismos paisajes, pero con algo más de luz. Separado por muy pocos metros del barrio del castillo se encuentra el coqueto y modesto cementerio de San Isidro. Aquí fue donde José Luis Coll quiso que le enterraran, pero que el Obispado no permitió que así sucediera.

De nuevo le hice fotos a la iglesia de San Pedro.

Y por último, justo ya cerca de donde dejé el coche, se encuentra una de las casas más curiosas de la ciudad. Está torcida, no lo está, es rara su construcción, las ventanas están a plomo, derechas, pero el resto de la casa no lo parece. Me gustaría verla por dentro, pero no puede ser.

Esto ha sido todo. Espero que os haga gustado lo que os he enseñado de mi ciudad.

Hasta pronto.

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Torca del Lobo

Torca de la Novia

En el veranillo, de eso hace ya unos mesecillos, nos tomamos un día para hacer una excursioncilla por el montecillo.

Para empezar nos movimos con el coche hasta un poco más allá de Los Palancares, justo al pie de las torcas del Agua, el Torquete y el Torcazo. Desde allí, ya andandico, nos dirigimos a ver otras torcas que hay en unos 6 kilómetros cuadrados.

Las torcas se formaron hace unos 80 millones de añicos, casi na, hace un ratico, debido a la regresión del mar y a las características de las rocas y a corrientes subterráneas que hizo que se hundiera el terreno. Miden entre 30 y 500 metros de diámetro. Aunque, por su orografía, no se puede acceder a alguna de ellas, a la mayoría si se puede descender, y eso fue lo que hicimos con los críos, en una de ellas.

La más bonita es la torca del Lobo y como en casi todos los lugares a estas formaciones se les ha atribuido distintas leyendas. La del Lobo es que un pastor fue cuidado por un lobo cuando, buscando a una de sus ovejas, se cayó en la torca y quedó malherido; cuando se recuperó pudo salir por su propio pie de la torca y se dedicó a promover las bondades del lobo. Que tierno.

Una de las últimas torcas que vimos, además es de las más pequeñas, es la torca de la Novia. Su leyenda cuenta que una novia se tiró en ella debido a que sus padres la iban a casar por conveniencia con un muchacho del pueblo colindante al suyo; como ella no lo quería y no le dejaban estar con el hombre al que ella si amaba, cuando la comitiva matrimonial pasó junto a la torca, la novia aprovechó para tirarse y morir por el amor no permitido. Que potito.

Justo antes de terminar la rutica torquera nos acercamos a ver los dos árboles centenarios que hay por estos alrededores. Uno es el candelabro, nombre que se le puso por su peculiar forma. Y el otro es el abuelo, por su vejez. Los dos son pinos nigra y en el caso del abuelo se necesitan tres personas adultas y de tamaño normal para poder rodearlo.

Después de tres horas de pasear por la magnífica sierra conquense nos fuimos a comer a un lugar de la magnígica sierra conquense. A las lagunas de Cañada del Hoyo.

Más o menos es lo mismo que las torcas, pero con agua. Desde hace unos años ya no permiten bañarse en ellas y hay unas cuantas que se encuentran en terreno privado con lo que es un tanto complicado acceder a ellas. De todas formas hay tres a las que se puede acceder muy fácilmente, están junto a la carretera y están muy juntitas las tres. Sin embargo, nosotros solo sacamos los bocadillos, nos lo zampamos con ansia, y nos fuimos viendo solo la más próxima al aparcamiento.

Íbamos a terminar el día acercándonos a La Balsa, una zona de recreo que hay cerca del pueblo de Valdemoro-Sierra. Tras tomar un cafelillo en el bar del pueblo, nos montamos en los coches y nos acercamos a La Balsa.

Pues nos llevamos una sorpresa bastante agradable. Esperábamos un riachuelillo con un entorno relativamente majo y con unas corrientes-cascadejas aceptables, pues no, no llega a ser el nacimiento del río Cuervo, pero casi. Una cascada tipo cortina formando hoquedades en las que puedes meterte, todo abierto (todavía no se han dado cuenta de la importancia del lugar), no como en el Cuervo, que está vallado para protegerlo, un lugar muy apetecible para pasar allí la tarde.

Antes de meternos en la cascada en sí, nos dimos un paseo por la orilla del río Guadazaón (ese es el río al que pertenece la cascada) hasta llegar a un molino abandonado y ver un poco más del entorno del lugar.

De vuelta a la cascada, era la hora de que los protagonistas fueran los niños. Y así fue cuando empezaron a meterse debajo de los chorricos de la cascada, o en las cuevecillas que había formado el agua. Mientras tanto los adultos nos quedamos vigilando, salvo yo que estuve gurrupeando por el lugar haciendo fotillos.

Como todo en la vida, siempre llega del fin, y en este caso, llegó el fin de la excursioncilla y del relatillo. No os podreis quejar, de una tacada os he mostrado las torcas, las lagunas de Cañada y La Balsa. Ya conoceis algo más de mi tierra.

Hasta pronto.

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Después de haber estado fotografiando por la mañana el nacimiento del río Cuervo, por la tarde tocaba echar fotos a la ciudad de Cuenca. Como yo ya la tengo más que afotada, no le hice muchas, pero alguna si que calló.

Un detalle de unas ventanas del paseo de Ronda.

La casa, en ruinas, del poeta conquense Federico Muelas. Se ha “mantenido” en ruinas debido a las disputas de los herederos. O eso dicen.

Desde la calle Severo Catalina se puede ver el ayuntamiento.

Un detalle de una fuente, o pilón, que hay al lado de la catedral, en la plaza mayor.

Detalle superior de la catedral de estilo gótico-normando, única en el mundo.

Desde hace unos años el colorido preside las fachadas de las casas de la plaza mayor.

Las tiendas y bares, con sus terrazas, se extienden desde la catedral hasta el ayuntamiento.

Alfonso VIII, nuestro salvador del imperio morisco. Bueno no tanto.

Alfonso VIII fue el que volvió a conquistar para los cristianos la ciudad de Cuenca. Cuenta la leyenda que, de acuerdo con un pastor, mataron a todo un rebaño de ovejas para vestirse con sus pieles y pasar al interior de la ciudad como si fueran parte del rebaño. Y así, desde dentro, abrir la puerta de San Juan y conquistar la ciudad.

El actual parador de turismo, edificio que ha tenido multiples usos, entre ellos monasterio o convento, hospital, sala de conciertos, etc.

Detalle de un par de ventanas del lateral de las casas colgadas, edificio emblemático de la ciudad.

Antes de caer la noche, me dio tiempo para sacar un detalle de las casas que hay en la hoz del Huecar.

Después de un descanso en el bar del parador, comenzó la sesión de fotos nocturnas a las casas colgadas y alrededores.

En primer lugar, un plano, más o menos general, de la hoz iluminada, con la iglesia de San Pedro a l izquierda, el edificio del Archivo Municipal (edificio rectangular), antiguo edificio de la inquisición, y el parador a la derecha.

Y para finalizar, tres versiones de las casas colgadas.

Hasta pronto.

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En la Muela del juicio de San Felipe (pobrecico, los dolores que tiene que sufrir), junto al río Júcar, nace el Cuervo, el río no el pájaro. En sí, en sí, el nacimiento no tiene nada del otro mundo salvo lo curioso que es ver como sale de la roca el agua que luego forma el caudal del río.

En realidad nace porque vemos que sale de la cueva, pero nacer, nacer, lo que se dice nacer, no nace, el agua permanece en una cueva aberronchándose al rocaje vivo, con lo cual ya ha nacido dentro en su interior. ¿Qué cómo llega hasta allí? Y yo que se, teneis unas preguntas más tontas. Os creéis que la gente lo tiene que saber tó y  no es así, mesmamente, vosotros os estáis haciendo la mesma preguntica.

En fin, dejémoslo estar. Una vez que ha nacido y no podemos hacer nada para solucionarlo, el río, con todas sus características, no tiene otra que ir hacia abajo, más que nada por eso de la gravedad. Va cantando feliz entre la rocalla, las orquídeas, pinos y demás arbolejos.

De vez en cuando va formando peligrosas cascadas de 10 cm de altura y otras más pequeñas aún más vertiginosas. Unos cientos de metros más adelante, tras un breve paseo, no se le ocurre al agua que hacer una caída 10 metros. ¡Pero será panoli! anda que no hay caminos más cómodas por donde ir que tiene que caer por una pared formando una cascada en cortina. Con lo peligroso que es eso para su integridad física. Normal que el agua se vaya descomponiendo en finas gotitas, si es que yo solo me descompongo de pensar lo que tiene que estar pasando la pobre agua.

Behind the musgo se encuentra la piedra calcárea o toba que con el agua forman estalactitas y sorprendentes cortinas de agua en el nacimiento del río Cuervo.

Menos mal que el agua es fuerte y poco después se recompone y sigue su curso hasta unirse al Cigüela, y después al Tajo, y más tarde irse a Lisboa y pasar a formar parte del oceano Atlantico. Viviendo feliz para todos los siempres.

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