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Archive for the ‘Salida de un día’ Category

En las vacaciones de Navidad era el momento de ver como estaban los pantanos de Entrepeñas y de Buendía después de enterarme que tenían una ocupación del 10% aproximadamente, osea, prácticamente vacíos. También era una ocasión de verlos otra vez tras unos 35 o 40 años que no pasaba por esos lugares.

Mi recuerdo era de unos pantanos enormes y casi llenos, y esta vez, aunque me esperaba una imagen más esperpéntica de los mismos por la sequía que atravesamos, resulta que, a pesar de estar casi vacíos, todavía se ven enormes y con “bastante” agua. Ese 10% de agua que tiene el pantano de Buendía supone casi toda el agua que tienen (a 19-1-18) todos los pantanos de la cuenca del Segura.

Antes de llegar a la presa del embalse de Buendía intenté llegar a la Ruta de las Caras en la orilla del mismo pantano, pero no pude. El camino estaba mojado y en alguna parte hasta embarrado de las lluvias del día anterior, así que, antes de que me quedara atrancado en el barro (que por poco no me quedé) decidí dar media vuelta y volver por donde vine para llegar al verdadero destino de mi excursión.

Cuando el sol llevaba una horica fuera, yo estaba en mitad de la presa viendo lo enorme que es el pantano y que aunque le queda agua está a años luz de estar medianamente lleno. Mis cálculos, a ojo de buen cubero, es que la falta de agua hacía que se vieran unos 60 metros (tal vez más) de pared de la presa, muchos metros teniendo en cuenta que la presa tiene una altura de 80.

Con el silencio de acompañante, el sol mirándome directamente a los ojos y el agua debajo de mi, no podía pedir más que la tranquilidad y la paz que me rodeaba. Maravilloso era ver el color azul de cielo y el agua solo separados por una franja marrón y verde de la tierra y los pinares. Los ánades bañándose, los gorriones piando y el silencio solo era roto por el esporádico rugir de algún motor de los paisanos que se dirigían a sus quehaceres.

El Guadiela seguía su camino al fondo de la presa, y paralelo a él un camino de tierra me llamaba para que lo visitara y me guiara por la pequeña hoz del río, para goce y disfrute de mis sentidos. La pequeña hoz, en cambio, se hacía cada vez más ancha, pues a pocos centenares de metros se encontraban con el Tajo y con otra presa formando el pantano de Bolarque.

A estas horas tan tempranas y en invierno por estos lares no estaba ni el Tato, lo que yo agradecí enormemente. Silencio absoluto solo acompañado de los graznidos (no se si se dice así) de las aves circundantes, que por cierto, con tal que avistaban un leve acercamiento salían despavoridas. Naturaleza en movimiento, pero en modo lento. De vez en cuando me deleitaba con el paisaje, parándome en cualquier pequeño recodo o ensenada para hacer alguna foto. A mitad de camino se encuentra un puentecito que cruza a un camino inexistente o que simplemente nos lleva al otro lado, y que seguramente lo usaran los de las poblaciones de los alrededores para lanzarse al agua en el verano, o en otra época estacional.

Más o menos un kilómetro más allá el camino se cortaba al paso de los vehículos. Allí me paré a ver la situación. Podría haber seguido andando hasta llegar a la ermita de la Virgen de los Desamparados que apenas quedaban unos cientos de metros, pero como todavía me quedaba camino que recorrer, preferí continuar (cosa que luego me arrepentí) con dicho trecho para llegar a casa antes de comer.

El siguiente punto era la otra presa cercana, el embalse de Entrepeñas.

Se tarda poco en llegar y su presa está prácticamente pegada al pueblo de Sacedón. Un poco antes de llegar al muro empecé a parar para realizar las primeras fotos del entorno. Y para eso tuve que salirme de la carretera actual a Guadalajara e ir por la antigua carretera. Desde esta, o saliéndose un poco de la misma, hay lugares ideales para hacer foticos, miradores desde los cuales ver como está de seco el pantano.

La sensación que me dio es que este pantano estaba más seco que el de Buendía, que ya es decir. También puede ser por la orografía del terreno. La presa está más encajonada y el inicio del embalse está entre montañas más elevadas con lo que da la impresión de llevar bastante menos agua. Lo que pasa es que este pantano es muy extenso, además de ir ensancharse mucho en su parte central.

Cuando llegas a la presa por su lado sur, a mano izquierda, sale una carretera que actualmente está cortada por desprendimientos, aunque de vez en cuando salían o entraban coches. Pues en esa intersección se encuentra “El Castillejo”, que es lo que sería una área de descanso (que por las pintas de conservación se debió hacer por la misma época que la presa) con un mirador sobresaliendo para ver la presa y la hoz del río Tajo. Da un poco de cague asomarse pues no sabes si su estado de conservación aguantará el peso o si la barandilla cederá. Aún así saco mi cabeza por encima de la baranda y me asomo al vacío para contemplar la combinación de cables eléctricos con los pinos de ambas laderas.

Como soy un curioso (algo me tenía que dejar mi padre en los genes) bajo andando por la carretera cortada a olisquear un poco del porqué de ese corte al tráfico rodado. En una de las curvas me asomo al precipicio de la hoz y veo como se aleja el río para salir a campo abierto unos cienes de metros más adelante. Justo casi cuando se pierde el río a la vista, se ve la figura de lo que parece un puente romano cruzándolo. Está claro que tenía que ir para allá a afotarlo, pero, claro, si no podía bajar por esa carretera tendría que dar un rodeo de 6 kilómetros, y eso no podía ser. Precisamente en ese momento subía un coche, así que lo paro y le pregunto si ha encontrado la razón del corte, a lo que me contesta que no. Con esta respuesta mi decisión estaba clara, bajaría por esa “peligrosa” carretera.

Es un tramo de un kilómetro escaso, pero es precioso. Ligerísimamente sinuoso y metido como una cueva en la roca por la izquierda, con el bosque de pinos y el río en la derecha, va en continuo descenso hasta la ribera del río donde lo cruza por el puente romano.

El puente viejo, antiguo o viejuno, como vosotros queráis llamarlo, está en un enclave bucólico, el río avanza manso, entre chopos y otras especies de árboles y al llegar al puente el paisaje se abre y apenas hay unos pocos árboles. Romano no es, pero si se construyó con el diseño de aquella época. Hay datos escritos que confirman que ya estaba en pie en 1361. El puente sufrió varias guerras en sus piedras, la de Sucesión, la de la Independencia y la Carlista.

Un dato curioso que se dio en este lugar fue el cambio de significado de “empecinado”. El militar apodado “Empecinado” luchó en este puente en un corto espacio de tiempo contra los franceses y contra los absolutistas, ganando en ambas batallas. Ese empeño hizo que se cambiara el significado de la palabra de “sucio y poco cuidado” a “empeñarse en conseguir algo”. Y ahora diréis ¿y porque antes era “sucio y poco cuidado”? Y ahora os lo diré: el Empecinado es oriundo de Castrillo de Duero a los que se les decía empecinados por un cieno que existe en la zona que se le llama pecina, y por lo que se ve, en Castrillo de Duero iban continuamente sucios por ese cieno. Y hasta aquí el dato curioso de hoy.

Da su cosilla cruzarlo con el coche pues no sabes realmente como está de bien conservado. Es estrecho, no cabe más que un coche y que no sea muy ancho, por supuesto, una caravana no creo que quepa o entraría muy justita.

Cruzando el puente, a mano derecha sale un camino que me llama: “ven, adéntrate, asómate, no te arrepentirás” Y yo, como persona obediente que soy, me adentro. Me dirijo río arriba hacia la presa. Y, bueno,… no me arrepentí, pero tampoco es que hubiera algo destacable de ver. Na, con las mismas, me di la vuelta y seguí mi camino.

Apenas 500 metros más allá del puente me encuentro con unas ruinas a la izquierda. Como buen oliscón que soy, paro y me bajo a ver que hay de interesante, y mira tu por donde resulta que era una estación de tren antigua, la estación de Auñón. Esta estación formaba parte del “Tren de Arganda”, una línea que quería unir Madrid con Teruel y que apenas tuvo 50 años de vida, en cuanto a transporte de pasajeros se refiere, y unas decenas de años más como transporte de mercancías. Esta estación se cerró en 1949. Paseando por ella todavía se puede ver lo que sería la zona de los andenes y las vías. Muy curioso.

Ahora si, sin interrupciones, tocaba ir a la tercera presa del día, al embalse de Bolarque. Precisamente este embalse es anterior en el tiempo a los anteriores, valga de repetición. Se hizo a principios de siglo XX en la desembocadura del Guadiela con el Tajo, y comparado con los otros dos embalses, este es un escupitajo en medio del monte, apenas sería un 4% del tamaño del de Entrepeñas y un 2% del de Buendía, osea que es solo un 1% del agua embalsada entre los tres si los tres estuvieran al 100% de su capacidad. Eso si, al contrario que los otros dos, este es el único que puede desembalsar agua, estaba al 100%, o bien poquito le faltaba.

Aquí si que se respira tranquilidad, pues para llegar a la presa hay que venir aposta, no hay circulación y salvo una pareja de la Guardia Civil y tres personas más, olisconas como yo, sin contar con los trabajadores (que no se les veía), aquí solo se oía a la naturaleza en pleno ebullición, es decir, unos cuantos pajarillos cantando y la brisa moviendo los pinos circundantes. Osea, una maravilla, aunque suene un poco raro, ya que hay una presa de hormigón entre los pinares.

Me recorrí toda la presa, por suerte no había vallas que me cortaran el paso, ni ninguna persona que me detuviera. Esta presa fue la que se eligió como cabecera del trasvase Tajo-Segura. Desde aquí se empieza a trasvasar agua para las tierras mediterráneas y que tanta polémica suscita, tanto si se trasvasa agua, como si no se hace. Para ello construyeron dos tubos que suben el agua a un embalse cercano más pequeño, y desde allí ya va encauzada hacia el sureste de España.

Una vez que me paseé por toda la zona llegó la hora de volver a casa. Si me daba prisa llegaría a comer, así que para allá que me fui.

Y esto es todo en el día de los pantanos.

Hasta pronto.

 

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Cartagena (y los alrededores) está plagada de pequeñas, y no tan pequeñas, fortificaciones militares defensivas, principalmente del siglo XIX y muy pocas de épocas anteriores, estas muy deterioradas.

Hace un tiempo nos acercamos a la ciudad y vimos el fuerte de Navidad, el único fuerte o fortificación que está restaurado en su totalidad. Tampoco necesitaba mucho para ser restaurado, pues es uno de los más pequeños de la zona. De todas formas no nos quejemos mucho que por algún sitio se empieza.

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Lo que se ha hecho es reconstruir la vieja batería de Navidad, del siglo XVII, y así poder ver como eran las defensas de la bocana del puerto en aquella época. No era la única que defendía el puerto, justo enfrente hay varias (baterías de San Isidoro y Santa Florentina, y las baterías de Santa Ana Complementaria y Acasamatada), estas si que están en ruinas de diversa consideración, que se complementaban.

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Justo encima de la batería se encuentra la Torre de Navidad del siglo XVI, prácticamente en ruina total, apenas quedan en pie cuatro piedras de sus muros.

Durante la “Revolución Cantonal” se llamaba Juan Bravo y tenía dos cañones del 16, y estuvo en uso hasta mediados del siglo XX, época en la llegó a tener 8 cañones de 9 cm. A partir de 1941 pasó a estar en desuso y poco a poco a arruinarse hasta que en un plan turístico de la ciudad de Cartagena se reconstruyó y paso a convertirse en el Centro de Interpretación de la Arquitectura Defensiva Mediterránea.

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Cuando acabamos de ver el Fuerte nos fuimos a la costa de enfrente para ver si podíamos pasar a ver las dos baterías de Santa Ana, pero estaban cerradas y nos quedamos con las ganas. Otra vez será. Con las mismas terminamos de pasar el día por Cartagena y de allí a casita.

Hasta pronto.

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Desde Motilla del Palancar hacia Madrid o desde la capital del reino antes de llegar a Motilla, por la antigua nacional 3, sale el desvío hacia Alarcón.

Poco antes de llegar se vislumbran varias torres, pero es cuando estás encima donde te das cuenta de lo espectacular del lugar, del castillo y donde está situado el pueblecito de Alarcón.

Antes de entrar ya se ha habilitado un pequeño mirador en el que se puede ver como el río Júcar rodea casi por completo a la villa, y se ven varias de las torres defensivas, parte de la muralla que rodea el pueblo, y el castillo.

La villa está en la provincia de Cuenca, por si todavía no os habíais situado, y dicen que fue fundada por el rey visigodo Alarico II. Ayer, como quien dice. Aunque posee vestigios de asentamientos íberos y romanos.

Pero fue en el siglo XII cuando e pueblo empezó a tomar importancia cuando Alfonso VIII  conquistó la fortaleza de Alarkum (significa, precisamente, la fortaleza; en cambio, el apellido español Alarcón significa nombre real de inteligencia y de buen corazón) a los musulmanes.

En la época de los musulmanes el castillo perteneció al Califato de Córdoba, y cuando desapareció este, pasó a pertenecer al de Toledo.

Desde que fue conquistado hasta nuestros tiempos, el castillo ha pasado por varios propietarios. Tras la conquista, se le concedió un fuero propio y paso a ser propiedad de la Orden de Santiago, para, en el siglo XIV, recibirlo el Infante Don Juan Manuel de manos del rey Fernando IV. Un siglo después se puso en manos de Don Juan Pacheco, Marqués de Villena.

Tras un período de abandono, en el XVIII, era posesión del Marqués de Aguilar. En 1963 estaba en manos de un particular de La Almarcha, Rafael Álvarez Torrijos Torres, y el gobierno de Franco decidió expropiarlo para convertirlo en el Parador Nacional “Marqués de Villena”

Me imagino que para poder visitar el castillo has de hospedarte en el parador o pedir permiso para acceder las habitaciones. Nosotros pasamos al salón a tomar una cervecilla, en lo que debieron ser las caballerizas o el puesto de guardia de aquel entonces.

Tras comer en un restaurante del pueblo, paseamos, con una solana de narices, por sus callejuelas, sin ver a ningún paisano, que debían estar durmiendo la siesta o viendo la telenovela o ambas cosas.

El pueblo o villa (título que posee desde tiempo inmemorial) es coqueto, no da para mucho debido al lugar donde está.

Aún así, a pesar de los menos de 200 habitantes, posee cuatro iglesias, en una de las cuales (la de San Juan Bautista) están las pinturas murales de Jesús Mateo protegidas por la UNESCO, que son lo más destacado del pueblo, además del castillo, por supuesto, y del ayuntamiento.

Esto fue todo lo que dio la visita a esta pequeña localidad conquense. Eso si, si uno quiere pasar un par de días, también puede darse una vuelta por los alrededores, por los caminitos que rodean las murallas del pueblo y pasear por la ribera del Júcar y desestresarse por completo en este tranquilo lugar.

Hasta pronto.

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Como en otras ocasiones podeis ver las fotos más grandes pinchando en ellas.

Un día de enero de este año hicimos una escapadica para ver la fortaleza del cabo Tiñoso, en la comarca de Cartagena.

Me habían hablado de ello como una cosa a visitar y la verdad que no me defraudó nada. Bueno, tal vez un poco, pero fue más por el deterioro del lugar, a pesar del potencial turístico que tiene, más que por la fortaleza en si.

No madrugamos todo lo que debíamos haber madrugado, pensando que no iba a ser mucho lo íbamos a ver allí. Incluso habíamos planeado seguir viendo algún que otro sitio después de comer.

Eran las once, creo recordar, cuando quedamos los Hernández y los Barceló a la entrada de Cartagena desde Los Belones. Tras los besos y saludos pertinentes cogimos carretera y manta, primero hacia Cartagena, luego el desvío hacia Mazarrón, Canteras y La Azohía. Casi cuando estás llegando a La Azohía se pilla un desvío hacia la izquierda que va al pueblo de Campillo de Adentro. Se pasa esta pedanía cartagenera y a los pocos kilómetros, por una carretera estrecha, descuidada y peligrosa se llega a lo que fue un cuartel de defensa. Las baterías de Castillitos.

La batería de Castillitos, en realidad, forma parte de un trío de baterías en el cabo Tiñoso, que junto a otra batería que está situada en el otro extremo de la bahía de Cartagena, protegían la posible invasión o destrución del puerto de la ciudad. Castillitos es la más espectacular, de las que se encuentran en Tiñoso, en parte por estar “mejor” conservada que las demás.

Nosotros empezamos por la batería que está a más altura. Se acabó en 1933 y es la batería de “El Atalayón”. Subimos por un camino de tierra hasta los edificios, muchos de ellos derruidos, solo queda uno medio en pie, que es el edificio donde se encontraban las baterías antiaéreas. Lo curioso es que no es una edificación simple y ya está, no. Es de estilo neoclásico con columnas (dóricas, jónicas, no se) exteriores. Mucha ornamentación y solo para almacenar bombas y petardos de gran tamaño.

Foto propiedad de Agoniz y AFORCA

Se comenzó a construir una año después del comienzo de las otras baterías y se concluyó tres años antes que la de Castillitos (1936, aproximadamente). Este edificio estaba dotado por cuatros cañones antiaéreos Vickers de 10,5 cm. Esta es una batería de seis que hay en la zona de Cartagena, cuatro (ésta incluida) iban dirigidas hacia el mar y las otras dos (más tardías en la construcción) para, sobre todo, proteger la ciudad. Tenían un alcance de 13400 hacia el mar y de 7000 hacia el cielo, lo que comunmente se llama techo máximo.

Esta batería, como ya he comentado, era antiaérea, para defender tanto la ciudad como las propias baterías del cabo. Lo malo de este edificio es que está en muy mal estado, pero se encuentra en ese punto en el que todavía se le puede recomponer sin llegar a hacer un sobre gasto.

Desde este punto tienes una visión perfecta del Mediterráneo, y de las bahías de Cartagena y Mazarrón.

Una vez visto esto y que los críos se desfogaran un ratico saltando de un lugar a otro, comenzamos el descenso hacia otra batería. Pero antes nos metimos en un puesto de vigía o dirección de tiro, un punto en el que se tiene una muy buena visión del mar, como debía ser.

Antes de continuar la visita hicimos un breve avituallamiento en el parking y así continuar más felices y contentos.

Pasamos al lado de lo que parecían ser unas letrinas y llegamos al puesto de control de vehículos. Como en todas las instalaciones, no habían nadie para impedirnos el paso, je, je. Nos acercábamos a la batería principal del cabo Tiñoso, la de Castillitos.

Es la más espectacular, no solo porque está más restaurada o conservada (la fachada principal parece un castillo), sino por su artillería.

Conforme vas acercándote, pasas al lado de un edificio donde guardaban diferentes enseres, vamos el arsenal. Y después llegas a la fachada del castillo, con varias puertas, dos de ellas van a la zona de los dos cañones Vickers de calibre 38,1 (no confundir con el de las pistolas). Cuando llegas arriba y ves la bestialidad de cañón, no tienes otra cosa que sorprenderte por el tamaño del mismo.

Tremendos. Son los cañones (junto a los de la batería de Cenizas) más grandes y potentes jamas montados en España. El peso del tubo, sin el mecanismo del cierre, es de más de ¡¡¡86 toneladas!!!, y era capaz de lanzar una bomba de casi una tonelada (885 kilos) a una distancia de ¡¡35 kilómetros!!

¿Cómo llegaba el obús al cañón? Claro está que no iban a tener unos cuantos al lado mismo del mismo. N0, debajo del cañón, oradadas en la montaña hay unas dependencias donde se situaban los arsenales, el motor que lo hacía rotar, etc. Mediante railes los soldados llevaban las bombas desde arsenal hasta situarse justo debajo del cañón. Una vez allí una grúa subía las mismas y las colocaba justo en la boca del cañón.

Bajo el sol de invierno, todos se suben y bajan de los cañones sin ningún miramiento. La caña del mismo sirve a los niños de pasarela para cruzar el abismo. Los cañones están a disposición de todo el mundo para que cualquiera haga lo que le de la gana, sea con buena o con mala intención. Los niños se suben, los mayores se suben, los viejos no se suben, todos se hacen fotos.

Al lado de los cañones, justo detrás de ellos se encuentran los mini puntos de vigía de los mismos. No son más interesantes que otros, salvo que cuando entras en ellos para subir a la plataforma, en las paredes, hay dibujados barcos de distintas clases y nacionalidades. Bastante curioso es que entre nuestros posibles enemigos estaban Francia, USA, la Perfida Albión y otros.

Llegada esta hora, las tripas nos crujían más que la casa de Psicosis. Todavía nos quedaba una última batería, la visita se nos estaba haciendo larga. Demasiadas cosas para tan poco tiempo. Con lo cual volvimos a los coches para tragar todo lo que nos habíamos traído y unas cuantas piedras que nos encontramos por el camino.

Hecho el avituallamiento senderil, agarramos una linterna y nos fuimos a investigar las entrañas de la batería principal, lo que os he comentado ya del arsenal y motores de los cañones.

Parte superior del sistema de recarga de los cañones Vickers de 15,2.

Hay que decir que las dependencias auxiliares de los cañones están cerradas al público, pero sin vigilancia, y que el que entre, entra por su cuenta y riesgo. Eso es lo que hicimos. A través de un ventanuco nos colamos en el interior de las salas de máquinas. Nos metimos con mayor o menor dificultad, según la agilidad de cada uno, los 8 que íbamos, aunque al poco tiempo tres de nosotros (chicas todas, claro) se cagaron y salieron  huyendo del lugar. Con lo que al final estuvimos investigando los cuatro machotes y una machota.

Parte inferior del sistema de recarga de los cañones Vickers de 15,2.

Nos faltaban linternas para poder ver la dimensión de las estancias, no muy grandes, pero con mucha materia que auscultar. Primero estuvimos en la zona de los motores, para después pasar a la zona de las bombas y la pólvora. Estas habitaciones están en muy mal estado con lo que estuvimos poco tiempo por lo que pudiera pasar. Y por último vimos el sistema hidráulico para hacer subir las bombas a la superficie.

Al salir de la sala de motores nos metimos en el calculador. No tengo ni idea que era ni para que servía, pero uno se hace una ligera idea de que iba la cosa. El calculador está dentro de unas galerias subterraneas, al final de un largo pasillo, y se supone que era donde se calculaba, valga la redundancia, la longitud y la latitud, osease las coordenadas, de donde estaba situado el enemigo.

Hasta aquí fue la larga visita a la segunda batería, la de Castillitos. A partir de ese momento nos íbamos a acercar a la última batería, la de El Jorel.

Esta batería se empezó a construir en el 29 y fue la primera que se terminó (apenas una año después) Su nombre se debe a que los pescadores de la zona habían marcado en el cabo una señal para la pesca del jorel. En esta batería se instalaron cuatro cañones de 15,24 cm que tenían un alcance de poco más de 20 kilómetros, cubriendo con otras tres baterías desde  La Azohía hasta el cabo de Palos. Junto a cada cañón se encuentra un ascensor por el iban subiendo los obuses para cargarlos.

Durante la guerra civil fue la única vez que fueron utilizadas para defender la ciudad y la bahía. Ocurrió en 1936, en marzo,  en el que se logró el hundimiento del barco “Castillo Olite”. Después de esto solo se utilizaron como entrenamiento. Y en el 93 fue cuando se utilizaron por última vez, tanto estas del cabo Tiñoso como todas las demás de las inmediaciones de Cartagena.

A partir de aquí estuvieron, están y estarán expuestas al vandalismo como no cambie la cosa. Esto a pesar que fueron declaradas Bien de Interés Cultural en el 97 y protegidas como monumento conforme a la ley del Patrimonio Histórico Español.

Una vez que vimos esta batería, las fuerzas llegaban a su fin, tanto en mayores como en pequeños, con lo que decidimos dar por terminada la visita, extensa visita, al cabo Tiñoso. Aún nos dejamos por el ver el faro y la punta del cabo, pero ya no podíamos más. Otro día con más tiempo y ganas volveremos y terminaremos la visita.

Bien, pues ahora las baterías son propiedad del Ministerio de Medio Ambiente y le corresponde a ellos mantenerlas. Por lo que creo, hay previsto algo para restaurarlas, pero en el momento de crisis en el que estamos, supongo que va para largo la cosa. Espero que no sea demasiado tarde cuando vayan a hacer algo. El lugar merece la pena que esté en buen estado, es más, incluso se podría hasta cobrar para poder verlas, como cualquier otro museo. Merece la pena conservar esta parte de historia, bélica, pero historia al fin y al cabo.

Hasta pronto.

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La NASA nos ha deleitado, en estas fechas tan señaladas de la Navidad, con la exposición de varios objetos (más de 300) sobre los distintos viajes que han realizado durante los últimos 50 años.

Muchos de los objetos son originales, sobre todo, comida y trajes, pero otros son maquetas (los menos), de naves (totales o parciales) y cuadros de mandos.

Maqueta a tamaño real del Sputnik

La exposición te va llevando por un recorrido en el tiempo de lo que fue la NASA hasta nuestros días. Comienza pasando por una réplica del puente que conecta las naves con el ascensor. Esta te adentra en lo que sería el inicio, la ciencia ficción. Julio Verne, H. G. Wells y otros escritores y pintores, desde donde los modernos pensadores fueron fijándose en diseños y otras cosas para ir concibiendo la astronáutica moderna. Bueno esto suena un tanto fastuoso, que se fijaran en dibujos, y que de ahí saliera lo que conocemos es un tanto exagerado. Sin embargo si se fijaron en detalles que luego  resultaron clave para la evolución de la cohetería y astronáutica, como diseños de los cohetes que salían en películas de Fritz Lang o en los libros de Verne y que resultaron ser muy parecidos a los primeros cohetes militares, las V-2 de los nazis.

Foto de la foto de la perrita Laika en su cubículo espacial.

La siguiente sala habla de dónde empezó todo esto. De la NACA que fue un comité sobre la aeronáutica, creado en 1915 y desaparecida en el 58, justo cuando se creó la NASA. En realidad la NACA y la NASA convivieron en el tiempo durante un par de meses, agosto y septiembre.

Ya a partir de la segunda sala se empieza a hablar de la carrera espacial, de la “batalla” espacial entre rusos y américanos, de la conquista del espacio. Del lanzamiento de la perra Laika (por parte de los rusos) y del chimpancé Ham (por los Estados Unidos)

Gagarin fue el primer hombre enviado al espacio, frente a Shephard que fue el primer estadounidense en salir al espacio, aunque los rusos nombraron ese viaje como el “salto de la pulga” por lo corto y pequeño que fue. Eso si, Gagarin viajo con todos los automatismos posibles, mientra que Shephard podía controlar ciertos mandos de su pequeña nave.

En la exposición se podían ver objetos reales como este traje, que podía pesar, con todos sus apechusques, un poco más de 80 kilos.

O vehículos lunares rusos, el Lunokhod (como el de la foto), que nunca se llegó a utilizar debido a que los rusos no llegaron a la luna. Mejor dicho nunca fue pilotado por ninguna persona, pero si pisaron la luna en dos ocasiones, en el 70 y en el 73. Sin embargo este invento si que le dieron muy buena utilidad en el desastre nuclear de Chernobil, ya que su ligereza hacía que pudiera pasear por los tejados de la central nuclear y así retirar los escombros del desastre.

El que si fue bastante operativo fue el rover de los americanos. Lo utilizaron en varios alunizajes. Gracias a esto me enteré (ignorante de mi) que los americanos habían alunizado varias veces, yo pensaba que solo lo habían hecho en el 69. De todas formas hay varias opiniones sobre estos casos, de si realmente alunizaron o eran montajes, yo aquí ni entro ni salgo en ese tema.

Cuadro de mandos de alguna de las naves que utilizaron los americanos.

Los viajes espaciales han sido, hasta hace apenas 20 años, “cosa de hombres”. Las mujeres en la NASA, para los que no tenemos una edad muy alta, empezamos a verlas a subirse en cohetes en la época de los trasbordadores espaciales. Pero ellas lo intentaron hace ya mucho tiempo, a finales de los 50. Fue un grupo de 13 mujeres que se incorporaron al Proyecto Mercury 13. Realizaron las pruebas para ser astronautas (el proyecto no fue nunca parte de ningún programa de la NASA) y las pasaron, pero fueron rechazadas por ser mujeres. Incluso varios astronautas declararon que no podía haber mujeres astronautas, porque así lo decía la NASA.

Por suerte, eso ha cambiado y ahora las mujeres son parte del personal activo de los viajes e incluso han sido comandantes de las naves.

En la Unión Sovietica no tuvieron problemas para que las mujeres fueran protagonistas en estos menesteres y en el 63 fue enviada al espacio Valentina Tereshkova. La primera mujer americana que salió al espacio fue Sally Ride en 1983.

Reproducción a tamaño real de la nave del proyecto Mercury 7.

El primer proyecto tripulado de la agencia espacial para la conquista del espacio fue llamado Mercury 7. El número se debió a que el equipo de astronautas que estaba en el proyecto fue de siete.

Fueron los primeros astronautas americanos que salieron al espacio, en concreto, fue Alan Shephard (en mayo del 61) el primero en salir al espacio, y John Glenn (en febrero del 62) el primero en dar una vuelta orbital a la tierra. Cuando esto ocurrió, los rusos ya llevaban 48 viajes orbitales a la tierra.

Se puede ver lo estrecho de la nave.

La nave del proyecto era tan pequeña que se dijo de ella que “en lugar de llevar la nave un astronauta, era el astronauta el que llevaba a la nave”

Del proyecto Mercury se pasó al Gemini, y de este al más famoso, el proyecto Apollo, que tenía la intención de llevar al ser humano a la luna.

El proyecto Apollo se sirvió de los cohetes Saturno para lograr el objetivo. Estos cohetes medían 110 metros de altura y estaba dividido en módulos que se iban separando conforme dejaban de ser útiles para la misión. Al final se quedaba solo el módulo de mando Apollo y el módulo lunar.

Fue en el Apollo XI en el que se pisó por primera vez la luna. El famoso “es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad” fue pronunciado por Neill Armstrong cuando descendió del módulo lunar para pisar por primera vez la luna.

Cápsulas de oxígeno que fallaron y que crearon los tripulantes para sobrevivir en el Apollo XIII.

En el viaje del Apollo XIII también se pronunció una famosa frase: “Houston, tenemos un problema”. Un fallo en las cápsulas de oxígeno hizo truncar el alunizaje y gracias al invento de los tripulantes se pudieron salvar las vidas de los mismos.

En el Apollo XVII viajó por primera vez un astronauta que no era militar, el geólogo Harrison Schmitt.

En total, seis de las misiones acabaron en la luna y solo una, la 13, acabó en semifallo.

Cuando se terminó la guerra fría, comenzó la cooperación ruso-americana y también con la ESA, la Agencia Espacial Europea. Fue cuando se empezó la era de los transbordares y el de la estación espacial internacional. Por desgracia, también han llegado las misiones más desgraciadas, con dos desastres, uno nada más despegar y otro cuando hacían la reentrada en la atmósfera, pereciendo todos los tripulantes de ambos transbordadores.

Réplica de la cabina de uno de los transbordadores. Casi como un avión.

Desde uno de los transbordadores se puso en orbita el telescopio Hubble, telescopio desde el que se han descubierto una gran cantidad de nebulosas, estrellas, galaxias, etc. Ha conseguido una cantidad tremenda de información y de fotografías. Como todo, también tiene caducidad y en el 2013 está programada su entrada en la atmósfera y su desintegración en ella.

Réplica del telescopio Hubble.

Ahora, con toda la tecnología a nuestro alcance, no podemos imaginar ningún viaje al espacio sin potentes ordenadores, calculadoras y demás aparatos necesarios para cualquier travesía por nuestro cielo. Sin embargo, al principio no hubo ni chips, ni ordenadores, ni nada parecido. Los cálculos se hacían a mano, con bolígrafo y papel, como quien dice. La regla de la foto hizo de primera calculadora, con ella se sumaba, restaba, dividía, o multiplicaba, para hallar los desplazamientos u otras maniobras. Sorprendente, ¿verdad?

El primer ordenador de a bordo no llegaba a 30 kb, lo que ahora ocupa un trabajo de una página de Word. Poco a poco se fue instalando la tecnología en los cohetes y transbordadores hasta lo que conocemos hoy.

Distintos aparatos "prehistóricos" de las distintas naves.

Cosas tan sencillas, como comer o andar son un problema en el espacio, y normalmente, nadie de la “plebe” se para a pensar en ellas. Pero, ¿cómo cagan o mean los astronautas? bueno saber, sabemos como lo hacen, la pregunta sería ¿dónde hacen sus necesidades? Pues hasta los años 70 llevaban pañales, como los bebés, y a partir de las salidas para montar el laboratorio Skylab (laboratorio previo a la estación espacial internacional). En el Skylab se montó el primer baño, eso si, alicatado hasta el techo. Lo único que no tenía era bidé. Podeis ver en la foto como era el primer baño espacial. Lo que no se es lo que utilizarían para fijarse a el, debido a la ausencia de gravedad. Junto al baño está la primera “mochila” con propulsores para poder dar paseos por el exterior y no perderse en la inmensidad del espacio.

La evolución de las naves y cohetes, siempre a escala, los podeis ver en esta foto. El que está más a la izquierda es el V-2 nazi que bombardeó Londres al final de la segunda guerra mundial. Los tres siguientes también fueron cohetes con fines militares, lo que serían los misiles nucleares de la guerra fría. Uno de estos, el más grande, se reconvirtió en cohete tripulado para salir al espacio. Los tres de la derecha, o últimos, son exclusivamente naves espaciales. El más grande es el cohete Saturno V de las misiones Apollo y el último es el más reconocible, por lo más cercano en el tiempo, es uno de los transbordadores.

Pero para llegar a todo esto, poder pisar la Luna o poder llegar a Marte, tuvo que existir alguna o varias personas que idearan y consiguieran cuadrar fórmulas y así conseguir volar al espacio.

Los padres o creadores de la cohetería o astronáutica fueron Konstantin Tsiolkovsky, Robert Goddard y Hermann Oberth. Wernerh von Braun y Sergei Korolev recogieron los datos y teorías, los mejoraron y los trasladaron a la práctica. Estos dos últimos fueron los arquitectos de las carreras espaciales de los americanos y rusos, respectivamente.

Pero leyendo por internet, hay un científico olvidado por la exposición, pero que para von Braun es el verdadero padre de la astronáutica moderna, es el peruano Pedro Paulet. Este fue el inventor de la propulsión a chorro, invento que utilizan los cohetes modernos. Lo curioso es que este invento lo llevó a cabo fijándose en el desplazamiento del calamar.

Hasta aquí lo que dio de si la visita a “La aventura del espacio”. Espero no haberos demasiado con tanta palabrería.

Hasta pronto.

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Merceditos

Estas navidades, como otras muchas, me acerqué a Madrid para ver alguna exposición, ver las luces navideñas o simplemente pasear.

Una de las cosas o exposiciones a las que quería acercarme era la de los superdeportivos que está instalada en IFEMA. Unos cincuenta coches de alga gama de deportivos. Ferrari, Lamborghini, Aston Martin, Mercedes, Porsche, etc. Todos vehículos que no están a mi alcance ni al del 95% de la población, pero que llaman mucho la atención y son el deseo de muchos.

Como no hay mucho más que explicar sobre ellos, simplemente os pongo algunas de las fotos que hice.

El único BMW de la expo

El primero de los muchos Ferrari de la exposición, pero uno de los dos que no eran rojos.

Un Maserati, como podeis ver.

Otro Ferrari

¡Anda!, si es un Ferrari.

Una paranoia con el culo de un Ferrari.

Otro lindo culito.

El ilustre español, el Pegaso

El gran trasero del Fornasari.

Mi favorito, el Testarrosa.

Otra perspectiva del Testarrosa.

Por último, un gremlin, digo, un Plymouth.

Hasta pronto.

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Cut-out del canelobre para que se pueda distinguir del fondo.

Muy cerca de Alicante, a unos 20 kilómetros hacia el interior, encontramos la Cueva de Canelobre (o del candelabro, en castellano) Está en el término municipal de Busot (Alicante), en la sierra del Cabezo de Oro a unos 3 kilómetros de la localidad, y a unos 600 metros sobre el nivel del mar.

Para acceder a ella hemos de subir por una carretera bien asfaltada, pero con una fuerte pendiente. Y una vez aparcado el coche nos introduciremos en ella a través de un túnel construido por el hombre de unos 150 metros de largo y a una cierta distancia de la entrada original, encontrada esta por los árabes allá por el 740, que actualmente está cerrada al público por motivos de seguridad.

La cueva fue “excavada” a lo largo de 7 millones de años por el agua en la roca caliza. La temperatura en el interior de la cueva siempre es la misma, 18º, y la humedad es del 90%. Dentro de la cueva está la cavidad más grande de una cueva en España, 100 metros de altura, aunque más bien es de longitud, ya que la cavidad es diagonal. Este tamaño hace que la cavidad tenga más de 80000 metros cúbicos.

Foto de la cúpula hecha con 20 originales

En la piedra se puede ver uno de los defectos ocasionados durante la guerra civil.

Además hay un par de salas más que son exclusivamente para personal especializado a las que se accede a través de cientos de metros de pasadizos y de una caída libre de 60 metros. Los expertos que las han visitado dicen que son aún más impresionantes que la primera. A estas cavidades solo se pueden acceder en verano ya que en invierno hay muchas torrentes de agua y manantiales que hacen muy difícil el transito a ellas.

Como en todas las cuevas hay estalactitas y estalagmitas, y formaciones rocosas que forman figuras, y  en las que la imaginación del hombre les pone nombres: el candelabro, el casco, la sagrada familia, el dragón, etc.

La cabeza del dragón.

Todas las cuevas han servido para muchas cosas o situaciones y esta no se ha librado. En la guerra civil fue empleada por el ejército republicano como refugio de sus tropas y como taller de reparaciones y fábrica de aviones. Cosa curiosa esta última, pues la cueva está en un monte sin nada llano en su salida ni alrededores. Los republicanos tenían que sacar las piezas, bajarlas del monte en burro y allí montarlas para convertirlas en un avión.

Fue en esos años cuando el ejército republicano realizó la entrada actual, construyó tres plataformas metálicas para la construcción de los motores del avión Polikarpov I-16 tipo 5 y 6, conocido como “Mosca”.

Lo malo es que para realizar todo ello tuvieron que dinamitar gran parte de la cúpula, perdiéndose una gran parte de estalactitas y estalagmitas. Aún hoy se pueden ver los efectos de esos trabajos en algunas paredes de la cueva.

En la actualidad es empleada para que sea visitada por el público y para esporádicos conciertos de música. Y una cosa que se tuvo que variar en la cueva fue su iluminación. En principio era blanca, pero ese tipo de luz y el calor que despedía hacían que crecieran pequeñas plantas, por lo que se cambió a una iluminación de colores, más fría, y que varía cada pocos segundos para que así se mantenga la piedra lo más original posible.

La sagrada familia.

El casco. Unos dicen que es un casco romano, a mi me parece un casco alemán de la segunda guerra mundial.

El totem.

Los montes al atardecer que se ven desde la entrada a la cueva.

Es…, es…, es…, esto ha sido todo.

Hasta pronto.

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