Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Autobús’

Primer y único día que refrescó en todas las vacances. Se levantó nublaico con lo que podría sorprendernos con unas gotas o con una tormenta de narices. La suerte fue que solo cayeron unas gotas, las suficientes para tener que comprar un mini paraguas a los chinos (que lo utilizamos durante apenas una hora) para no mojarnos, y que refrescara el ambiente y las calles y no pasáramos un calor de mil demonios.

Como todos, o casi todos los días nos desperezamos lentamente. Lo que más costaba enderezar eran los críos, y para más inri, se ponían a ver los dibujos animados y Disney Chanel en italiano, que no se enteraban de nada, a ellos les daba lo mismo. Teníamos que cogerlos de las orejas para que desayunaran, hicieran las camas, se lavaran la cara y los dientes, y, una vez hechas las tareas domésticas, ya podían vagabundear por la casa, o por internet, que era donde más disfrutaban los niñicos, era donde ellos querían estar todos los días, eso de ver piedras y monumentos no les llamaba la atención, eso es cosa de mayores.

Más o menos sobre las diez cogimos carretera y manta. Nuestro autobusico (este día prácticamente lo íbamos a hacer en bus) nos iba a dejar detrás de la tarta de la plaza Venecia. Allí nos separamos, unos nos acercamos al claustro de San Pietro in Vincoli andando y otros se quedaron a esperar el autobús que les llevara más cerca. Mientras discutíamos la situación, comenzó a chispear y entonces aparecieron de la nada los indues que vendían relojes u otros artefactos y que llevaban paraguas. Era sorprendente que lo que vendían el día anterior eran juguetes, relojes, gafas de sol y justo por la mañana que no había empezado a llover y ya llevaban paraguas. La logística de estas personas era alucinante.

Quedamos justo en las escaleras de la calle Cavour que ascienden hasta la puerta del claustro. Enfrente de estas, en la otra acera, había un chino y Toñi y Geli se acercaron para comprar unos paraguas, que, por suerte, luego utilizaron bien poco.

Ascendimos por las escaleras, un buen tramo de escaleras, pasando por un túnel que había debajo de uno de los edificios que rodean la plaza donde está San Pietro.

Al llegar a la plaza vimos lo simple, artísticamente hablando,  que era la basílica de San Pedro Encadenado. Nos protegimos de la fina lluvia en el porche de la misma, donde lo hacían también un buen número de turistas. A esta iglesia vinimos a ver la tumba del papa Julio II, que fue el que la restauró (la iglesia), allá por la edad media.

La iglesia la mandó construir la emperatriz Eudoxia para contener una de las cadenas con las que estuvo apresado San Pedro. Años más adelante se consiguieron otras cadenas que se utilizaron para lo mismo, y se colocaron juntas y, oye,  milagrosamente se unieron.

Como ya he dicho la iglesia es muy simple, no tiene mucha ornamentación. Lo único destacable (para mi) es el Moisés de Miguel Ángel. Lo que iba a ser un macro mausoleo para el papa Julio II, se quedó en apenas unas cuantas figuras. Eso si el Moisés es sensacional, tiene un realismo en sus formas que parece que te va a decir algo cuando lo miras. Unos dicen que el Moisés es “la tragedia de la vida de Miguel Ángel”, otros dicen que el autor cuando concluyó la obra le dio una palmada en la rodilla y le dijo “hablame”. De todas formas, es la obra que más tardó en terminar, empezó en 1513 y terminó 40 años después.

Al salir de la iglesia nos encontramos que apenas llovía. Deshicimos lo andado y volvimos a tomar las escaleras, esta vez, en dirección descendente. Nos fuimos a la derecha en la vía Cavour, ahora andando, dejamos el bus para otro momento. Nos íbamos a ver una de las cuatro magníficas (más bien patriarcales) de Roma. La basílica de Santa María la Mayor.

¿Qué es eso de las cuatro iglesias patriarcales o iglesias mayores? Patriarcal es el título de mayor rango que se le da a una iglesia. En un altar de una iglesia patriarcal no puede oficiar nadie que no sea el Papa. En este caso hay cuatro iglesias mayores o patriarcales: San Pedro, Santa María la Mayor, San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros. Estas cuatro junto a una basílica menor, San Lorenzo Extramuros, forman la Pentarquía. Básicamente, significa que son las cinco iglesias primordiales o principales de la iglesia católica. Junto a estas cuatro + una, había otras dos que eran consideradas mayores, pero que ahora son menores, la de San Sebastián Extramuros y la de la Santa Croce in Gerusalem.

Doblamos muy ligeramente hacia la derecha cogiendo la calle de Santa María la Mayor, y en la esquina de esta con la calle Liberiana decidimos tomar un cafelito, sentándose algunos en el bar que hay en esa esquina y de cuyo nombre no quiero acordarme, no por ningún motivo funesto, sino porque era un bar como otro cualquiera. Allí, mientras un par tomaba café, otros se fueron a la plaza de la entrada principal de la basílica y otros, entre ellos yo, nos fuimos a afotar la parte trasera de la misma, en la plaza del Esquilino.

Ya había dejado de llover y podíamos, de momento, movernos sin ningún problema meteorológico. En la plaza hay un obelisco, otro más (tendré que hablar de ellos en alguna entrada), en el centro, con apenas cuatro árboles en un lado y la parte trasera de la basílica en un lado. Ésta, con el obelisco, y la limpieza de la plaza, forman un conjunto muy ameno y tranquilo por el que pasear y/o permanecer. Supongo que a pleno sol, otro gallo cantaría, pero con el día nublado se estaba muy bien. También hay que tener en cuenta que la gente, normalmente, está en la parte de la fachada, no en la de la parte de atrás, je, je.

Bueno, nos fuimos para adelante a ver la fachada de la basílica y poder entrar en ella. La iglesia posee varios nombres, además del sabido, también se le llama como basílica de Santa María della Neve y basílica Liberiana. Liberiana porque la mandó construir el papa Liberio debido a una visión que tuvo cuando la Virgen María le dijo que construyera la iglesia en un lugar nevado. Al ser agosto era difícil que nevara, pero el 5 de ese mes cayó una nevada donde ahora está la basílica. Esto ocurrió en el año 358 (con lo que no lo pude constatar el dato con ningún abuelo del lugar, todos habían ya fallecido, una lástima) De aquí el nombre de Santa María de las Nieves. Todos los años se conmemora el milagro lanzando pétalos blancos desde la bóveda. Esta basílica es la más grande que se dedica al culto de la Virgen María en Roma.

Desde la plaza de entrada se puede apreciar como la basílica parece más un palacio que una iglesia. Así lo utilizaron los papas durante un tiempo después de su llegada desde Avignon. Su interior es típico, tres naves separadas unas de otras con grandes columnas. En la nave central se puede contemplar su techo pagado por los Reyes Católicos con el oro del nuevo mundo, es decir, América. Su campanario es el más alto de toda Roma. Una curiosidad es que la basílica no es italiana, por unos pactos o tratados forma parte del estado del Vaticano.

Aquí están enterrados dos papas, Pablo V y Sixto V. Este último realizó una de las capillas de la basílica y se llama igual que la de San Pedro, sixtina. También aquí está enterrado Bernini, aunque de una forma mucho más modesta, apenas una losa en el suelo con su nombre.

El “cura” a cargo de la basílica (nombrado por el papa) es el arcipreste español, y casi paisano, Santos Abril y Castelló. Digo “casi paisano” por que es turolense, de Alfambra, y mis antepasados inmediatos son también de la provincia de Teruel.

Después de esta maravilla, tocaba ir a otra de las grandes, San Juan de Letrán. Entre Santa María y San Juan solo debíamos bajar por la calle Merulana que conectan las dos basílicas, pero la puñetera calle tiene más de un kilómetro de largo, así que pillamos un autobús que nos bajó hasta la mismísima puerta de la iglesia.

Abajo, a varios de nosotros (entre ellos alguno de los niños) nos entró ganas de miccionar y había que hacerlo antes de entrar no fuera a ser que ensuciáramos los mármoles de la iglesia. Así nos dirigimos a buscar un lugar donde hacerlo, sin levantar sospechas. Por las cercanías de la puerta principal no había ningún local al que entrar disimuladamente y realizar el acto.

Cerca se encontraba una de las puertas de la ciudad, así que salimos por allí en busca de un bareto en el que colarnos. Na, justo al cruzar el arco había un mercado y en los edificios de allí un bareto en el que depositar el líquido interno. Por supuesto, antes y después de dicha acción, el menda estuvo haciendo unas cuantas foticos al entorno.

De vuelta al grupo, entramos en San Giovanni in Lanterano, otra de las grandes de la iglesia de Roma y todo el mundo católico, y la catedral (oficial) de Roma, ni San Pedro, ni Santa María la Mayor, ni Cristo que los fundo (con perdón). Es esta archibasílica la que hace la función de catedral de la ciudad eterna.

El nombre oficial de la basílica es Archibasílica del Salvador y de los santos Juan Bautista y Juan Evangelista, pero podemos llamarla San Juan de Letrán. Más fácil, ¿no?

Cuando pasas te encuentras en un museo, en un paraíso del arte. La basílica es tremenda, es maravillosa. Te sitúas en la nave central y observas las doce estatuas de los doce apóstoles con el baldaquino y el altar al fondo. En la iglesia pusieron las manos Borromini, Rusconi o de la Porta, aunque casi todos los grandes participaron en la construcción de la misma. Los dos primeros fueron los responsables de la mayoría de los apóstoles.

Todo el mundo visita San Pedro (que la merece), pero a la hora que fuimos a ver la iglesia apenas encontramos gente y creo que esta basílica merece tanto o más que San Pedro. Por lo menos es lo que a mi me parece. Yo me quedé boquiabierto al ver la iglesia y eso que no vimos prácticamente nada de la misma. En los edificios colindantes se encuentran un baptisterio octogonal que dicen que es digno de ver y en el palacio lateranense se encuentran la escalera santa, la que dicen que había en el palacio de Poncio Pilato y que subió Jesucristo. No se puede subir de pie, solo se puede ascender de rodillas u arrastras. También nos perdimos el claustro. Vamos que si nos damos cuenta no hubiésemos visto ni la basílica.

Salimos de la misma por la puerta lateral que hay en el crucero derecho. Sales a la plaza donde se encuentra el obelisco más alto de Roma, con el palacio latereranense a la derecha. Poco a poco nos fuimos reuniendo en la plaza de San Giovanni, y todos íbamos saliendo con las tripas cantando. Por lo tanto, llegó la hora de jalar. Justo enfrente del obelisco, al principio de la via Merulana, a la derecha conforme andábamos, se encuentra una de las pizzerías más buenas en las que comimos, la pizzeria Merulana (original nombre). No comimos nada más especial que otros días, pero todo estaba muy bueno y el ambiente era bastante cálido y confortable, además los precios fueron de lo más normal, conforme a lo que comimos. Vamos que recomiendo el lugar para todo aquel que visite la ciudad.

Llegado este momento volvimos a coger carretera y manta, en este caso, calle y chal. Nos dirigimos hacia la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalem que apenas se encontraba a un kilómetro del restaurante. Lo que no recuerdo es si pillamos autobús, a pesar de la corta distancia, o fuimos un rato andando y otro caminando. El caso es que cuando llegamos a la iglesia que mandó construir Helena, madre de Constantino, para conservar las reliquias que trajo de Tierra Santa, nos la encontramos cerrada, a pesar que no era una hora muy extravagante.

La iglesia, como ya he dicho, fue realizada para contener las reliquias que se trajo Santa Helena de Jerusalem. Esta era tan devota, o tan chiflada, que se trajo tierra para construir la iglesia sobre la misma. Dicen que contiene varios trozos de la Cruz, parte de la inscripción INRI, dos espinas de la corona, un clavo de la Cruz y un dedo de Santo Tomás. Pero todavía está por ver si todas la reliquias son verdaderas (oficialmente hablando). Creo que va siendo hora de comprobarlo, después de haber pasado casi 2000 años desde que las trajo la santa.

Sin perder más tiempo nos montamos en el tranvía y nos fuimos hasta San Lorenzo Extramuros, otra de las siete iglesias principales de peregrinación de Roma. Solo nos quedaría San Pablo Extramuros y San Esteban. Esta última no la veríamos, dijimos de dejarla para otro viaje. Y San Pablo si la veríamos, pero un par de días después.

Eran poco más de las seis de la tarde, pero el cansancio empezaba a salirnos por los poros, cuando empezamos a ver la iglesia, esta si estaba abierta, dedicada a San Lorenzo, que murió de una forma muy “curiosa”, fue asado a fuego latente (osea, a la brasa). El que lo hizo era un verdadero bárbaro.

La iglesia es la unión de dos, una del siglo 4, la original dedicada al santo, y otra del siglo 7. Pero fue en el siglo 13 cuando se unieron las dos al tirar sus ábsides. Está dispuesta en dos alturas, la vieja es la parte alta y la nueva es la baja. El altar se encuentra encima de la cripta y en la parte alta. La iglesia no es un lechado de ornamentación, pero es original eso de tener dos alturas, y las columnas que separan las naves, sobre todo en la parte vieja, son preciosas.

Después de esto ya nos quedaba poco que ver en el día de hoy. Volvimos a pillar un bus que nos dejó al lado de la basílica de San Clemente, a la cual llegamos tarde y estaba cerrada, solo pudimos pasar a un pequeño claustro que es la antesala de la basílica. La iglesia dedicada a este santo-mártir apenas se ve desde fuera, pues esta metida unos metros hacia abajo y por fuera pasa desapercibida ya que su majestuosidad está en su interior, dicen, ya que no pasamos. Si no sabes que está ahí pasas de largo sin darte cuenta.

A partir de aquí fue el único momento que paseamos largo y tendido en todo el día, fuimos desde la basílica de San Clemente hasta la Piazza Venezia, pasando al lado del coliseo y subiendo por la vía de los Foros Imperiales.

Salimos de la basílica por la vía de San Giovanni in Lanterano hacia el coliseo. Al llegar al final de la calle, o principio, según se mire, vemos unas ruinas, es el Ludus Magnus, el mayor gimnasio de gladiadores de Roma, construido por el emperador Domiciano en el siglo I. Estaba comunicado mediante túneles con el Coliseo y tenía su pequeño anfiteatro donde se entrenaban los gladiadores.

Rodeamos el Coliseo por la derecha, según nuestra dirección, y pasamos a la acera de la derecha de la vía de los Foros Imperiales para llegar a ellos más directamente. Los foros están compuestos por varios foros dedicados a otros tantos emperadores y están partidos por la vía de los Foros Imperiales que fue construida por el puto Musolini para poder realizar desfiles militares y así resaltar su ego por encima del ego de los antiguos emperadores.

Los foros dedicados a Nerva, Augusto y Trajano están a la derecha, según vas a Venezia, y el de Vespasiano y el más conocido, al que se llama romano, están a la izquierda. Este último lo íbamos a visitar al día siguiente.

Algunos dirían que solo son piedras tiradas en el suelo colocadas con cierto orden, y en parte pueden tener razón, pero si usas un poco la imaginación y terminas las construcciones con la mente puedes llegar a ver lo majestuosos que debieron ser estos centros de vida política y económica de Roma. Sobre todo el Foro Trajano, con el mercado semicircular y la tremenda columna Trajana, con su espiral grabada con 2600 figuras que cuenta la historia de las campañas militares contra los dacios, tiene una altura de 30 metros y está coronada con una figura de San Pedro, aunque originalmente había una de Trajano. En su base se guardaron los restos del emperador, una vez muerto, claro.

Ya llegaba a su fin este día y solo quedaba cenar e ir a acostarnos. No me acuerdo donde cenamos, pero teniendo en cuenta el sitio en el que estábamos yo diría que acabamos en el Pizzarito que hay cerca de la plaza de Venecia. En la cena acordamos que al día siguiente íbamos a ir solo Juanpe, Encarna, Toñi y yo al Foro Romano, ya que mis cuñados y mi sobrina lo vieron en la anterior visita que hicieron a la ciudad y mis críos estaban ya un poco hartos de tanta piedra y tanto paseo, así que descansarían esa mañana y nosotros podríamos ver las ruinas con tranquilidad absoluta. Todos ganábamos.

Cenados, cogimos el bus de vuelta al apartamento. Ducha, dientes y a la cama a sobar. Mañana sería otro día, otro día largo.

Anuncios

Read Full Post »

Aprovechando un viaje reciente a Roma con los alumnos del instituto, voy a empezar a publicar, en varios post, un viaje anterior que hice hace unos años con la familia y unos amigos a la ciudad eterna.

No me puedo inventar nada nuevo sobre Roma.

El que más o el que menos sabe algo de la vieja ciudad, bien porque ha leído algún libro, publicación o trabajo, o bien porque ha visto alguna película o documental, o bien porque la ha visitado (como mi cuñada que la ha visto ya 4 ó 5 veces)

Simplemente voy a exponer mi experiencia (sobre todo con imágenes) del viaje que realice a la capital de Italia, además de a Pompeya y Florencia (con sus alrededores).

Viajamos en avión de bajo coste, por suerte hay variedad de vuelos a un sitio como Roma. Prácticamente ocupamos el 10% del avión ya que íbamos 9 personas, aunque una de ellas valía por tres (sin acritud, Peter) Conseguimos un apartamento, que estaba de puta madre, para toda la tropa, 6 adultos, 1 semiadulto y 2 bichos, ¡uy!, perdón, niños.

Pasadas las explicaciones/preguntas pertinentes de/a los propietarios, comimos en un restaurante a las espaldas del Vaticano (que no resulto muy allá), compramos viandas y otras cosas y salimos a descubrir, para algunos, y redescubrir, para otros, la ciudad eterna. Tontín, tonteando, se nos hicieron las 8 de la tarde para pillar el autobús al centro, todo esto desde las 11 de la mañana que llegamos al apartamento.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Esa tarde-noche salimos a disfrutar de la ciudad como si no hubiéramos conducido toda la noche y solo hubiésemos dormido un par de horas en el avión.

El autobús fue nuestro amigo durante los nueve días que estuvimos allí y ese primer día no iba a ser menos. Bajamos en Largo Argentina o Largo di Torre Argentina y allí ya nos encontramos con las primeras piedras tiradas por el suelo, rodeadas de un centenar (¡hala!, que exagerao) de gatos.

Resulta que en Torre Argentina hay un refugio para gatos sin hogar, por eso hay una parva de gatos por las ruinas y alrededores.

En el orden histórico, las ruinas son de 4 templos romanos de la época republicana y de un teatro dedicado a Pompeyo. Las ruinas fueron descubiertas a principio de siglo XX al reconstruir Roma después de la Unificación de Italia.

Paseando, paseando, pasamos por delante del Gesú como alma que nos lleva el diábolo para ir a la Piazza, que no pizza, Venezia, donde se ubica, así como quien no quiere la cosa, el Monumento a Víctor Manuel, primer rey de la Italia unificada (no el marido de Ana Belén), también conocido como la tarta o la máquina de escribir (nombre que le pusieron los americanos al entrar a Roma en la II guerra mundial)

Disfrutamos de la tarta hasta que nos jartamos, pero ahora tocaba coger un empacho a base de pizzas en el Pizzarito que hay cerca de Venezia, en una de las calles que salen de la plaza.

Pero, amigo, una vez saciados los apetitos, no precisamente sexuales, aunque placenteros casi por igual, para el postre quedaba lo mejor. La Fontana de Trevi.

Atestada, llena, plagada, ocupada, atiborrada, abarrotada, completa, colmada, henchida de paisanos y alienígenas estaba la plaza donde se ubica la fuentecica. Lo primero que hicimos fue coger el número para poder sentarnos. Por suerte fue más pronto que tarde cuando conseguimos sitio para acoplar la posadera o culo y así extasiarnos de tal maravilla de arte, luz y agua.

De Trevi, ya habrá momento para contar historias y otras zarandajas.

Sin ganas, pero con necesidad, nos volvimos a casa para acoplarnos en el catre, que no cutre, y descansar, pero poco, hasta la mañana siguiente.

Tempranico empezamos a mover a los niños y demás personal y una vez puestos en marcha pillamos, de nuevo, el autobús, esta vez hasta la plaza de la Rovere, osease, más o menos cerca del Vaticano y Sant’Angelo, justo antes de cruzar el Tíber. Desde allí empezaba nuestro gran día. Gran, no por lo magnífico, que también, sino por la paliza que nos íbamos a dar, eso si, pero con gusto, que no hace daño, excepto para los pieses.

Bordeando el río por su margen derecha, la del río, nos acercamos al castillo con el Vaticano mirándonos de lejos. No nos introdujimos en él, no se porque, pero no teníamos mucho filling con el castillo, con lo que lo dejamos, lo de entrar, para un ratito que tuviéramos libre (que ilusos).

Y cruzamos el puente engalanado (que cursi, por Dios) con numerosas estatuas a ambos lados. Ángeles, arcángeles, con todo tipo de instrumentos, y un par de santos o frailes en uno de las puntas del puente.

Entramos en el centro viejo de Roma, o lo que es lo mismo el Campo Marcio (o de Marte). Este fue, en época romana, una zona pantanosa que utilizaban para campamento o entrenamientos militares, además de juegos. Ya cuando el Papa fijó su residencia en el Vaticano, esta zona se quedó como residencial y es lo que ha quedado hasta ahora, con calles estrechas e irregulares, salvo la principal, el Corso Vittorio Emmanuele II, que permanece tal cual desde entonces.

Paseamos por estas callejas y lo primero que vemos es el arco dei Banchi, donde nos encontramos una de las muchas curiosidades de la ciudad, es una de las muchas marcas que hay de hasta donde llegó el Tíber en el siglo XIII, más concretamente en 1277.

Andando y tropezando en los adoquines accedemos a la plazoletilla de la Chiesa Nuova, o Santa Maria della Vallicella. La primera de muchísimas iglesias que hay que ver en Roma. Como casi todas, posee unos techos con unos frescos (nunca los del barrio) o pinturas de tremenda belleza, osease, bonitos.

Una vez visto lo que teníamos que ver, cruzamos la calle de Vittorio dirigiéndonos al otro lado, donde callejeando nos encontramos muchos palacios y detalles de otros tiempos, más bien renacentistas y barrocos. Es en la vía Giulia donde hay más exponentes de dichos palacios.

Todo era paseo y goce del plan urbanístico local, calles estrechas y adoquinadas, mal adoquinadas, en las que una torcedura de tobillo no sería de extrañar, o si vas en coche, una rotura del eje de la transmisión. Sin embargo, no cabe duda que esta antigua zona pantanosa (hablo de la época romana) nos iba a dar muchas satisfacciones, buenos sabores de boca (sobre todo, en cucurucho y de dos sabores)

Así desde esta calle accedemos a la plaza Farnese donde deberíamos ver uno de los tres éxtasis de Bernini que hay en Roma. Pero, ¡chasco!, la iglesia de Santa Brígida está cerrada y a pesar de intentarlo por otra puerta nos dicen que ahora está chiusa y no podemos acceder a ver el interior. Pues nada, contemplamos el palacio Farnese, que actualmente es la embajada francesa. Hay algunos que dicen que es el palacio más importante de Roma y la verdad que te deja maravillado. Además el palacio con la plaza forma uno de los rincones más bonitos de la ciudad. Justo enfrente de la embajada está la de Chipre, pero no hay color con la de Francia.

Poco a poco vamos comprobando que aquí los ninis tuvieron mucha influencia en todo lo que hacían, los Bernini, Borromini, los Mini coches, estos imprescindibles para moverse con soltura por la urbe.

Al lado de esta plaza está una de las plazas más llamativas (aquí es todo llamativo, estrambótico, interesante, impresionante o de antes) El Campo de Fiori o mercado de las flores. En el hay instalado un mercado, tipo mercadillo de cualquier pueblo, con puestos de flores y de fruta u otras cosas.

Bebemos agua, tomamos fruta fresca (que, por cierto, estaba muy buena) en recipientes para turistas al módico precio de cinco euros (un buenísimo atraco).

En el sempiterno callejeo del día nos acercamos, sin darnos cuenta, a la iglesica de Sant’Andrea.Tremenda, suntuosa, las pinturas del techo, como en las anteriores iglesias que hemos visitado son alucinantes, te quedas con la boca abierta, maravillado. La cúpula de la iglesia es la más grande de Roma, después de la del Vaticano.

Desde aquí ya salimos de las callejas y pasamos al bullicio de la calle principal. Volvemos hacia atrás para hacer una ese y poder ver la estatua de Pasquino (la estatua parlante), y de esta a Navona, la piazza Navona.

Un antiguo circo que ahora es un punto neurálgico de la ciudad, donde Borromini y Bernini se emplearon fuerte para ganar el combate de la belleza, construyendo con todas sus fuerzas (valga la redundancia) y defenestrando todo lo que hacía el otro. De todas estas disputas nos queda un muy buen ejemplo. El conjunto de estatuas que rodea el obelisco (Bernini) y que tiene enfrente, bueno, enfrente, enfrente, no está, a un lado del conjunto del obelisco está la iglesia de Sant’Agnese in Agone (Borromini)

Como de la fontana de Trevi, ya habrá tiempo de contar algo sobre la piazza Navona.

Vamos con retraso y la hora de comer nos ha pillado antes de donde deberíamos haber estado. Aprovechando el momento nos resguardamos del calor veraniego que hace. Al salir por el lado norte de la plaza empezamos a buscar restaurante. En realidad ya hemos estado buscando sitio en los restaurantes de Navona, pero no ha habido forma de acercarnos a ellos sin que temblara el bolsillo.

Justo al salir de la plaza, te encuentras en otra más pequeña donde está el palacio Altemps, un palacio privado en el que podemos visitar (pero no lo hacemos) un pequeño museo. Sin más allá que un arte renacentista en su fachada, no tiene más que mirar, salvo que resultó ser una pieza más en el aprendizaje de mi tío. Allí pasó unos años estudiando o preparándose para el sacerdocio en su estancia romana.

Al lado está la calle que va en dirección al palacio de justicia y donde se encuentra nuestro restaurante preferido, la pizzería Zio Ciro. Manda huevos que pasamos por allí unas ochocientas veces y me acabo de acordar del nombre del puñetero restaurante. He tenido que buscar y rebuscar en internet para encontrar el nombre del susodicho.

Con la panza panzuda de pan, tomate y queso, osease, pizza, volvemos a las calles, a seguir pateando Roma. Una vez más entramos en callejas y callejuelas para ir a la Vía del Corso. Nos metemos en patios de casas, paseamos por delante de la iglesia de Sant’Agostino, o por delante de una tienda con una figura de un soldadito en la que hicimos un poco el tonto.

Mientras nuestro cuerpo iba haciendo la digestión llegamos al palacio de Montecitorio, que es el actual palacio de congresos o cámara de los diputados italianos. Justo enfrente hay otro obelisco (el segundo que vemos, hay trece en total en Roma) Continuando nuestro paseo entramos en la plaza Colonna donde está una de las columnas más bonitas de la época romana, la columna de Marco Aurelio. Por desgracia para esta, tiene que competir con la gran famosa, la columna de Trajano, y esto hace que sea una desconocida. Aún así no tiene mucho que envidiar a esta última.

La Columna de Marco Aurelio fue hecha en el 193 d.C. para celebrar la victoria (como casi todo lo que hicieron estos romanos) sobre energúmenos que no querían otra cosa que conquistar la ciudad. En la plaza está el palacio Chigi que es la sede de la oficina del primer ministro.

En uno de los cuatro lados de la plaza, con la vía del Corso por en medio, hay un centro comercial donde paramos un ratico para tomar un cafelico y así despejarnos de la modorra que nos ha provocado la comida.

Tras haber cafeteado un poco, seguimos nuestra visita a Roma en su primera parte. Zigzagueamos entre la gente y las calles y entramos en la plaza de Petra donde en uno de los muros de la Borsa di Roma están adosados 11 columnas de lo que fue un antiguo templo enalteciendo a Adriano.

Gozando de la calidez del sol y de las calles y como si no fuera la cosa con nosotros aparecimos en la plaza de la Rotonda, un punto clave de nuestro primer día. El Panteón de Agripa se encuentra en ese punto. Maravilla arquitectónica de los romanos que sin las tecnologías actuales consiguieron una cúpula de dimensiones exactas, sin defectos.

Fue dedicado a los dioses romanos, y construido por Agripa en el 27 a.C.,  se destruyó por un incendio en el 80 d.C. y reconstruido por completo  por Adriano. Es el primer templo circular que se construyó. Hasta entonces esta forma solo se hacían en las termas.

Está compuesto por un pórtico de 16 columnas y una cella cilíndrica. La cúpula tiene un óculo (o agujero) central de nueve metros que es por donde entra la luz (y la lluvia) e ilumina toda la estancia. El espacio interior lo forma un cilindro que tiene una altura igual al radio de ese cilindro, con lo que en el interior del panteón cabe una esfera completa perfecta, siendo esta cúpula la más grande construida en el mundo, incluso mayor que la del Vaticano.

El templo estaba dedicado a las siete divinidades celestes de la mitología romana: el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. En la edad media se trasformó en iglesia católica, situación que mantiene en la actualidad, aunque la cantidad de visitantes haga parecer que no sea así. En su interior reposan los cuerpos de Rafael y el rey Víctor Manuel II, entre otros.

Bueno, ya está bien de tanta historia. Volvamos a la plaza.

Y ¡¡joder!! Si es que paseando por la plaza, por el interior del Panteón o simplemente permaneciendo sentados en los escalones de la coqueta fuente del centro de este foro, uno puede entrar en un éxtasis de placer y tranquilidad (a pesar del gentío que hay en agosto en Roma) observando cada detalle del lugar. Las columnas del Panteón, las casicas coloreadas de la plaza, la gente disfrutando de un capuchino en la terrazas de los bares, o la fuente de Della Porta con un pequeño obelisco en el centro de la misma, hacen que uno no quiera seguir caminando y desee permanecer durante largo tiempo en cualquier punto de la Rotonda.

A pesar que queríamos continuar en el sitio, debíamos seguir para poder ver más cosas de Roma, en especial, lo que nos habíamos marcado para este día. Nuestra siguiente parada, la iglesia de Santa María sopra Minerva.

Apenas a 100 metros de la Rotonda, a la espalda del Panteón, se encuentra esta iglesia que se construyó sobre un templo pagano dedicado a Minerva (de ahí “sopra Minerva”) Con la fachada renacentista, sin embargo, tiene el interior gótico y allí está enterrada la patrona de Italia, Santa Catalina de Siena.

En la plazoleta de entrada a la iglesia se encuentra una estatua de Bernini, un elefante con, como no, un obelisco que hace de joroba puntiaguda. Representa la sabiduría y la inteligencia del animal (si ellos lo dicen será cierto)

De aquí nos vamos a ver Il Gesú (ya estuvimos la tarde-noche anterior, pero no pudimos entrar) paseando por la vía del Pie de Mármol y la del Gesú, hasta llegar a la plaza del mismo nombre. Esta iglesia es la sede (y madre) de los jesuitas. Se hizo con una nave más larga para las procesiones fueran más espectaculares. De estilo barroco se utilizaron el mármol, bronce dorado, lapislázuli y otros materiales valiosos en su construcción, echo que hace que sea más impresionante.

A estas alturas del día el cansancio empezaba a molestar más de la cuenta. Para ser el primer día por Roma nos estábamos dando una paliza del 15. Eso si, el cansancio desaparece viendo las maravillas que hay en la ciudad.

El sol empezaba a esconderse cuando salimos del Gesú. Continuamos por la calle de Aracoeli, pasando por el lateral del monumento a Victor Manuel, hasta llegar a la escalinata que subía a la iglesia del mismo nombre que la calle.

Aprovechando las escaleras nos tomamos un descanso (prácticamente nos tomábamos un descanso en cada rincón que nos encontrábamos) Rondaban las 7 de la tarde y la iglesia parecía cerrada con lo que no hicimos ni el amago de darnos la paliza de subir semejante escalinata. Solo una persona se encontró con fuerzas para subir, Juanpe. Desde entonces merece todo nuestro respeto y admiración. Ahora nos dirigimos a él como Señor Don Juanpe.

Durante nuestro kit-kat vimos pasar un “pequeño set” de cine, simulando un paseo en coche por la ciudad. La foto no es de buena calidad, por lo sorpresivo del momento, pero os lo muestro por lo curioso que es todo este tipo de cosas.

Entrábamos en la última etapa de nuestro larguísimo e intensísimo primer día. Ya nos quedaba poco. Bajamos por la calle del Teatro Marcelo y aunque solo nos teníamos que dejar llevar por la inercia y caeríamos, los pies estaban ya molidos y casi no nos podían llevar.

A mitad de camino o de la calle está el teatro de Marcelo, o lo que queda de él. Un teatro del que se conserva, y muy poco, la fachada, pero que en sus buenos tiempos llegó a albergar hasta ¡¡20000 espectadores!! En la actualidad se siguen dando conciertos o actuaciones, pero en un teatro moderno, en su interior. Junto a las ruinas hay tres columnas de lo que fue un templo dedicado a Apolo.

Cuatro foticos más tarde terminamos de descender la calle y llegamos a la zona llamada Forum Boarium y Forum Holitorium, donde en época romana había un par de mercados al aire libre de ganado y verduras.

Justo antes de llegar a la iglesia de Santa María in Cosmedin (donde está la boca de la verdad) hay un pequeño jardín con una fuente y dos templos, uno rectangular y otro circular. El rectangular estaba dedicado a Portunus, el dios de los puertos y el circular es el templo de Vesta, aunque eso es erróneo, según los expertos, pues en realidad estaba dedicado a Hércules Victor, ya que era el dios defensor de los ganaderos. Muchas de las columnas del templo son originales.

Agotados y hambrientos dimos por terminado el día turísitico, pero no el tour restauranteril. A partir de aquí, como no nos habíamos cansado bastante, empezamos a movernos para ir a un restaurante a cenar. Cogimos un autobús en Aracoeli para que nos acercara lo más posible a la plaza de España, pues nos habían dicho que había un buen restaurante allí, sobre todo, por el problema gastrointestinal de Ángela.

Pero después de pillar el bus y de andar unos 500 metros, nos encontramos que no encontramos ningún restaurante por la zona, salvo un McDonald y un par de bocaterías. Como era normal decidimos ir unos al McDonald y Ángela con Geli y Peter tuvieron que cogerse un bocadillo lo más ligero posible.

Mataos de todo el día, con el estrés suplementario de ir detrás y delante de los “+%&ç+&#¬” críos, nos fuimos a casa a descansar que al día siguiente nos esperaban más cosas que ver y descubrir.

Read Full Post »