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Posts Tagged ‘Bayeux’

El final siempre llega y esta vez no iba a ser una excepción. Este iba a ser el último día de una semana de vacaciones genial.

Normandía llegaba a su fin. Francia llegaba a su fin. Las vacaciones llegaban a su fin. El fin llegaba a su inicio.

Hoy la furgoneta no le iba a dar tiempo a coger la temperatura óptima. Nos íbamos a quedar en Bayeux. Bayeux es la primera ciudad francesa liberada de las manos nazis. En este viaje hemos estado en la primera casa liberada, en el primer pueblo liberado, y ahora, en la primera ciudad liberada. En todos los lados se quieren atribuir el primero en algo liberado.

En Bayeux se encuentra uno de los mejores museos dedicados a la segunda guerra mundial, o por lo menos, a la batalla de Normandía y a su desembarco.

El 7 de junio de 1944 fue liberada sin apenas oposición alemana por parte de las tropas británicas que desembarcaron en Gold Beach. Y una semana después fue el escenario elegido por Charles de Gaulle para dar su primer discurso en territorio francés tras la ocupación. Desde ese momento se convirtió en capital de Francia, aunque solo hasta que se liberó París unos meses después.

Gracias a estar situada en un nudo de comunicaciones los británicos tuvieron que crear una circunvalación completa a la ciudad y así evitar aglomeraciones de tropas y armamento pesado. Fue la primera circunvalación de toda Francia. Es curioso porque ni siquiera París tenía circunvalación en aquel tiempo.

Esta vez no nos pegamos el madrugón correspondiente, no teníamos tanta prisa, teníamos el pueblo, bueno, el museo, a apenas 9 kilómetros. Para llegar tuvimos que coger la circunvalación, pues el museo está justo en ella.

En el hay multitud de material, desde pequeños utensilios, hasta cañones antiaéreos o camiones. Por supuesto, no pueden faltar las explicaciones pertinentes a las distintas escaramuzas de esos días. Algunos del grupo vieron el museo muy rápido, más rápido de lo que debería haber sido, pero es comprensible, si no te gusta mucho la historia de la segunda guerra mundial no le prestas tanta atención a lo que puedas ver. A esto había que unirle el atracón que llevábamos en esa semana de ver casi exclusivamente cosas de la guerra.

Aún así unos cuantos hicimos una visita más pausada y detenida para ver y aprender cosicas de las que pasaron esos días en la zona de Normandía. Más o menos una hora y media después de entrar ya estábamos todos fuera. Ahí nos hicimos unas foticos con los tanques que servían de atracción del museo.

Antes de bajar al centro de la ciudad, unos cuantos nos acercamos al cementerio inglés que está a apenas 100 metros del museo, al otro lado de la circunvalación. Justo enfrente del cementerio, como si fuera una cabecera del mismo, pero separada por la carretera, hay un memorial que los ingleses levantaron rindiendo homenaje a más de 2000 británicos y canadienses y a un sudafricano desaparecidos esos días y que no pudieron ser enterrados. En el memorial hay un leyenda en latín que dice:

“Nos a Guilielmo victi victoris patriam liberamus”

“Nosotros que fuimos vencidos por Guillermo hemos liberado la patria del vencedor”

Como veis mi latín está en un estado especial.

Después del memorial pasamos al cementerio británico y estuvimos paseando por el un ratico. Es bastante más pequeño que los otros dos que visitamos en días anteriores. Y, aunque en su mayoría descansan soldados británicos, también hay de otras nacionalidades, incluso hay unos cuantos soldados alemanes.

Tras guardar los respetos correspondientes continuamos nuestra visita al pueblo. Nos juntamos en el pequeño jardín del memorial y comenzamos a bajar por estrechas calles con las casitas muy bien apañadas, con sus años encima pero bien conservadas.

Nos dirigíamos a ver la catedral. Esta es de estilo románico normando con tintes de gótico, y efectivamente, es catedral, a pesar de estar en una población pequeña. Debe ser que en aquella época, por el año mil, tenía mucha importancia y se coloco allí la diócesis y han mantenido la diócesis hasta nuestros años. Es preciosa. Sus torres se ven a kilómetros de distancia. Creo recordar que no tuvimos que pagar para entrar. Estuvimos dando vueltas cada uno como quiso, no llevábamos ninguna explicación que llevarnos a las orejas, con lo que cada uno admiraba el arte como bien sabía. También pudimos ver la cripta de la misma. Como casi todas las criptas, era muy austera ornamentalmente hablando, salvo unas pinturas en los capiteles de las columnas.

Poco a poco íbamos saliendo de la seo, y mientras que algunos tardaron un poco más, mi hermano y yo nos sentamos en una terraza de un bar a que nos clavaran bien clavaos por un par de cervezas. ¡¡¡7 eurazos!!! nos metieron por cada una de las cervezas, y no eran especiales, marca común. Nos fuimos a sentar donde no debíamos. Conforme se iban acercando y nos veían con la cerveza en la mano todos querían una, y conforme iban diciéndolo, nosotros contestábamos “¡¡y una mierda!!” Si hubiésemos tomado una cada uno todavía estábamos fregando platos en el bar normando.

Ya tocaba empezar a buscar un lugar para comer. Ya que estábamos en ese bar miramos la carta y conforme la vimos, nos fuimos. Casi prohibitivo. Por cierto, el restaurante se llama “Le pommier”.

Miramos enfrente, y un poco más abajo y no nos cuadró nada, así que volvimos como hacia la catedral para rodearla por el sur, por la calle LL le Forestier. En esta calle no había nada y torcimos a la izquierda, a las espaldas de la catedral y allí había un par de restaurantes. Entramos en “Le domesday”. Un sitio pequeño con apenas cuatro o cinco mesas, pero factible de precio y luego no resultó malo.

El café nos lo tomamos en la terraza de una pizzería que estaba rodeada de tiendas de suvenires y que nos pillaba de camino para ir hacia el museo del tapiz. Una media hora después de estar arrastrados de soñera volvimos al camino. Unos cienes de metros más hacia abajo estaba el museo, pero antes nos quedamos maravillados con el rinconcito que forma el río Aure casi a las puertas del tapiz. Un paseo a la derecha acompaña al río entre edificios de sillería, con norias y árboles adornándolo. Un lugar de paz y silencio, aún cuando esa época está llena de turistas. Bayeux empezaba a subir su cotización de cara al mundo y, sobre todo, para mi.

Sobre las tres y media entramos al museo a ver una de las maravillas que hay en esta tierra. El tapiz es único en el mundo, mide cerca de 70 metros de largo por 50 centímetros de ancho y pesa casi 400 kilos. Relata la conquista de Inglaterra por parte de Guillermo el conquistador. También tiene el nombre de tapiz de Matilde porque se cree que fue la mujer de Guillermo la que lo hizo, aunque no se sabe a ciencia cierta. El tapiz es, para algunos, el primer comic de la historia.

Al entrar al museo nos dieron una audioguía en español a cada uno, lo que hizo que fuera más fácil la visualización del mismo. Aunque a mi en un principio no me resultaba atractivo el ver un trozo de tela bordado, puedo decir que tras contemplarlo es una de las maravillas que hay que ver sin falta en este mundo. Y eso que yo tengo el nivel del arte a la altura de los pelos del dedo meñique del pie izquierdo. Para que os hagáis una idea de lo interesante y lo que merece la pena ir a verlo, nosotros tardamos en recorrer los 70 metros del tapiz una media hora. A esa velocidad tardaríamos unas tres horas y media en ir al Mercadona de mi barrio, cuando normalmente no tardo ni diez.

Bien ahora solo quedaba de terminar de disfrutar los últimos momentos en este pueblo y esta región. Estuvimos paseando por las inmediaciones del río y sus paseos, que gozada para terminar las vacaciones. Parábamos en cada esquina o entrábamos en cualquier tiendecilla de artesanía. Personalmente buscaba la foto perfecta, cosa que no llegaría pues uno no es perfecto en ello.

Llegado el momento compramos unas cosillas para la cena y para el día siguiente en el viaje de vuelta al aeropuerto Charles de Gaulle. Nos dirigimos al vehículo transportador de personas y nos fuimos a casa a hacer las maletas, recoger, cenar y dormir que nos esperaba el día más triste de las vacaciones, el día de vuelta al lugar de las rutinas, el sitio donde las sorpresas se pueden contar con los dedos de la mano de un manco. Que pesambre.

Así fue, de Maisons a París, de París a Madrid y de Madrid a Molina de Segura y San Javier. De los verdes y húmedos pastos a las tierras cuasi yermas y marrones. Del día a la noche. Uff que pesimismo y derrotismo más chungo, y no es para tanto. Bueno hasta aquí el relato en fascículos de las vacaciones del 2016, me ha costado unos años, pero por fin la publico para el que le interese.

Hasta la siguiente.

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El cementerio de La Cambe, es un cementerio militar de soldados alemanes que combatieron en estas tierras normandas. Es uno de los muchos cementerios que se encuentran en estas tierras. Lo que le hace único es que es el más grande de todos, más de 20000 soldados están enterrado allí. Lo que pasa con el cementerio es que no es muy conocido, debido, sobre todo, por que es el cementerio de los invasores y perdedores. Es mucho más conocido el americano, por se el de los libertadores, además de ser más fotografiado y filmado.

Perdón, me he lanzado muy directamente al tema del que va a tratar este post, de lo que hicimos este penúltimo día en Normandía.

Lo primero de todo muy buenas. Y a partir de este momento a contar lo que hicimos ese día. Hoy nos encontramos todos en perfectas condiciones para movernos y disfrutar de los lugares que vamos a visitar.

Evidentemente la diana sonó muy temprano, a las nueve debíamos estar en nuestro primer punto de visita. El día amaneció sombrío y gris, incluso un poco mojado con una ligera llovizna intermitente. Este amanecer ayudó mucho en la visita del cementerio de La Cambe, que como ya he dicho, es un cementerio alemán. Se caracteriza en que las tumbas están marcadas con placas en el suelo y de vez en cuando grupos de cinco cruces pequeñas. Todas ellas, placas y cruces, de piedra oscura volcánica. En el centro hay colocado un montículo con una gran cruz de piedra volcánica también, en el que están enterrados mucho soldados alemanes desconocidos. Paseamos silenciosamente, procurando guardar el mayor respeto y no romper la paz que trasmite el lugar.

Tras presentar nuestros respetos a los soldados alemanes, continuamos el recorrido que teníamos marcado. De aquí nos dirigimos al Pointe du Hoc. A partir de aquí el día empezó a despejarse, como si supiera que ya habíamos salido del campo santo de La Cambe.

Al llegar a Pointe du Hoc nos encontramos un paisaje lleno de cráteres que fueron ocasionado por el tremendo bombardeo que sufrió por parte de la aviación aliada los días anteriores al desembarco y por los barcos americanos ese mismo día D, y que los que mantienen el lugar lo han dejado tal cual quedó esos días para que uno pueda darse cuenta del tremendo ataque que sufrieron los alemanes.

La batería alemana está situada en la cima de un acantilado de unos treinta metros de altura y tenía, o debía tener, seis cañones de 155 mm que amenazaban el desembarco de las playas Utah y Omaha. Y digo debía, porque en realidad solo estaban las casamatas y unos tubos que falseaban los cañones. Los verdaderos cañones los habían sacado los soldados alemanes unos cientos de metros tierra adentro para que no fueran dañados en los intensos bombardeos que sufrieron.

Cuando los Rangers consiguieron llegar a la cima se encontraron solo con lo que quedaba de las tropas de a pie alemanas, pero ni rastro de los cañones. Aún así avanzaron en su incursión y de casualidad encontraron los cañones y los inutilizaron, para después retroceder hasta la batería, donde debían aguantar hasta la llegada de refuerzos y reemplazos desde la playa de Omaha

Lo malo que es estos refuerzos debían llegar en unas horas y tardaron un par de días, con lo que la defensa del emplazamiento fue muy dura, hasta el punto que estuvieron a punto de quedarse sin munición. Por fin, el día 8 llegaron estos y pudieron descansar.

Nosotros íbamos de hoyo en hoyo haciendo el pollo, bueno de cráter en cráter para así entender y creer lo que se vivió allí. Justo en la punta del promontorio se encontraba el bunker por el que se fijaban las coordenadas de tiro de las baterías, el lugar donde tenían mejor visión del canal. Encima de este se ha colocado un monumento que simula la daga que llevaban los comandos de los Rangers.

Tras una horica paseando por este paisaje lunar continuamos hacia el lugar estrella del día, la playa de Omaha.

Entramos por la punta más al oeste de la playa, lo que se le llamó sector Charlie, por la población de Vierville sur Mer. En la orilla de la playa aparcamos el carromato y pudimos tomar medidas de lo tremenda que era la playa, tanto en longitud como en anchura, más o menos unos 8 kilómetros de largo y unos cientos de metros de ancho cuando está con la marea baja, como el día que estuvimos allí.

En la playa de Omaha ocurrió el desembarco más sangriento de todo el día D. Empezando desde los días anteriores al mismo con el bombardeo aéreo de los emplazamiento alemanes que fueron un absoluto fracaso y apenas hicieron daño, con lo que los soldados se encontraron una fuerte defensa. Ni siquiera con los disparos desde los barcos lograron diezmar mucho a los alemanes. Eso provocó una verdadera matanza en los soldados estadounidenses que se encargaban de tomar esa playa. Se estima en alrededor de 4500 las bajas americanas y unas 1000 alemanas. Incluso se llegó a pensar en algún momento en dar marcha atrás al desembarco en esta playa.

Por suerte al final del día se había conseguido alguna incursión haciendo pequeñas cabezas de playa que sirvieron para que el par de días siguientes terminaran de tomar la playa totalmente.

En esta playa, en uno de los emplazamiento de ametralladora alemanes estaba al que se denominó “la bestia de Omaha”, Heinrich Severloh. A este soldado alemán se le atribuyen la muerte de más de 2000 soldados americanos con su ametralladora MG-42. Personalmente me parece un tanto exagerado el dato. Dicen que disponía unas 12000 balas y que cuando los americanos llegaron a su emplazamiento no quedaba ninguna. Pero eso no significa que fuera tan eficiente, además de que en su sector no creo que solo estuviera su ametralladora con lo que es factible, que aunque si fuera muy sangriento su ataque, no consiguiera abatir a tantos soldados americanos. La proporción es que de cada seis balas que disparó una logró su objetivo. Creo que es una probabilidad muy alta para el stress que debió sufrir en esos momentos.

Después de pasear y tomar el solecico bueno en ese punto durante un tiempecillo, y tras un intento de estafarnos por parte del bar del lugar, volvimos a la camioneta y nos movimos a lo largo de la playa hasta llegar al centro de ella, donde se sitúa un espectacular monumento al combate de ese día. El monumento está acotado con una mini barrera para que a nadie se le ocurra poner las manazas en semejante símbolo a la libertad y a la paz.

El monumento a los Bravos o Valientes simula unas alas, las alas de la libertad, esperanza y fraternidad. De la libertad por el ejemplo de los se levantaron contra el opresor. Esperanza para que su espíritu nos siga inspirando y que unidos se puede conseguir cualquier cosa. Y fraternidad para recordarnos nuestra responsabilidad hacia los demás y hacia nosotros mismos.

Alrededor de este monumento y lugar nos movimos con más tranquilidad para disfrutar del sol, quitarnos las zapatillas y pisar la arena. Por supuesto, hacer unas cuantas fotos.

Llegaba el momento de la comida. Ya teníamos hambre después de estar dándonos un buen tute matutino. No me acuerdo ni donde, ni que comimos, pero seguro que no fue barato, justo estábamos en la playa más visitada, con lo cual, la playa más cara para los turistas. Lo mejor para los que tengáis intención de ir por estos lugares es que os preparéis un bocatas de salami y unas cervecillas, el bolsillo lo agradecerá.

Casi sin descanso ni siesta nos fuimos al siguiente punto de visita, el cementerio americano. Está en el municipio de Colleville sur Mer con la playa de Omaha a sus pies. No podían haber escogido un lugar mejor para dar descanso y rezar a los muertos por esa batalla. En el se encuentran enterrados más de 9000 soldados que murieron en la segunda guerra mundial, además de uno que murió en la primera guerra. Este es un hijo del presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt, Quentin. Fue enterrado junto a otro hijo del presidente que murió en la segunda guerra, Theodore Jr.

También están enterrados dos de los cuatro hermanos Niland que lucharon en la segunda guerra. En la historia de estos se inspiró Steven Spielberg para hacer “Salvar al soldado Ryan”

Si bien hacía un día estupendo, el abotargamiento se apoderaba de nuestros cuerpos tras haber comido y había momentos que estábamos allí, pero como si no estuviéramos.

Eran las tres de la tarde cuando terminamos la visita al cementerio americano y media hora después estábamos aparcando a los pies de la batería de Longues sur Mer.

Esta iba a ser la última batería del muro atlántico que íbamos a ver en estas vacaciones. Algunos pensaron “ya está bien de tanto cañón” Puedes acceder sin ningún tipo de cortapisa, no está encerrada en un recinto, ni posee ningún museo, ni nada de nada. Solo hay un pequeño aparcamiento al lado con un pequeño punto de información turística.

Se puede pasear, subirse encima, entrar en las casamatas o ir al punto de tiro libremente. Además no está abandonado a la mano de Dios, tiene sus alrededores con la hierba bien cortada y muy limpico el suelo. Además te encuentras que los cañones que están en los bunkers son los auténticos de tiempo, nadie se los ha llevado, ni están reconstruidos. Están tal cual los dejaron los británicos después de tomarla.

La batería consta de cuatro casamatas de disparo y su bunker del puesto de tiro. Por supuesto, en su momento también disponía de puestos de ametralladoras y antiaéreos, que ahora apenas los descubres, pero eso si, están ahí, así que hay que ir con cuidado, sobre todo, fuera de los caminos por si caes en alguno de ellos.

Fue bombardeada los días anteriores al desembarco (apenas le hicieron rasguños) y luego atacada por varios barcos de la flota aliada hasta que el día 7 fue tomada muy fácilmente por soldados ingleses procedentes de Gold beach.

Estuvimos paseando por los bunkers, los críos subiéndose a los cañones, nos hicimos una fotico en un Willis que algún voluntario lo llevo ese día. Cuando llegó el momento de ir al puesto de tiro todos se rajaron salvo mi hermano, mi hija y un menda lerenda. La verdad es que el día había sido largo y aunque no eran ni siquiera las cinco de la tarde, el cansancio empezaba a tocarnos los músculos.

El puesto de tiro está muy bien conservado, apenas le dispararon, tiene algún que otro cañonazo, pero apenas afecto a la estructura. Está situado a 300 metros de los bunkers, al borde del pequeño acantilado. Tiene una visibilidad magnífica de lo que se le venía encima. La batería cubría las playas de Omaha y Gold, gracias al alcance de sus cañones.

Después de estar subiendo y bajando por el puesto nos fuimos adonde estaban los otros, que estarían cansados pero se estaban tomando un heladito bueno para recuperar fuerzas.

Hoy casi se habían acabado las visitas culturales. Digo casi porque todavía íbamos a bajar a Bayeux a ver un espectáculo de luz y sonido que hacen todos los veranos sobre la catedral y un árbol centenario que hay al lado.

Llevábamos tiempo viendo carteles por los postes en las carreteras anunciando el evento y pensamos que podía esta bien verlo. Así que después de descansar un rato en casa y tomar algo de cena nos acercamos a Bayeux, solo se quedaron en casa Toñi y Mariluz. Se arrepintieron.

El espectáculo fue un espectáculo, valga la redundancia. Mientras la catedral era iluminada con distintos dibujos o luces de colores, en el árbol de la libertad (así lo llaman allí porque fue plantado tras la revolución francesa, el de Bayeux dicen que fue plantado en 1797) eran proyectadas imágenes acompañadas con música o historias. Alucinante. Lo bueno fue que no había mucha gente, sobre todo, debido a que no se hacía solo un pase en todo el verano, se iban haciendo cada dos o tres días durante los meses de julio y agosto.

Ya de madrugada nos recogimos en nuestra madriguera esperando la llegada de la nueva luz del nuevo día.

Hasta pronto.

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No todo era historia bélica. Este día se iba a dedicar más al arte que a otra cosa.

El segundo día lo íbamos a dedicar a ver Caen. Antes de empezar comentar para los no francófonos y/o ignorantes en el tema como yo, que la pronunciación de Caen no es tal y como muchos lo decimos aquí en España, sino es como una “o” más abierta y nasalizada, como entremedias de cong y cang, una “o” más abierta o una “a” más cerrada. Mu rara, tu.

Después de esta aclaración fonética sigo con el tema que nos atañe.

Empezamos temprano, como es costumbre en las vacaciones, para llegar a primera hora a la gran ciudad de Normandía y así no nos quiten el sitio. En realidad es la tercera ciudad de Normandía. Le Havre y Rouen (capital de la región) son más grandes, aunque no por mucho.

Llegamos tan temprano que no había abierto todavía el castillo o fortaleza y nos dimos una vueltecilla por las calles aledañas. Paseamos por los alrededores de la catedral, la iglesia de San Pedro, a la que accedimos antes del castillo ya que estábamos al lado de ella.

Aunque se denomina iglesia, los turistas la llamamos catedral de Caen, pero en realidad la ciudad no es un obispado, con lo que no puede ser catedral. Pinta tiene de ello. Sin embargo, en Murcia hay catedral y el obispado está en Cartagena, con lo que puede ser que haya catedral sin que sea necesariamente sede del obispado. Así que para mi es catedral.

Gótica y renacentista más algún que otro estilo. Sólo tiene una torre-campanario, en el lado derecho conforme miras la fachada, que fue destruida en la reconquista de Europa en la segunda guerra mundial por parte de los aliados, y posteriormente reconstruida en su totalidad. Esta mide seis metros más que la catedral de Notre-Dame de París, sin embargo no da la sensación de ser (ni es) tan grande como ella porque solo tiene una torre y porque la nave es más corta y más baja que Notre-Dame.

Esta situada en un lugar privilegiado, la plaza de San Pedro, con toda una zona verde enfrente y con el castillo mirándola. Desde este se ve hermosa y limpia, sin que haya nada delante que entorpezca su visión. No puedo pasar sin poneros una foto de como estaba la catedral en 1944. La foto está tomada desde la fortaleza y en aquella época se ve que si había unos edificios entre esta y la catedral. Hoy solo es una zona verde. Mas bonita, urbanísticamente hablando.

Por cierto, hay que decir, para que no haya problemas legales que la foto está tomada desde la wikipedia y según ella pertenece a la colección de Imperial War, y fue hecha por el Mayor Stewart del 5º Army Film and Photographic Unit.

Tras la rápida visita de la catedral, tocaba asomarnos al castillo. Estaba justo enfrente, como ya he dicho. Accedimos a el por la puerta de San Pedro (¿porqué será que le han puesto ese nombre?) El castillo es más que un castillo, es una zona amurallada en la que su interior se encuentran varios lugares que visitar, un par de museos, una pequeña iglesia y unas ruinas de lo que fue una torre prisión. Además tiene grandes explanadas con varios miradores hacia la ciudad o con un pequeño grupo de esculturas al aire libre.

Nosotros empezamos por esta última. Accedimos a las esculturas por un pasillo en cuesta, que también te llevaba a la terraza del restaurante, y por el que entrábamos a un recinto cerrado entre las murallas del castillo y las paredes del restaurante. La cuadrícula era muy simple, y las esculturas estaban subidas a postes lo que le hacía un recinto un tanto soso, con lo que estuvimos más bien muy poco tiempo.

De aquí nos fuimos a allí, a la iglesia, pasando de largo el museo de bellas artes. La iglesita se vio mu rápida, era mu pequeñita y sin grandes artificios. Así que continuamos nuestro camino, eso si, cada uno por un lado, los primos por un lado, las cuñadas por otro y los hermanos cada uno por su lado para no estorbarse.

Una vez paseado por todas las esquinas del recinto y con las tripas que empezaban a crujir decidimos salir del castillo e irnos a comer. Para ello nos fuimos por la puerta de los Campeones. No es que seamos unos campeones, que si, es que la puerta se llama así. Además era la puerta más cercana al lugar de restauración del centro de la ciudad al que íbamos a ir. Solo hacía falta cruzar la calle y llegábamos a una calle peatonal muy mona, con casas combinadas de madera y piedra, en la que había muchos bares y restaurantes. ¿El problema?, que eran muy caros, o muy pitiminí, o solo hamburgueserías (lo que querían los críos, y no lo queríamos los adultos), o no entendíamos el menú, o un conjunto de todo esto unido.

En fin, una vez recorrido los doscientos metros de calle para abajo y para arriba, nos decidimos por uno, La Poterne. No es que fuera una mala decisión, pero no fue muy acertada. Entre que no sabíamos demasiado el francés y que los camareros no sabían el español, no supimos lo que pedíamos y algunos acertaron y otros no. Es lo que suele pasar cuando no sabes idiomas.

No nos entretuvimos mucho en hacer la sobremesa, lo dicho, no estuvimos muy a gusto. Así que cogimos otra vez las zapatillas y salimos a ver más ciudad, esta vez hacia la Abadía de las Damas, o también de la Trinidad. Es una de las dos grandes abadías que hay en la ciudad, una es esta y la otra es la de los Hombres a más o menos un kilómetro de la de la Trinidad. La abadía fue creada por la reina Matilde, esposa del rey Guillermo el conquistador. En la iglesia todavía está la tumba de la reina Matilde. La abadía de las Damas, como la de los Hombres, tienen casi 1000 años de existencia, en los cuales han pasado numerosas vicisitudes, saqueos, guerras, etc. Desde 1986, además de abadía, es sede del Consejo Regional de la Basse-Normandie.

Hicimos una visita muy rápida al interior de la iglesia, que era lo único que se podía visitar de los edificios, y nos fuimos a dar una vuelta por los jardines más cercanos a la iglesia, precisamente donde está situado el edificio del Consejo Regional.

Lo malo era la modorra de después de comer. Empezaba a pesar en los cuerpos, pero no podíamos caer, no podíamos hacer que ganara la modorra frente a nuestras ganas de ver y conocer cosas. Con lo que teníamos que movernos para despejarnos. Nos íbamos a la otra gran abadía, la de los Hombres o de San Esteban. Para ello volvimos a deshacer nuestros pasos hasta llegar a la puerta de la catedral y de allí seguimos rectos por la calle de San Pedro, peatonal y llena de vida, se puede decir que es la calle principal o una de ellas.

Paseamos bajo el sol normando que, aunque menos caluroso, también pegaba bien. En mitad de la calle dejamos de lado la iglesia de Sant Sauveur y seguimos hasta el final de la calle que se bifurca en la calle Arcisse de Caumont y la calle Ecuyere. Es esta la que tomamos hasta la plaza Fontette, y de ahí a la izquierda hasta la explanada del Ayuntamiento, edificio que era parte de la abadía, justo pegado a la iglesia de San Esteban. Este complejo también fue realizado bajo el hospicio de Guillermo el conquistador y su mujer Matilde. Aquí es donde yace Guillermo. Es curioso que estuvieran unidos en vida y en la muerte separados, como si fuera un propósito de la iglesia (que perverso soy), ya que en vida la iglesia no vio bien la unión de ambos pues eran parientes, lo que, para resarcirse, los tortolitos proyectaron y realizaron ambas abadías. Pero cuando la muerte llegó ambos fueran separados, como la iglesia quiso en tiempos anteriores, y enterrados cada uno en sus abadías correspondientes.

Bueno continuemos. Enfrente de la explanada están las ruinas de la vieja iglesia de San Esteban ¿De que época serán si son más antiguas que la iglesia de la abadía? Si esta consta que es del siglo XI, la vieja tendrá los mil años fijo. En fin, ya me enteraré algún día, o no, de que año es. Las ruinas solo las vimos desde la lejanía, desde la explanada, ya que el paseo no nos despejó y solo estábamos más agotados (que flojos somos) Algunos nos sentamos en los bancos que había por allí con el peligro de que no nos pudiéramos levantar nunca más. Con gran esfuerzo conseguimos situarnos en vertical y mover los restos de nuestro bodies hacia la iglesia que vimos con muy pocas ganas y deprisa y corriendo, como se dice por ahí.

Seguro que Caen tiene más cosas que ver, al final solo fueron unas seis horas las que pasamos allí, pero aquí ya dijimos que habíamos dado todo por esta bonita ciudad, con lo que empezamos el camino de regreso al coche. Volvimos a la plaza Fontette donde habíamos localizado una pequeña heladería y nos aprovisionamos de unos politos para refrescarnos un poco. Con ellos en la mano pillamos la calle Sant Sauveur hasta llegar al castillo. Lo rodeamos y nos fuimos hasta la calle de la Délivrande que era donde estaba la furgo.

De vuelta paramos otra vez en el Carrefour de Bayeux a coger provisiones y papel higiénico (muy importante). Y ya justo antes de llegar a casa nos detuvimos en un chateau y nos hicimos unas foticos. Bueno, en realidad solo se hizo Mariluz las foticos porque los demás se quedaron en la furgoneta como ratas escondidas del gato del casero.

Y ya llegó a su fin este día con la esperanza de que al día siguiente el sol volviera a salir por el este y nos iluminara en nuestro camino al siguiente punto.

Hasta pronto.

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Hace ya mucho tiempo que tenía ganas de combinar el viaje de verano con una de mis aficiones, la historia de la segunda guerra mundial. Era difícil ya que no voy solo y hasta ahora solo había conseguido ver el museo de la segunda guerra mundial de París, el que está en los Inválidos. Pero en el verano del 2016 conseguí convencer a mi mujer e hijos para visitar Normandía y así disfrutar de dos de mis aficiones, viajar y la IIGM. Encima, al enterarse, se unió mi hermano con su mujer y dos de sus hijos. Total que fuimos ocho al viaje, con lo que se hizo más ameno para todos, los primos iban por un lado, las mujeres por otros y los hermanos por otro, aunque todos juntos.

Partimos un día como otro cualquiera de verano para Madrid, donde haríamos noche en el Axor Barajas y aprovecharíamos tanto para dejar en su garaje los coches y como su shuttle para acercarnos al día siguiente a la terminal correspondiente y pillar el avión a París. El hotel merece la pena por lo bien que está y por sus servicios, sobre todo, si el avión que tienes que coger sale temprano. Si tu salida es al mediodía o más tarde te puedes ahorras el dormir y el parking de larga estancia de Barajas es unos 30€ más barato que el hotel por semana. Pero en nuestro caso, el avión salía sobre las 8,30 y preferimos salir un día antes que viajar por la noche y no arrastrar el cansancio el resto del día.

En Madrid poco pudimos hacer (por no decir nada), el hotel está pegado al aeropuerto y simplemente salimos por los alrededores para estirar las piernas después del viaje de cuatro horas desde Murcia, y para cenar en un restaurante cercano, que, por cierto, no nos gusto mucho, sobre todo por la calidad-precio. La comida no estuvo mal, pero se subieron un poco a la parra a la hora de cobrar. El restaurante se llama Arte-Sano. De aquí a la piltra que al día siguiente teníamos que madrugar.

Con las legañas todavía pegadas a los ojos nos montamos en el shuttle en dirección a la terminal 1 (creo que era esa) para montar en Easyjet en dirección al aeropuerto Charles de Gaulle. De los tres aeropuertos de París elegimos ese por que era mas fácil ir hacia Normandía. Desayunamos en el aeropuerto un café malo con un bizcocho pedorro y ya os podéis imaginar que no resultó precisamente barato. Nos montamos, volamos, aterrizamos, recogimos un par de maletas que facturamos y nos fuimos al mostrador de Sixt a por la furgona que nos estaba esperando en el parking. Aclaramos todos los detalles del alquiler y salimos del aeropuerto en dirección a París.

No era necesario que pasáramos por París, pero una petición de Alejandro (no se acordaba de cuando estuvo aquí con cuatro añitos) y secundada por todos los demás hizo que nos adentráramos en la ciudad de la luz, principalmente a ver y comernos un bocata al pie de la torre Eiffel. Y eso hicimos, compramos unos bocadillos por el camino a ella y luego nos sentamos en los jardines de Trocadero con la torre a la vista entre los árboles a zampárnoslos.

Un tiempo después recogimos las mantas y nos fuimos para Normandía. Nos esperaban casi trescientos kilómetros, prácticamente todo por autopista de peaje, más caras que las españolas, pero bastante mejores y además te permiten ir un poco más deprisa.

Nuestro destino estaba en la localidad de Maisons, perteneciente a la provincia de Bayeux. La casa que alquilamos se llama “Le moulin de la Fosse Soucy”. La casa está genial para los ocho que fuimos, un poco cara (poco más de 1200 euros), pero como tardé un tiempo en reservarla me quitaron las baratas y nos tuvimos que quedar con esta. De todas formas, como ya he comentado, la casa está muy bien y los dueños fueron muy diligentes, nos ofrecieron mucha información de la zona, tanto turística como de festejos o eventos, y estuvieron para lo que necesitáramos. La localización de la casa está genial para el que quiere visitar las playas del desembarco. Justo en medio de la playas, la única que pilla un poco más alejada es la playa de Utah (unos 60 kilómetros al oeste) o la batería de Merville (unos 70 kilómetros al este)

Llegamos sobre las 6 de la tarde, buena hora para los franceses, sorteamos las habitaciones, colocamos las cosas y nos bajamos a Bayeux al Carrefour que nos dijo la casera (por cierto, cierran a las ocho de la tarde) Compramos el desayuno y algo para bocatas y cenas y nos fuimos para la casa a descansar. Aun así el día todavía duraría, hasta las once y pico íbamos a tener luz, por lo que se hacía raro estar en la casa. Pero con el cansancio acumulado de tanto ir de allá para acá nos fuimos a sobar que al día siguiente empezaría nuestro desembarco.

Así que, hasta pronto.

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