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Posts Tagged ‘Fière’

Otro día en el paraíso.

El cuarto día en Normandía volveríamos a visitar pueblos y lugares del desembarco. Esta vez íbamos a ir a la otra punta del desembarco. Si el primer día empezamos por la invasión de los paracaidistas británicos de la zona este, hoy íbamos a ir la zona oeste con la 82ª y la 101ª aerotransportada americana.

Un poquito de historia que tanto os disgusta.

Al igual que en el este y a la misma hora, fueron lanzados miles de soldados paracaidistas americanos en la península de Cotentin, a unos pocos kilómetros en el interior desde la playa de Utah, sobre la zona del pueblo de Sainte Mère Église. Principalmente porque era un punto estratégico de cruces y puentes para conquistar y proteger hasta la llegada de las tropas desde la playa.

Muchos de los paracaidistas murieron ahogados ya que los alemanes habían inundado muchas zonas precisamente para que le fuera difícil al enemigo descender o moverse por la zona. Los paracaidistas tenían previsto caer al oeste del pueblo, pero unos cuantos cayeron por error en el mismo pueblo cuando, precisamente, estaban todos los alemanes intentando apagar un incendio en una casa, con lo que casi los estaban esperando. Fue una masacre. Como curiosidad, que muchos ya sabréis si os gustan las pelis de la segunda guerra mundial, uno de los paracaidistas, John Steele, vio todo sin poder hacer nada pues quedó colgado de uno de los pináculos de la iglesia, y se mantuvo en el hasta que los alemanes se dieron cuenta que estaba vivo y lo hicieron prisionero. Fue uno de los pocos que se salvo de los que cayeron en la ciudad.

El resto de los paracaidistas corrieron diversa suerte (la operación fue más desastrosa que exitosa), aunque, eso si, consiguieron tomar y defender varios puntos desde los cuales el resto de las tropas consiguieron avanzar con algún que otro problema en el objetivo principal de reconquistar Francia.

En cuanto al desembarco por mar (perdón por la tontería, no puede haber un desembarco por tierra) fue más exitosa que la aérea aunque casi sin querer. Me explico. Las embarcaciones destinadas a la playa Utah iban a desembarcar en una zona, pero un error de cálculo hizo que lo hicieran unos kilómetros más al sur, con lo que no sufrieron muchos cañonazos de las batería de Crisbecq y Azeville. También había menos tropas de las esperadas esperándoles con los que también fue más fácil el asalto a la playa.

El “único” problema fue que al salir más al sur tardaron más en encontrarse con las tropas caídas del cielo y así avanzar más rápidamente. Eso sí con más o menos rapidez llegaron a Sainte Mère Église y consiguieron liberarla. Fue una de las primeras poblaciones que fueron liberadas en el desembarco y la primera que se liberó en la península de Cotentin.

Creo que ya está bien de historia, aunque amenazo con volver, je, je.

Yendo a lo que hicimos nosotros ese día lo empezamos con una baja en el equipo. Mariluz no se encontraba bien, así que tomamos la decisión de ordenar a su marido que se quedara con ella para que no hiciera ninguna tontería (luego nos enteramos que fue sobornado e hicieron una tontería perdonable) Los restantes seis nos montamos en nuestra carroza mágica y cabalgamos hacia la guerra.

Justo a la hora oportuna llegamos a la batería de Crisbecq, el lugar más lejano del día, y desde allí íbamos a ir acercándonos otra vez a casa. A las nueve de la mañana abrían el pequeño museo de la batería. La batería no se había terminado de construir en el momento del desembarco, pero tenía dos casamatas para los cañones que si estaban conclusos. Los demás cañones estaban al descubierto. El lugar fue bombardeado la noche anterior al desembarco provocando daños, pero no los suficientes como para dejarla inactiva, es más, uno de los cañones hundió uno de los barcos aliados.

Lo que si no pudo hacer fue atacar las posiciones del desembarco en la playa debido a lo que ya he dicho anteriormente de la equivocación aliada de llevar unos kilómetros al sur las tropas a desembarcar. En la misma batería de Crisbecq se situaba la posición de tiro de otra batería, la de Azeville (que luego veríamos de pasada), ya que no tenía visión directa al mar, cosa que no entiendo por parte de los alemanes, dejará de haber sitios en Normandía para acercar la batería hasta el lugar oportuno. Pues al parecer no.

Estuvimos paseando y visitando cada edificio y emplazamiento de los cañones, incluso uno que está fuera del museo. Debe ser que el paisano poseedor de esas tierras no ha querido vendérselo al museo. Seguro que pide más pasta. Bueno, que me desvío del tema. En varios edificios hay recreaciones de lo que fue cada uno, enfermería, cocina, etc… Lo que me pareció más curioso fue enterarme de lo que le había pasado a una de las casamatas, la que esta en la entrada. Está totalmente hundida y destruida, solo queda el cañón, que evidentemente ha sido colocado posteriormente para poder ver y situarte de como era la casamata. Yo pensé que había sido destruida por la acción de los cañones de los barcos, pero no fue así. Resulta que el hundimiento del pedazo de techo de tres metros de grosor se debió al mal manejo de la artillería por parte de los americanos cuando estos terminaron por tomar la batería. Un par de días (más o menos) después  de la conquista, estos estaban manejando lo que quedaba de arsenal en el interior de la casamata cuando explotó todo el arsenal, lo que hizo que todo el bloque se levantara, se partiera y cayera totalmente hundido en el interior del bunker. Que explosión no sería para conseguir lo que no pudieron hacer los barcos, destrozar la casamata.

En el asalto en los días posteriores al desembarco (los días 7 y 8 de junio), los alemanes tuvieron que tomar la decisión de pedir ayuda a la batería cercana de Azeville, pidiéndoles que las bombardearan para hacer que se fueron los asaltantes. Uno de los zambombazos que lanzaron desde Azeville tuvo el tino de entrar por la misma puerta de uno de los bunkers auxiliares dejando un boquete de un metro de diámetro, más o menos. Espectacular. Y que casualidad.

La visita se alargó más de lo esperado, pero es que cuando uno está disfrutando de lo que ve no se da cuenta de como corre el tiempo. Además, al contrario de otras baterías o lugares que visitamos, en esta nos dieron un par de papeles explicativos de lo que era cada sitio, y eso te da pie a que veas cada piedra de distinta manera. Lo vives más.

Sobre las 10 y media nos fuimos hacia la batería de Azeville, a apenas unos 5 kilómetros de la de Crisbecq. Aparcamos la furgoneta y nos dimos una vueltecilla por el par de bunkers que hay justo al lado del aparcamiento. Nos subimos encima, entramos en los pocos agujeros que era posible entrar.

Justo al otro lado de la carretera que divide la batería están las otras dos casamatas a las que para acceder tienes que pagar (normal). Como acabábamos de ver la otra batería y apenas había un par de casamatas, decidimos no pagar, lo único que hicimos fue pasear al lado de la valla y ver las pinturas que tenían las casamatas, que simulaban la pinturas que tenían en aquel tiempo para camuflarlas y hacer creer que eran casas en lugar de bunkers. Aunque nos fuimos tan felices de no habernos perdido nada, resulta que si nos perdimos la cantidad de cientos de metros laberínticos subterráneos que tenía la batería, donde estaban todas las dependencias. Bueno, la próxima vez que visite la zona entraré.

Como historia no se puede contar mucho más que cualquier otra batería, salvo lo que he contado anteriormente, que su posición de tiro se encontraba en la de Crisbecq, principalmente porque las cabeza pensantes alemanas fueron un tanto inútiles a la hora de colocar una batería que tenía que disparar a barcos en un sitio en el que no se veía el mar. Otra cosa, que también le sucedía a muchas baterías, era que estaba inacabada en el momento de la invasión. Y como nota curiosa, que los soldados estaban tan aburridos que se montaron una piscina, un campo de fútbol y hasta un casino.

Llegaba el momento estrella del día, la visita del pueblo de Sainte Mère Église y del Museo Aerotransportado, uno de los mejores de toda Normandía.

El pueblo es pequeñito, pero muy turístico debido a la segunda guerra mundial. Y a pesar de la gente que había nos fue muy fácil aparcar la furgo en pleno centro del mismo, justo al lado de la plaza. Y lo primero que había que hacer era tomarse algo antes de que nos cayéramos desfallecidos. En la misma plaza nos tomamos un cafelito y unas pastas. Tras eso y la visita a una tienda de souvenirs militares, nos dispusimos a ver al soldado Steele colgado del pináculo de la iglesia, principal atracción turística del pueblo hasta que se abrió el museo.

Lógicamente, visitamos la iglesia por si tenía algo merecedor. No tiene gran cosa, es más lo único reseñable por mi eran las vidrieras modernas en la que salían paracaidistas al lado de la Virgen.  Otra vez fuera, hicimos un ligero paseo por la plaza y viendo que si entrábamos al museo a esa hora (sobre la 12), seguramente no comeríamos hasta las cuatro de la tarde y sabiendo como son los franceses para sus horarios, a esa hora solo comeríamos donuts o algo similar, con lo que tomamos la osada decisión de comer, ¡¡¡a las doce!!! Había que hacerlo. En la plaza no había mucho donde elegir, pero había un hueco en una pizzería en el lado contrario de la plaza con respecto a la iglesia, y a 10 metros de la taquilla del museo, y allá que fuimos.

Comimos visto y no visto y sobre la una menos cuarto ya estábamos dentro del museo, del pedazo de museo.

Es pec ta cu lar.

El museo es uno de los mejores de Normandía, aunque me faltarán unos cuantos (hay infinidad) por visitar. Está principalmente dedicado a las divisiones 82ª y 101ª aerotransportadas del ejército de los Estados Unidos. Se inauguró en 1964 y en un principio solo tenía un edificio. Por cierto, está construido en el lugar de la casa que se incendió previamente a la caída de los paracaidistas americanos y que hizo que desvelara, con la luz del fuego, su caída.

Actualmente tiene tres, cada cual más interesante. En uno, el más viejo, hay un planeador original Waco, que además es el único que hay en Francia. Lo mejor es que lo han adaptado para que puedas subirte y poder ver como era su interior y como iban los paracaidistas. El edificio es redondo, simulando un paracaídas de la época y alrededor del planeador hay infinidad de vitrinas con multitud utensilios y enseres que llevaban los soldados en la guerra.

El segundo edificio, inaugurado unos 20 años después, contiene un avión original Dakota C-47. La pena es que no pudimos subirnos a el, solo lo puedes observar desde fuera. Y el tercer edificio, el más moderno contiene simulaciones de esos días, de los lanzamientos y de las luchas por los puentes y de los pueblos.

Fue una visita más o menos rápida, apenas una hora y media, pero yo personalmente disfruté como un bebé saltando en un charco. Recomiendo la visita del museo, aunque no se sea muy aficionado a lo que pasó en la segunda guerra mundial, o no se sea a la guerra en general. Si sabes inglés o francés puedes aprender bastante de lo que pasó en esos días. Un último detalle curioso, si no recuerdo mal, el museo está financiado por donaciones de los americanos principalmente.

Ya habíamos acabado con el pueblo de Sainte Mère Église y tocaba avanzar en nuestro cometido. Ahora nos íbamos a acercar a un pequeño lugar, que parece actualmente insignificante, pero que fue uno de los sitios donde se peleó con más fiereza de los días del desembarco por los paracaidistas de la 82ª división. Al Memorial Paracaidista o Memorial Iron Mike. Fue donde se produjo la batalla de la Fière.

Los paracaidistas que cayeron la noche del 5 al 6 de junio debían tomar diversas zonas y puentes, entre estos estaba este de la Fière. Entre unas cosas y otras se tardó cuatro días en tomar este puente “insignificante” sobre el Merderet, un río que prácticamente se puede saltar, apenas tiene unos cinco metros de ancho. Visto ahora parece fácil, pero entonces, toda la zona al oeste del puente estaba inundada y era impracticable, con lo que no solo había que capturar el puente sino una franja bastante larga de carretera que encima no tenía protección de árboles, casas o montículos. La “batallita” duró cuatro largos días en terminarse. Y en memoria a las vidas perdidas y a los que sobrevivieron en la lucha se colocó este memorial, una estatua de un soldado estadounidense mirando hacia el oeste.

Tras unos minutos haciendo fotos y pastando como las vacas por los verdes prados, cogimos otra vez carretera y manta y partimos hacia Utah beach, nuestro último destino del día. En el camino que nos llevaba a la playa y a un par de kilómetros a la salida del pueblo de Sainte Marie du Mont paramos a hacer una foto a una estatua que me pareció interesante y que estaba en medio de la nada acompañada por un par de banderas de Estados Unidos y de Francia y rodeada de maizales. Después me enteré que estaba dedicada a un grande de la segunda guerra mundial, estaba dedicada a Richard D. Winters. Dicho así seguramente a nadie os sonará el nombre, pero a lo mejor os suena más si os digo que era el oficial al mando de la Compañía Easy que fue llevada a la pequeña pantalla en la serie “Hermanos de sangre” y que relata su vida desde el entrenamiento en Inglaterra hasta el final de la guerra cuando llega al retiro de Hitler en Berchtesgaden.

Tras hacer la foto sin querer queriendo, como diría el Chavo del ocho, continuamos para la playa. Enseguida llegamos y aquí si nos dimos cuenta de como pudo ser el desembarco. A ver, faltaban muchas cosas, bunkers, nidos de ametralladoras, los barcos, etc., pero si que estaba la playa cuasi tal cual estaba entonces. En esta zona no ha habido el boom del ladrillo o simplemente se ha protegido la naturaleza, no como la zona de las playas del este, Sword, Juno y Gold, que, aunque había pueblos costeros, también se construyó cerca de la playa.

Además, al ser verano, las playas estaban abarrotadas de gente, mientras que en Utah solo había gente viendo el lugar del desembarco, como mucho un par de paisanos paseando al perro. De esta manera, uno podía imaginar como fue la batalla, sin que hubiera ningún obstáculo que dificultara la visión.

Podíamos haber entrado al museo de la playa, pero como en las anteriores, decidimos no hacer tanto gasto. Parece que no, pero si hubiésemos visitado todos los museos que más o menos teníamos previsto visitar, nos hubiésemos gastado unos 50 o 60 euros diarios por persona, con lo que hubiéramos llegado aproximadamente a los 1000 euros solo en entradas de museos en mi familia. Una pasta.

Volvamos al tema. Estuvimos viendo los tanques que habían apostado por allí las autoridades pertinentes, las lanchas de desembarco, los obstáculos alemanes, y sobre todo, la playa. Es enorme, tu. No llegas a su fin con la vista.

El día era soleado y con el mar enfrente solo tenías una opción, meter los pies en el. Y eso hicieron los chiquillos. La tarde solo transmitía paz, el mar tranquilo, con una brisilla que apenas te movía los pelillos, sin ruidos ni ladridos. Lo que se suele venir llamándose, tranquilidad. Lo único que apetecía era quedarte mirando la inmensidad de la playa y el mar. Tal vez leyendo un libro mientras pasan los minutos. Tal vez charlando con tu mujer o con los críos. Tal vez simplemente viendo pasar las horas. Lo que se perdieron Joaqui y Mariluz.

Minutejos después de poner los juanetes en agua salada, llegaba la hora de volver a la carretera. Sobre las cinco y media partíamos ya hacia casa, se había acabado el día. Nos quedaba todavía una hora de camino, aunque pudo ser menos sino hubiésemos estado vagando por esos caminejos sin rumbo ni dirección hasta que pudimos llegar a la nacional. Este día nos perdimos el museo de tanques que hay cerca de Carentan, pero el tiempo es el tiempo y no pudo ser.

Cuando llegamos a casa nos encontramos que Mariluz se encontraba mejor (estupendo) y que habían aprovechado para acercarse al pueblo de Port-en-Bessin. Estaba a un paseo de seis kilómetros entre ida y vuelta.

Esto es lo que dio el día, así que cenamos, charlamos, chateamos, y nos fuimos al catre.

Hasta pronto.

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