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Posts Tagged ‘Iglesia vieja de San Esteban’

No todo era historia bélica. Este día se iba a dedicar más al arte que a otra cosa.

El segundo día lo íbamos a dedicar a ver Caen. Antes de empezar comentar para los no francófonos y/o ignorantes en el tema como yo, que la pronunciación de Caen no es tal y como muchos lo decimos aquí en España, sino es como una “o” más abierta y nasalizada, como entremedias de cong y cang, una “o” más abierta o una “a” más cerrada. Mu rara, tu.

Después de esta aclaración fonética sigo con el tema que nos atañe.

Empezamos temprano, como es costumbre en las vacaciones, para llegar a primera hora a la gran ciudad de Normandía y así no nos quiten el sitio. En realidad es la tercera ciudad de Normandía. Le Havre y Rouen (capital de la región) son más grandes, aunque no por mucho.

Llegamos tan temprano que no había abierto todavía el castillo o fortaleza y nos dimos una vueltecilla por las calles aledañas. Paseamos por los alrededores de la catedral, la iglesia de San Pedro, a la que accedimos antes del castillo ya que estábamos al lado de ella.

Aunque se denomina iglesia, los turistas la llamamos catedral de Caen, pero en realidad la ciudad no es un obispado, con lo que no puede ser catedral. Pinta tiene de ello. Sin embargo, en Murcia hay catedral y el obispado está en Cartagena, con lo que puede ser que haya catedral sin que sea necesariamente sede del obispado. Así que para mi es catedral.

Gótica y renacentista más algún que otro estilo. Sólo tiene una torre-campanario, en el lado derecho conforme miras la fachada, que fue destruida en la reconquista de Europa en la segunda guerra mundial por parte de los aliados, y posteriormente reconstruida en su totalidad. Esta mide seis metros más que la catedral de Notre-Dame de París, sin embargo no da la sensación de ser (ni es) tan grande como ella porque solo tiene una torre y porque la nave es más corta y más baja que Notre-Dame.

Esta situada en un lugar privilegiado, la plaza de San Pedro, con toda una zona verde enfrente y con el castillo mirándola. Desde este se ve hermosa y limpia, sin que haya nada delante que entorpezca su visión. No puedo pasar sin poneros una foto de como estaba la catedral en 1944. La foto está tomada desde la fortaleza y en aquella época se ve que si había unos edificios entre esta y la catedral. Hoy solo es una zona verde. Mas bonita, urbanísticamente hablando.

Por cierto, hay que decir, para que no haya problemas legales que la foto está tomada desde la wikipedia y según ella pertenece a la colección de Imperial War, y fue hecha por el Mayor Stewart del 5º Army Film and Photographic Unit.

Tras la rápida visita de la catedral, tocaba asomarnos al castillo. Estaba justo enfrente, como ya he dicho. Accedimos a el por la puerta de San Pedro (¿porqué será que le han puesto ese nombre?) El castillo es más que un castillo, es una zona amurallada en la que su interior se encuentran varios lugares que visitar, un par de museos, una pequeña iglesia y unas ruinas de lo que fue una torre prisión. Además tiene grandes explanadas con varios miradores hacia la ciudad o con un pequeño grupo de esculturas al aire libre.

Nosotros empezamos por esta última. Accedimos a las esculturas por un pasillo en cuesta, que también te llevaba a la terraza del restaurante, y por el que entrábamos a un recinto cerrado entre las murallas del castillo y las paredes del restaurante. La cuadrícula era muy simple, y las esculturas estaban subidas a postes lo que le hacía un recinto un tanto soso, con lo que estuvimos más bien muy poco tiempo.

De aquí nos fuimos a allí, a la iglesia, pasando de largo el museo de bellas artes. La iglesita se vio mu rápida, era mu pequeñita y sin grandes artificios. Así que continuamos nuestro camino, eso si, cada uno por un lado, los primos por un lado, las cuñadas por otro y los hermanos cada uno por su lado para no estorbarse.

Una vez paseado por todas las esquinas del recinto y con las tripas que empezaban a crujir decidimos salir del castillo e irnos a comer. Para ello nos fuimos por la puerta de los Campeones. No es que seamos unos campeones, que si, es que la puerta se llama así. Además era la puerta más cercana al lugar de restauración del centro de la ciudad al que íbamos a ir. Solo hacía falta cruzar la calle y llegábamos a una calle peatonal muy mona, con casas combinadas de madera y piedra, en la que había muchos bares y restaurantes. ¿El problema?, que eran muy caros, o muy pitiminí, o solo hamburgueserías (lo que querían los críos, y no lo queríamos los adultos), o no entendíamos el menú, o un conjunto de todo esto unido.

En fin, una vez recorrido los doscientos metros de calle para abajo y para arriba, nos decidimos por uno, La Poterne. No es que fuera una mala decisión, pero no fue muy acertada. Entre que no sabíamos demasiado el francés y que los camareros no sabían el español, no supimos lo que pedíamos y algunos acertaron y otros no. Es lo que suele pasar cuando no sabes idiomas.

No nos entretuvimos mucho en hacer la sobremesa, lo dicho, no estuvimos muy a gusto. Así que cogimos otra vez las zapatillas y salimos a ver más ciudad, esta vez hacia la Abadía de las Damas, o también de la Trinidad. Es una de las dos grandes abadías que hay en la ciudad, una es esta y la otra es la de los Hombres a más o menos un kilómetro de la de la Trinidad. La abadía fue creada por la reina Matilde, esposa del rey Guillermo el conquistador. En la iglesia todavía está la tumba de la reina Matilde. La abadía de las Damas, como la de los Hombres, tienen casi 1000 años de existencia, en los cuales han pasado numerosas vicisitudes, saqueos, guerras, etc. Desde 1986, además de abadía, es sede del Consejo Regional de la Basse-Normandie.

Hicimos una visita muy rápida al interior de la iglesia, que era lo único que se podía visitar de los edificios, y nos fuimos a dar una vuelta por los jardines más cercanos a la iglesia, precisamente donde está situado el edificio del Consejo Regional.

Lo malo era la modorra de después de comer. Empezaba a pesar en los cuerpos, pero no podíamos caer, no podíamos hacer que ganara la modorra frente a nuestras ganas de ver y conocer cosas. Con lo que teníamos que movernos para despejarnos. Nos íbamos a la otra gran abadía, la de los Hombres o de San Esteban. Para ello volvimos a deshacer nuestros pasos hasta llegar a la puerta de la catedral y de allí seguimos rectos por la calle de San Pedro, peatonal y llena de vida, se puede decir que es la calle principal o una de ellas.

Paseamos bajo el sol normando que, aunque menos caluroso, también pegaba bien. En mitad de la calle dejamos de lado la iglesia de Sant Sauveur y seguimos hasta el final de la calle que se bifurca en la calle Arcisse de Caumont y la calle Ecuyere. Es esta la que tomamos hasta la plaza Fontette, y de ahí a la izquierda hasta la explanada del Ayuntamiento, edificio que era parte de la abadía, justo pegado a la iglesia de San Esteban. Este complejo también fue realizado bajo el hospicio de Guillermo el conquistador y su mujer Matilde. Aquí es donde yace Guillermo. Es curioso que estuvieran unidos en vida y en la muerte separados, como si fuera un propósito de la iglesia (que perverso soy), ya que en vida la iglesia no vio bien la unión de ambos pues eran parientes, lo que, para resarcirse, los tortolitos proyectaron y realizaron ambas abadías. Pero cuando la muerte llegó ambos fueran separados, como la iglesia quiso en tiempos anteriores, y enterrados cada uno en sus abadías correspondientes.

Bueno continuemos. Enfrente de la explanada están las ruinas de la vieja iglesia de San Esteban ¿De que época serán si son más antiguas que la iglesia de la abadía? Si esta consta que es del siglo XI, la vieja tendrá los mil años fijo. En fin, ya me enteraré algún día, o no, de que año es. Las ruinas solo las vimos desde la lejanía, desde la explanada, ya que el paseo no nos despejó y solo estábamos más agotados (que flojos somos) Algunos nos sentamos en los bancos que había por allí con el peligro de que no nos pudiéramos levantar nunca más. Con gran esfuerzo conseguimos situarnos en vertical y mover los restos de nuestro bodies hacia la iglesia que vimos con muy pocas ganas y deprisa y corriendo, como se dice por ahí.

Seguro que Caen tiene más cosas que ver, al final solo fueron unas seis horas las que pasamos allí, pero aquí ya dijimos que habíamos dado todo por esta bonita ciudad, con lo que empezamos el camino de regreso al coche. Volvimos a la plaza Fontette donde habíamos localizado una pequeña heladería y nos aprovisionamos de unos politos para refrescarnos un poco. Con ellos en la mano pillamos la calle Sant Sauveur hasta llegar al castillo. Lo rodeamos y nos fuimos hasta la calle de la Délivrande que era donde estaba la furgo.

De vuelta paramos otra vez en el Carrefour de Bayeux a coger provisiones y papel higiénico (muy importante). Y ya justo antes de llegar a casa nos detuvimos en un chateau y nos hicimos unas foticos. Bueno, en realidad solo se hizo Mariluz las foticos porque los demás se quedaron en la furgoneta como ratas escondidas del gato del casero.

Y ya llegó a su fin este día con la esperanza de que al día siguiente el sol volviera a salir por el este y nos iluminara en nuestro camino al siguiente punto.

Hasta pronto.

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