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Posts Tagged ‘Madrid’

Todo llega y, por supuesto, el final de las vacaciones también. Este año (2010) han sido 15 días por Roma y la Toscana, con una ligera escapada a Pompeya.

De todas formas todavía nos quedaba un día completo que pasar en Florencia, y lo íbamos a disfrutar tranquilamente paseando por la capital de la Toscana. No haríamos nada más ese último día, solo pasear. Ya habíamos visto todo lo visitable (seguro que hay algo que se nos escapó) y dedicamos el día a tomar heladitos, pizza y echar unas risas por cualquier lugar. Lo único que vimos nuevo fue el mercadillo de puestecillos de San Lorenzo (por hacer algo), sito en el mismo lugar del mismo nombre: Mercado de San Lorenzo.

Así pasamos esas finales horas con los florentinos. Un día realmente tranquilo y en paz, sin nada en que pensar ni hacer.

El día siguiente si que nos teníamos que mover. Lavados y desayunados, y con las maletas hechas agarramos la fulgo y salimos hacia Roma para pillar el vión de vuelta pa Madriz.

El avión salía por la tarde, sobre las seis, aún así salimos temprano porque queríamos hacer escala en Orvieto. Si os acordáis, en el post del viaje a Florencia paramos en un lugar donde había un mirador desde el que se tenía una visión espectacular de la ciudad. Pues ahí paramos un par de horas antes de seguir camino a Roma.

La ciudad está subida en un promontorio volcánico, a unos 50 metros sobre la llanura. En ese promontorio está solamente la parte vieja, la ciudad se ha ido expandiendo por la parte de abajo, pues ya no hay más hueco arriba.

Un dato curioso de la ciudad es que durante un par de siglos (siglos XI y XII) fue independiente y además tuvo mucho poder sobre la zona colindante.

Nosotros entramos para ver su catedral, que tenía un estilo parecido a las de la zona de la Toscana (no se porque, pero me parecen todas iguales, como los chinos), aunque esta es gótica. La verdad es que por fuera es espectacular, tiene unos relieves a los lados de las puertas preciosos, y un colorido de los mosaicos (o pinturas) de la fachada tremendo. No es muy grande, pero esa ornamentación combinando mosaicos con esculturas la hace única. La pena fue que no pudimos visitarla por dentro ya que estaba cerrada.

Por lo demás, solo estuvimos deambulando por la plaza del pueblo, sin ir a ningún sitio. Podíamos haber ido a alguno de los miradores que tiene la ciudad, pero estábamos un tanto tristes porque se terminaba el viaje y un poco nerviosos por si se nos hacía tarde para llegar al aeropuerto.

De aquí ya os podéis imaginar lo que hay, llegar al aeropuerto, dejar la furgo, coger el avión, llegar a Madrid, y volver a Murcia medio dormidos y de bajón. Lo único positivo es queda menos tiempo para las siguientes vacaciones.

Hasta pronto.

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Aprovechando un viaje reciente a Roma con los alumnos del instituto, voy a empezar a publicar, en varios post, un viaje anterior que hice hace unos años con la familia y unos amigos a la ciudad eterna.

No me puedo inventar nada nuevo sobre Roma.

El que más o el que menos sabe algo de la vieja ciudad, bien porque ha leído algún libro, publicación o trabajo, o bien porque ha visto alguna película o documental, o bien porque la ha visitado (como mi cuñada que la ha visto ya 4 ó 5 veces)

Simplemente voy a exponer mi experiencia (sobre todo con imágenes) del viaje que realice a la capital de Italia, además de a Pompeya y Florencia (con sus alrededores).

Viajamos en avión de bajo coste, por suerte hay variedad de vuelos a un sitio como Roma. Prácticamente ocupamos el 10% del avión ya que íbamos 9 personas, aunque una de ellas valía por tres (sin acritud, Peter) Conseguimos un apartamento, que estaba de puta madre, para toda la tropa, 6 adultos, 1 semiadulto y 2 bichos, ¡uy!, perdón, niños.

Pasadas las explicaciones/preguntas pertinentes de/a los propietarios, comimos en un restaurante a las espaldas del Vaticano (que no resulto muy allá), compramos viandas y otras cosas y salimos a descubrir, para algunos, y redescubrir, para otros, la ciudad eterna. Tontín, tonteando, se nos hicieron las 8 de la tarde para pillar el autobús al centro, todo esto desde las 11 de la mañana que llegamos al apartamento.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Esa tarde-noche salimos a disfrutar de la ciudad como si no hubiéramos conducido toda la noche y solo hubiésemos dormido un par de horas en el avión.

El autobús fue nuestro amigo durante los nueve días que estuvimos allí y ese primer día no iba a ser menos. Bajamos en Largo Argentina o Largo di Torre Argentina y allí ya nos encontramos con las primeras piedras tiradas por el suelo, rodeadas de un centenar (¡hala!, que exagerao) de gatos.

Resulta que en Torre Argentina hay un refugio para gatos sin hogar, por eso hay una parva de gatos por las ruinas y alrededores.

En el orden histórico, las ruinas son de 4 templos romanos de la época republicana y de un teatro dedicado a Pompeyo. Las ruinas fueron descubiertas a principio de siglo XX al reconstruir Roma después de la Unificación de Italia.

Paseando, paseando, pasamos por delante del Gesú como alma que nos lleva el diábolo para ir a la Piazza, que no pizza, Venezia, donde se ubica, así como quien no quiere la cosa, el Monumento a Víctor Manuel, primer rey de la Italia unificada (no el marido de Ana Belén), también conocido como la tarta o la máquina de escribir (nombre que le pusieron los americanos al entrar a Roma en la II guerra mundial)

Disfrutamos de la tarta hasta que nos jartamos, pero ahora tocaba coger un empacho a base de pizzas en el Pizzarito que hay cerca de Venezia, en una de las calles que salen de la plaza.

Pero, amigo, una vez saciados los apetitos, no precisamente sexuales, aunque placenteros casi por igual, para el postre quedaba lo mejor. La Fontana de Trevi.

Atestada, llena, plagada, ocupada, atiborrada, abarrotada, completa, colmada, henchida de paisanos y alienígenas estaba la plaza donde se ubica la fuentecica. Lo primero que hicimos fue coger el número para poder sentarnos. Por suerte fue más pronto que tarde cuando conseguimos sitio para acoplar la posadera o culo y así extasiarnos de tal maravilla de arte, luz y agua.

De Trevi, ya habrá momento para contar historias y otras zarandajas.

Sin ganas, pero con necesidad, nos volvimos a casa para acoplarnos en el catre, que no cutre, y descansar, pero poco, hasta la mañana siguiente.

Tempranico empezamos a mover a los niños y demás personal y una vez puestos en marcha pillamos, de nuevo, el autobús, esta vez hasta la plaza de la Rovere, osease, más o menos cerca del Vaticano y Sant’Angelo, justo antes de cruzar el Tíber. Desde allí empezaba nuestro gran día. Gran, no por lo magnífico, que también, sino por la paliza que nos íbamos a dar, eso si, pero con gusto, que no hace daño, excepto para los pieses.

Bordeando el río por su margen derecha, la del río, nos acercamos al castillo con el Vaticano mirándonos de lejos. No nos introdujimos en él, no se porque, pero no teníamos mucho filling con el castillo, con lo que lo dejamos, lo de entrar, para un ratito que tuviéramos libre (que ilusos).

Y cruzamos el puente engalanado (que cursi, por Dios) con numerosas estatuas a ambos lados. Ángeles, arcángeles, con todo tipo de instrumentos, y un par de santos o frailes en uno de las puntas del puente.

Entramos en el centro viejo de Roma, o lo que es lo mismo el Campo Marcio (o de Marte). Este fue, en época romana, una zona pantanosa que utilizaban para campamento o entrenamientos militares, además de juegos. Ya cuando el Papa fijó su residencia en el Vaticano, esta zona se quedó como residencial y es lo que ha quedado hasta ahora, con calles estrechas e irregulares, salvo la principal, el Corso Vittorio Emmanuele II, que permanece tal cual desde entonces.

Paseamos por estas callejas y lo primero que vemos es el arco dei Banchi, donde nos encontramos una de las muchas curiosidades de la ciudad, es una de las muchas marcas que hay de hasta donde llegó el Tíber en el siglo XIII, más concretamente en 1277.

Andando y tropezando en los adoquines accedemos a la plazoletilla de la Chiesa Nuova, o Santa Maria della Vallicella. La primera de muchísimas iglesias que hay que ver en Roma. Como casi todas, posee unos techos con unos frescos (nunca los del barrio) o pinturas de tremenda belleza, osease, bonitos.

Una vez visto lo que teníamos que ver, cruzamos la calle de Vittorio dirigiéndonos al otro lado, donde callejeando nos encontramos muchos palacios y detalles de otros tiempos, más bien renacentistas y barrocos. Es en la vía Giulia donde hay más exponentes de dichos palacios.

Todo era paseo y goce del plan urbanístico local, calles estrechas y adoquinadas, mal adoquinadas, en las que una torcedura de tobillo no sería de extrañar, o si vas en coche, una rotura del eje de la transmisión. Sin embargo, no cabe duda que esta antigua zona pantanosa (hablo de la época romana) nos iba a dar muchas satisfacciones, buenos sabores de boca (sobre todo, en cucurucho y de dos sabores)

Así desde esta calle accedemos a la plaza Farnese donde deberíamos ver uno de los tres éxtasis de Bernini que hay en Roma. Pero, ¡chasco!, la iglesia de Santa Brígida está cerrada y a pesar de intentarlo por otra puerta nos dicen que ahora está chiusa y no podemos acceder a ver el interior. Pues nada, contemplamos el palacio Farnese, que actualmente es la embajada francesa. Hay algunos que dicen que es el palacio más importante de Roma y la verdad que te deja maravillado. Además el palacio con la plaza forma uno de los rincones más bonitos de la ciudad. Justo enfrente de la embajada está la de Chipre, pero no hay color con la de Francia.

Poco a poco vamos comprobando que aquí los ninis tuvieron mucha influencia en todo lo que hacían, los Bernini, Borromini, los Mini coches, estos imprescindibles para moverse con soltura por la urbe.

Al lado de esta plaza está una de las plazas más llamativas (aquí es todo llamativo, estrambótico, interesante, impresionante o de antes) El Campo de Fiori o mercado de las flores. En el hay instalado un mercado, tipo mercadillo de cualquier pueblo, con puestos de flores y de fruta u otras cosas.

Bebemos agua, tomamos fruta fresca (que, por cierto, estaba muy buena) en recipientes para turistas al módico precio de cinco euros (un buenísimo atraco).

En el sempiterno callejeo del día nos acercamos, sin darnos cuenta, a la iglesica de Sant’Andrea.Tremenda, suntuosa, las pinturas del techo, como en las anteriores iglesias que hemos visitado son alucinantes, te quedas con la boca abierta, maravillado. La cúpula de la iglesia es la más grande de Roma, después de la del Vaticano.

Desde aquí ya salimos de las callejas y pasamos al bullicio de la calle principal. Volvemos hacia atrás para hacer una ese y poder ver la estatua de Pasquino (la estatua parlante), y de esta a Navona, la piazza Navona.

Un antiguo circo que ahora es un punto neurálgico de la ciudad, donde Borromini y Bernini se emplearon fuerte para ganar el combate de la belleza, construyendo con todas sus fuerzas (valga la redundancia) y defenestrando todo lo que hacía el otro. De todas estas disputas nos queda un muy buen ejemplo. El conjunto de estatuas que rodea el obelisco (Bernini) y que tiene enfrente, bueno, enfrente, enfrente, no está, a un lado del conjunto del obelisco está la iglesia de Sant’Agnese in Agone (Borromini)

Como de la fontana de Trevi, ya habrá tiempo de contar algo sobre la piazza Navona.

Vamos con retraso y la hora de comer nos ha pillado antes de donde deberíamos haber estado. Aprovechando el momento nos resguardamos del calor veraniego que hace. Al salir por el lado norte de la plaza empezamos a buscar restaurante. En realidad ya hemos estado buscando sitio en los restaurantes de Navona, pero no ha habido forma de acercarnos a ellos sin que temblara el bolsillo.

Justo al salir de la plaza, te encuentras en otra más pequeña donde está el palacio Altemps, un palacio privado en el que podemos visitar (pero no lo hacemos) un pequeño museo. Sin más allá que un arte renacentista en su fachada, no tiene más que mirar, salvo que resultó ser una pieza más en el aprendizaje de mi tío. Allí pasó unos años estudiando o preparándose para el sacerdocio en su estancia romana.

Al lado está la calle que va en dirección al palacio de justicia y donde se encuentra nuestro restaurante preferido, la pizzería Zio Ciro. Manda huevos que pasamos por allí unas ochocientas veces y me acabo de acordar del nombre del puñetero restaurante. He tenido que buscar y rebuscar en internet para encontrar el nombre del susodicho.

Con la panza panzuda de pan, tomate y queso, osease, pizza, volvemos a las calles, a seguir pateando Roma. Una vez más entramos en callejas y callejuelas para ir a la Vía del Corso. Nos metemos en patios de casas, paseamos por delante de la iglesia de Sant’Agostino, o por delante de una tienda con una figura de un soldadito en la que hicimos un poco el tonto.

Mientras nuestro cuerpo iba haciendo la digestión llegamos al palacio de Montecitorio, que es el actual palacio de congresos o cámara de los diputados italianos. Justo enfrente hay otro obelisco (el segundo que vemos, hay trece en total en Roma) Continuando nuestro paseo entramos en la plaza Colonna donde está una de las columnas más bonitas de la época romana, la columna de Marco Aurelio. Por desgracia para esta, tiene que competir con la gran famosa, la columna de Trajano, y esto hace que sea una desconocida. Aún así no tiene mucho que envidiar a esta última.

La Columna de Marco Aurelio fue hecha en el 193 d.C. para celebrar la victoria (como casi todo lo que hicieron estos romanos) sobre energúmenos que no querían otra cosa que conquistar la ciudad. En la plaza está el palacio Chigi que es la sede de la oficina del primer ministro.

En uno de los cuatro lados de la plaza, con la vía del Corso por en medio, hay un centro comercial donde paramos un ratico para tomar un cafelico y así despejarnos de la modorra que nos ha provocado la comida.

Tras haber cafeteado un poco, seguimos nuestra visita a Roma en su primera parte. Zigzagueamos entre la gente y las calles y entramos en la plaza de Petra donde en uno de los muros de la Borsa di Roma están adosados 11 columnas de lo que fue un antiguo templo enalteciendo a Adriano.

Gozando de la calidez del sol y de las calles y como si no fuera la cosa con nosotros aparecimos en la plaza de la Rotonda, un punto clave de nuestro primer día. El Panteón de Agripa se encuentra en ese punto. Maravilla arquitectónica de los romanos que sin las tecnologías actuales consiguieron una cúpula de dimensiones exactas, sin defectos.

Fue dedicado a los dioses romanos, y construido por Agripa en el 27 a.C.,  se destruyó por un incendio en el 80 d.C. y reconstruido por completo  por Adriano. Es el primer templo circular que se construyó. Hasta entonces esta forma solo se hacían en las termas.

Está compuesto por un pórtico de 16 columnas y una cella cilíndrica. La cúpula tiene un óculo (o agujero) central de nueve metros que es por donde entra la luz (y la lluvia) e ilumina toda la estancia. El espacio interior lo forma un cilindro que tiene una altura igual al radio de ese cilindro, con lo que en el interior del panteón cabe una esfera completa perfecta, siendo esta cúpula la más grande construida en el mundo, incluso mayor que la del Vaticano.

El templo estaba dedicado a las siete divinidades celestes de la mitología romana: el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. En la edad media se trasformó en iglesia católica, situación que mantiene en la actualidad, aunque la cantidad de visitantes haga parecer que no sea así. En su interior reposan los cuerpos de Rafael y el rey Víctor Manuel II, entre otros.

Bueno, ya está bien de tanta historia. Volvamos a la plaza.

Y ¡¡joder!! Si es que paseando por la plaza, por el interior del Panteón o simplemente permaneciendo sentados en los escalones de la coqueta fuente del centro de este foro, uno puede entrar en un éxtasis de placer y tranquilidad (a pesar del gentío que hay en agosto en Roma) observando cada detalle del lugar. Las columnas del Panteón, las casicas coloreadas de la plaza, la gente disfrutando de un capuchino en la terrazas de los bares, o la fuente de Della Porta con un pequeño obelisco en el centro de la misma, hacen que uno no quiera seguir caminando y desee permanecer durante largo tiempo en cualquier punto de la Rotonda.

A pesar que queríamos continuar en el sitio, debíamos seguir para poder ver más cosas de Roma, en especial, lo que nos habíamos marcado para este día. Nuestra siguiente parada, la iglesia de Santa María sopra Minerva.

Apenas a 100 metros de la Rotonda, a la espalda del Panteón, se encuentra esta iglesia que se construyó sobre un templo pagano dedicado a Minerva (de ahí “sopra Minerva”) Con la fachada renacentista, sin embargo, tiene el interior gótico y allí está enterrada la patrona de Italia, Santa Catalina de Siena.

En la plazoleta de entrada a la iglesia se encuentra una estatua de Bernini, un elefante con, como no, un obelisco que hace de joroba puntiaguda. Representa la sabiduría y la inteligencia del animal (si ellos lo dicen será cierto)

De aquí nos vamos a ver Il Gesú (ya estuvimos la tarde-noche anterior, pero no pudimos entrar) paseando por la vía del Pie de Mármol y la del Gesú, hasta llegar a la plaza del mismo nombre. Esta iglesia es la sede (y madre) de los jesuitas. Se hizo con una nave más larga para las procesiones fueran más espectaculares. De estilo barroco se utilizaron el mármol, bronce dorado, lapislázuli y otros materiales valiosos en su construcción, echo que hace que sea más impresionante.

A estas alturas del día el cansancio empezaba a molestar más de la cuenta. Para ser el primer día por Roma nos estábamos dando una paliza del 15. Eso si, el cansancio desaparece viendo las maravillas que hay en la ciudad.

El sol empezaba a esconderse cuando salimos del Gesú. Continuamos por la calle de Aracoeli, pasando por el lateral del monumento a Victor Manuel, hasta llegar a la escalinata que subía a la iglesia del mismo nombre que la calle.

Aprovechando las escaleras nos tomamos un descanso (prácticamente nos tomábamos un descanso en cada rincón que nos encontrábamos) Rondaban las 7 de la tarde y la iglesia parecía cerrada con lo que no hicimos ni el amago de darnos la paliza de subir semejante escalinata. Solo una persona se encontró con fuerzas para subir, Juanpe. Desde entonces merece todo nuestro respeto y admiración. Ahora nos dirigimos a él como Señor Don Juanpe.

Durante nuestro kit-kat vimos pasar un “pequeño set” de cine, simulando un paseo en coche por la ciudad. La foto no es de buena calidad, por lo sorpresivo del momento, pero os lo muestro por lo curioso que es todo este tipo de cosas.

Entrábamos en la última etapa de nuestro larguísimo e intensísimo primer día. Ya nos quedaba poco. Bajamos por la calle del Teatro Marcelo y aunque solo nos teníamos que dejar llevar por la inercia y caeríamos, los pies estaban ya molidos y casi no nos podían llevar.

A mitad de camino o de la calle está el teatro de Marcelo, o lo que queda de él. Un teatro del que se conserva, y muy poco, la fachada, pero que en sus buenos tiempos llegó a albergar hasta ¡¡20000 espectadores!! En la actualidad se siguen dando conciertos o actuaciones, pero en un teatro moderno, en su interior. Junto a las ruinas hay tres columnas de lo que fue un templo dedicado a Apolo.

Cuatro foticos más tarde terminamos de descender la calle y llegamos a la zona llamada Forum Boarium y Forum Holitorium, donde en época romana había un par de mercados al aire libre de ganado y verduras.

Justo antes de llegar a la iglesia de Santa María in Cosmedin (donde está la boca de la verdad) hay un pequeño jardín con una fuente y dos templos, uno rectangular y otro circular. El rectangular estaba dedicado a Portunus, el dios de los puertos y el circular es el templo de Vesta, aunque eso es erróneo, según los expertos, pues en realidad estaba dedicado a Hércules Victor, ya que era el dios defensor de los ganaderos. Muchas de las columnas del templo son originales.

Agotados y hambrientos dimos por terminado el día turísitico, pero no el tour restauranteril. A partir de aquí, como no nos habíamos cansado bastante, empezamos a movernos para ir a un restaurante a cenar. Cogimos un autobús en Aracoeli para que nos acercara lo más posible a la plaza de España, pues nos habían dicho que había un buen restaurante allí, sobre todo, por el problema gastrointestinal de Ángela.

Pero después de pillar el bus y de andar unos 500 metros, nos encontramos que no encontramos ningún restaurante por la zona, salvo un McDonald y un par de bocaterías. Como era normal decidimos ir unos al McDonald y Ángela con Geli y Peter tuvieron que cogerse un bocadillo lo más ligero posible.

Mataos de todo el día, con el estrés suplementario de ir detrás y delante de los “+%&ç+&#¬” críos, nos fuimos a casa a descansar que al día siguiente nos esperaban más cosas que ver y descubrir.

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La NASA nos ha deleitado, en estas fechas tan señaladas de la Navidad, con la exposición de varios objetos (más de 300) sobre los distintos viajes que han realizado durante los últimos 50 años.

Muchos de los objetos son originales, sobre todo, comida y trajes, pero otros son maquetas (los menos), de naves (totales o parciales) y cuadros de mandos.

Maqueta a tamaño real del Sputnik

La exposición te va llevando por un recorrido en el tiempo de lo que fue la NASA hasta nuestros días. Comienza pasando por una réplica del puente que conecta las naves con el ascensor. Esta te adentra en lo que sería el inicio, la ciencia ficción. Julio Verne, H. G. Wells y otros escritores y pintores, desde donde los modernos pensadores fueron fijándose en diseños y otras cosas para ir concibiendo la astronáutica moderna. Bueno esto suena un tanto fastuoso, que se fijaran en dibujos, y que de ahí saliera lo que conocemos es un tanto exagerado. Sin embargo si se fijaron en detalles que luego  resultaron clave para la evolución de la cohetería y astronáutica, como diseños de los cohetes que salían en películas de Fritz Lang o en los libros de Verne y que resultaron ser muy parecidos a los primeros cohetes militares, las V-2 de los nazis.

Foto de la foto de la perrita Laika en su cubículo espacial.

La siguiente sala habla de dónde empezó todo esto. De la NACA que fue un comité sobre la aeronáutica, creado en 1915 y desaparecida en el 58, justo cuando se creó la NASA. En realidad la NACA y la NASA convivieron en el tiempo durante un par de meses, agosto y septiembre.

Ya a partir de la segunda sala se empieza a hablar de la carrera espacial, de la “batalla” espacial entre rusos y américanos, de la conquista del espacio. Del lanzamiento de la perra Laika (por parte de los rusos) y del chimpancé Ham (por los Estados Unidos)

Gagarin fue el primer hombre enviado al espacio, frente a Shephard que fue el primer estadounidense en salir al espacio, aunque los rusos nombraron ese viaje como el “salto de la pulga” por lo corto y pequeño que fue. Eso si, Gagarin viajo con todos los automatismos posibles, mientra que Shephard podía controlar ciertos mandos de su pequeña nave.

En la exposición se podían ver objetos reales como este traje, que podía pesar, con todos sus apechusques, un poco más de 80 kilos.

O vehículos lunares rusos, el Lunokhod (como el de la foto), que nunca se llegó a utilizar debido a que los rusos no llegaron a la luna. Mejor dicho nunca fue pilotado por ninguna persona, pero si pisaron la luna en dos ocasiones, en el 70 y en el 73. Sin embargo este invento si que le dieron muy buena utilidad en el desastre nuclear de Chernobil, ya que su ligereza hacía que pudiera pasear por los tejados de la central nuclear y así retirar los escombros del desastre.

El que si fue bastante operativo fue el rover de los americanos. Lo utilizaron en varios alunizajes. Gracias a esto me enteré (ignorante de mi) que los americanos habían alunizado varias veces, yo pensaba que solo lo habían hecho en el 69. De todas formas hay varias opiniones sobre estos casos, de si realmente alunizaron o eran montajes, yo aquí ni entro ni salgo en ese tema.

Cuadro de mandos de alguna de las naves que utilizaron los americanos.

Los viajes espaciales han sido, hasta hace apenas 20 años, “cosa de hombres”. Las mujeres en la NASA, para los que no tenemos una edad muy alta, empezamos a verlas a subirse en cohetes en la época de los trasbordadores espaciales. Pero ellas lo intentaron hace ya mucho tiempo, a finales de los 50. Fue un grupo de 13 mujeres que se incorporaron al Proyecto Mercury 13. Realizaron las pruebas para ser astronautas (el proyecto no fue nunca parte de ningún programa de la NASA) y las pasaron, pero fueron rechazadas por ser mujeres. Incluso varios astronautas declararon que no podía haber mujeres astronautas, porque así lo decía la NASA.

Por suerte, eso ha cambiado y ahora las mujeres son parte del personal activo de los viajes e incluso han sido comandantes de las naves.

En la Unión Sovietica no tuvieron problemas para que las mujeres fueran protagonistas en estos menesteres y en el 63 fue enviada al espacio Valentina Tereshkova. La primera mujer americana que salió al espacio fue Sally Ride en 1983.

Reproducción a tamaño real de la nave del proyecto Mercury 7.

El primer proyecto tripulado de la agencia espacial para la conquista del espacio fue llamado Mercury 7. El número se debió a que el equipo de astronautas que estaba en el proyecto fue de siete.

Fueron los primeros astronautas americanos que salieron al espacio, en concreto, fue Alan Shephard (en mayo del 61) el primero en salir al espacio, y John Glenn (en febrero del 62) el primero en dar una vuelta orbital a la tierra. Cuando esto ocurrió, los rusos ya llevaban 48 viajes orbitales a la tierra.

Se puede ver lo estrecho de la nave.

La nave del proyecto era tan pequeña que se dijo de ella que “en lugar de llevar la nave un astronauta, era el astronauta el que llevaba a la nave”

Del proyecto Mercury se pasó al Gemini, y de este al más famoso, el proyecto Apollo, que tenía la intención de llevar al ser humano a la luna.

El proyecto Apollo se sirvió de los cohetes Saturno para lograr el objetivo. Estos cohetes medían 110 metros de altura y estaba dividido en módulos que se iban separando conforme dejaban de ser útiles para la misión. Al final se quedaba solo el módulo de mando Apollo y el módulo lunar.

Fue en el Apollo XI en el que se pisó por primera vez la luna. El famoso “es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad” fue pronunciado por Neill Armstrong cuando descendió del módulo lunar para pisar por primera vez la luna.

Cápsulas de oxígeno que fallaron y que crearon los tripulantes para sobrevivir en el Apollo XIII.

En el viaje del Apollo XIII también se pronunció una famosa frase: “Houston, tenemos un problema”. Un fallo en las cápsulas de oxígeno hizo truncar el alunizaje y gracias al invento de los tripulantes se pudieron salvar las vidas de los mismos.

En el Apollo XVII viajó por primera vez un astronauta que no era militar, el geólogo Harrison Schmitt.

En total, seis de las misiones acabaron en la luna y solo una, la 13, acabó en semifallo.

Cuando se terminó la guerra fría, comenzó la cooperación ruso-americana y también con la ESA, la Agencia Espacial Europea. Fue cuando se empezó la era de los transbordares y el de la estación espacial internacional. Por desgracia, también han llegado las misiones más desgraciadas, con dos desastres, uno nada más despegar y otro cuando hacían la reentrada en la atmósfera, pereciendo todos los tripulantes de ambos transbordadores.

Réplica de la cabina de uno de los transbordadores. Casi como un avión.

Desde uno de los transbordadores se puso en orbita el telescopio Hubble, telescopio desde el que se han descubierto una gran cantidad de nebulosas, estrellas, galaxias, etc. Ha conseguido una cantidad tremenda de información y de fotografías. Como todo, también tiene caducidad y en el 2013 está programada su entrada en la atmósfera y su desintegración en ella.

Réplica del telescopio Hubble.

Ahora, con toda la tecnología a nuestro alcance, no podemos imaginar ningún viaje al espacio sin potentes ordenadores, calculadoras y demás aparatos necesarios para cualquier travesía por nuestro cielo. Sin embargo, al principio no hubo ni chips, ni ordenadores, ni nada parecido. Los cálculos se hacían a mano, con bolígrafo y papel, como quien dice. La regla de la foto hizo de primera calculadora, con ella se sumaba, restaba, dividía, o multiplicaba, para hallar los desplazamientos u otras maniobras. Sorprendente, ¿verdad?

El primer ordenador de a bordo no llegaba a 30 kb, lo que ahora ocupa un trabajo de una página de Word. Poco a poco se fue instalando la tecnología en los cohetes y transbordadores hasta lo que conocemos hoy.

Distintos aparatos "prehistóricos" de las distintas naves.

Cosas tan sencillas, como comer o andar son un problema en el espacio, y normalmente, nadie de la “plebe” se para a pensar en ellas. Pero, ¿cómo cagan o mean los astronautas? bueno saber, sabemos como lo hacen, la pregunta sería ¿dónde hacen sus necesidades? Pues hasta los años 70 llevaban pañales, como los bebés, y a partir de las salidas para montar el laboratorio Skylab (laboratorio previo a la estación espacial internacional). En el Skylab se montó el primer baño, eso si, alicatado hasta el techo. Lo único que no tenía era bidé. Podeis ver en la foto como era el primer baño espacial. Lo que no se es lo que utilizarían para fijarse a el, debido a la ausencia de gravedad. Junto al baño está la primera “mochila” con propulsores para poder dar paseos por el exterior y no perderse en la inmensidad del espacio.

La evolución de las naves y cohetes, siempre a escala, los podeis ver en esta foto. El que está más a la izquierda es el V-2 nazi que bombardeó Londres al final de la segunda guerra mundial. Los tres siguientes también fueron cohetes con fines militares, lo que serían los misiles nucleares de la guerra fría. Uno de estos, el más grande, se reconvirtió en cohete tripulado para salir al espacio. Los tres de la derecha, o últimos, son exclusivamente naves espaciales. El más grande es el cohete Saturno V de las misiones Apollo y el último es el más reconocible, por lo más cercano en el tiempo, es uno de los transbordadores.

Pero para llegar a todo esto, poder pisar la Luna o poder llegar a Marte, tuvo que existir alguna o varias personas que idearan y consiguieran cuadrar fórmulas y así conseguir volar al espacio.

Los padres o creadores de la cohetería o astronáutica fueron Konstantin Tsiolkovsky, Robert Goddard y Hermann Oberth. Wernerh von Braun y Sergei Korolev recogieron los datos y teorías, los mejoraron y los trasladaron a la práctica. Estos dos últimos fueron los arquitectos de las carreras espaciales de los americanos y rusos, respectivamente.

Pero leyendo por internet, hay un científico olvidado por la exposición, pero que para von Braun es el verdadero padre de la astronáutica moderna, es el peruano Pedro Paulet. Este fue el inventor de la propulsión a chorro, invento que utilizan los cohetes modernos. Lo curioso es que este invento lo llevó a cabo fijándose en el desplazamiento del calamar.

Hasta aquí lo que dio de si la visita a “La aventura del espacio”. Espero no haberos demasiado con tanta palabrería.

Hasta pronto.

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Merceditos

Estas navidades, como otras muchas, me acerqué a Madrid para ver alguna exposición, ver las luces navideñas o simplemente pasear.

Una de las cosas o exposiciones a las que quería acercarme era la de los superdeportivos que está instalada en IFEMA. Unos cincuenta coches de alga gama de deportivos. Ferrari, Lamborghini, Aston Martin, Mercedes, Porsche, etc. Todos vehículos que no están a mi alcance ni al del 95% de la población, pero que llaman mucho la atención y son el deseo de muchos.

Como no hay mucho más que explicar sobre ellos, simplemente os pongo algunas de las fotos que hice.

El único BMW de la expo

El primero de los muchos Ferrari de la exposición, pero uno de los dos que no eran rojos.

Un Maserati, como podeis ver.

Otro Ferrari

¡Anda!, si es un Ferrari.

Una paranoia con el culo de un Ferrari.

Otro lindo culito.

El ilustre español, el Pegaso

El gran trasero del Fornasari.

Mi favorito, el Testarrosa.

Otra perspectiva del Testarrosa.

Por último, un gremlin, digo, un Plymouth.

Hasta pronto.

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KDD en Madrid

Segundo día de la KDD Nikones.

Después de un pequeño trasnoche (unos más que otros) recogimos los bártulos y nos despedimos de los asturianos, que se volvían para casa viendo que el domingo parecía que iba ser igual de malo que el sábado, respecto al tiempo me refiero.

Oficialmente la KDD terminó en el vestíbulo del hotel, aquí fue cuando Edu puso a prueba sus dotes de elocuencia, pero la gran mayoría íbamos a continuar por el Madrid moderno (las torres que se construyeron sobre el suelo de la ciudad deportiva del Real Madrid) y más tarde por el Madrid de los Austrias.

Con lluvia casi todo el camino recorrimos la hora escasa que hay desde Sepúlveda y Madrid. Y por suerte el cielo parecía que se abría por momentos, o, por lo menos, las nubes estaban más rotas y presagiaban menos lluvias. Eso si el frio y el aire no desapareció.

Llegamos a las torres y mientras las señoras se tomaban un café en el hotel de cinco estrellas de una de las torres nosotros dábamos la bienvenida a tres foreros que se unían para hacer fotos durante unas pocas horas.

Perdimos mucho más tiempo de lo esperado en la zona y se nos echó encima la hora de comer.

La pretensión era tomar un buen cocido y que así se fueran con buen sabor los dos canarios (el jefe y su novia).

Pero, ¡qué casualidad!, era el fin de semana de la trashumancia en Madrid y habían sacado a todos los borregos a pasear.

Asimismo los madrileños tomaron al asalto el centro de la ciudad, aprovechando que las tiendas estaban abiertas y vendían lana a precio de algodón.

Esto hizo que el bar al que pretendíamos ir estuviera al completo, y que el resto de los alrededores de la plaza Mayor se encontraran en la misma situación. Bien es verdad que era difícil encontrar sitio para trece.

Al final encontramos sitio en el Rey del Pimiento. Realmente era un pimiento su majestad.

Bien os digo que el local obtendría el premio japonés al aprovechamiento del espacio. Es más el lugar fue en el que se fijó la ministra de vivienda cuando recomendó los pisos de 30 metros cuadrados. Cocina, sala de estar, servicios, hall, comedor y habitaciones en un mínimo terreno. Si en Madrid está muy caro el suelo.

Es imposible (bueno, no lo es, este día se logró hacer) meter a tanta gente en tan poco espacio, además de compartirlo con miles de cachibaches y otras cuantas personas. La zona más amplia y abierta del bar eran los servicios. Es comprensible, si tienes que salpicar, por lo menos que no lo hagas en el plato del vecino.

Si a alguno de nosotros le daba un calambre en alguna pierna sufriría dolor durante toda la comida ya que era prácticamente imposible estirarla sin antes mandar a hacer cocios todos los platos de la mesa.

Si esto se puedo decir del habitáculo, que hablar de la comida. Que remedio, teníamos que morir allí que si no era para darnos de ostias hasta que nos salieran orejas en el lomo.

Mala de narices. Con lo único que disfrutamos fue con los pimientos de padrón (unos picos, otros…. también). En esto salieron casi todos llorando, pero por lo menos era por el picor de los pimientos no por la calidad de la comida.

Para terminar de hablar del restaurante, solo decir que no voy a hablar más de él y menos aún volver a visitarlo.

De todas formas el ánimo y las ganas de pasarlo bien no nos lo quitó la comida. Todos queríamos más KDDs, así que se empezaron a planificar lugares donde juntarnos el año que viene.

Para finalizar este post, quiero dedicar este corazón, así como el mio propio y el de mi mujer, a todos los que participaron, organizaron y que nos lo hicieron pasar tan bien en esta KDD. Solo espero que no sea la última vez que nos podamos reunir y ver.

Hasta la próxima.

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Cuatro de la mañana.

El implacable despertador hace su estruendo matutino.

Los inquilinos dormijosos se desperezan desganados. Sacar el pie de debajo de las sábanas es una dolorosa acción.

El cerebro desea que el cuerpo no avance en su labor de levantarse.

Finalmente, con los ojos cerrados y sin gana alguna, los cuerpos se levantan, cuales zombies, y arrastran, cuales serpientes, su peso por la casa.

Llegar al servicio es todo un suplicio de dolor y angustia. Meter el dedo debajo del grifo hace que gritemos. El simple hecho de sentir la fría agua en nuestra piel hace que saltemos de puro pasmo, quedando despejados y convirtiéndonos en rápidas y ágiles gacelas, que realizan la función de terminar de cerrar las maletas con decisión y presteza.

Sobre las cuatro y media estamos en la puerta de la casa llorando de pena y metiendo las maletas en el maletero del coche, tarea que resulta ardua debido a la cantidad de las mismas que tenemos. Pero en el grupo tenemos al experto introducidor de maletas, ¡JUANPE! Empieza a coger maletas y a meterlas, encajándolas como si de piezas de tetris fueran.

Al final consigue su objetivo de introducirlas en un mínimo intervalo de tiempo, y de espacio. Sólo queda fuera la mochila de la cámara, la cual quedaría alojada en el asiento trasero, entre las dos chicas.

A las cinco echamos un último vistazo a la casa por si nos dejamos algo. Cerramos la puerta detrás de nosotros y nos despedimos de la casa.

  • Adiós casa – sniff – hiciste bien tu papel de cobijarnos y darnos calor – sniff – te echaremos de menos.
  • ¡Anda, marcharos ya de una vez!, ¡menudo pestazo a pies que me habéis dejado!, ¡iros por donde habéis venido!
  • Eso haremos – sniff – casita linda. Te llevaremos siempre con nosotros – sniff.
  • Si, pues solo me faltaba eso, que me llevarais con vosotros. ¡Ala, a tomar viento fresco! ¡¡¡Y no volváis por aquí!!!

Salimos, con gran dolor en nuestro corazón, en dirección al aeropuerto por la calle Octavia para salir a la carretera 101. El caminito se hace cómodo, carretera súper ancha con poco tráfico, el normal a las cinco de la mañana.

Al llegar a la salida que debo tomar, pillo otra justamente anterior a la precisa. Resulta que había mirado en internet, el día de Misión, por donde tenía que salir pero resulta que es una salida doble y yo me metí por la primera y no por la segunda, que es la del parking de los coches de alquiler.

Cuando comento que nos hemos equivocado, mejor dicho que me he equivocado, el silencio se apodera del coche. No se oye ni el motor del mismo. Si ya, por las horas que eran, se hablaba poco, ahora ni eso.

Nos íbamos alejando del nuestro destino. Lo malo era que con la oscuridad no se podía distinguir si en las salidas que me pudiera encontrar podía hacer un cambio de sentido fácil o me metería más en la boca del lobo.

El silencio hablaba alto y claro dentro del habitáculo de coche. Teníamos tiempo suficiente para coger el avión. Hasta las 8 y media no era el límite en el embarque, con lo que teníamos unas tres horas para encontrar el camino. Pero el tener que buscar una alternativa no prevista y en la oscuridad, hacía que el panorama no fuera o fuese muy halagüeño, y eso hacía que se pudiera palpar el ¡¡PANICO!!

Je, je, que exagerado. Había inquietud, pero nada más. Por suerte, el istmo que cierra la bahía de San Francisco por el sur es estrecho, apenas unos kilómetros. Además hay muchas carreteras que conectan la ciudad con otras poblaciones, con lo que al poco tiempo llegamos a una salida que nos podía llevar otra vez a la ciudad.

Era la conexión con la 280 road que va de norte a sur por el centro del istmo. Así que cogimos, otra vez, caminito de San Francisco hasta Octavia y de vuelta, por segunda vez, al aeropuerto. Por el camino hacia San Francisco hay una carretera que te lleva otra vez a la 101, pero quise asegurarme e hice el trayecto de vuelta completo y empezar desde lo conocido y así evitar perderme otra vez, mejor dicho equivocarme otra vez.

Esta vez si que lo hice bien y no hubo ningún contratiempo añadido. Entregamos las llaves del coche y nos fuimos a la terminal. Para ello nos subimos a un tren que va por una sola vía, como los que hicieron los japoneses, de esos electromagnéticos o algo así, que va por las alturas y que recorre las distintas terminales del aeropuerto haciendo un recorrido en círculo. Llegamos a la zona de facturación, facturamos y nos vamos a desayunar.

A partir de aquí comenzó el maratón de vuelos. A las nueve partimos hacia Nueva York. Seis horas de viaje en un avión muy cómodo. Tenía filas de seis asientos divididos en dos por el pasillo. Yo me siento en la ventanilla, Toñi en medio y al lado de Toñi se sienta un mejicano muy majo, aunque un tanto gordote, con el que estuvimos muy entretenidos y le fastidiamos la siesta a Encanni y a Juanpe, que estaban sentado delante de nosotros, sin nade que les acompañara al lado.

El chico se llamaba, y supongo que todavía se seguirá llamando, José y nos explicó como vivía y como se vivía en San Francisco. El vivía en el área de la bahía con su mujer, también mejicana, y ahora iba a Nueva York a realizar un curso que le pagaba la empresa. A pesar de tirarse una semana en la gran manzana, no le iba a dar mucho tiempo para ver la ciudad, además resulta que no le gustaba viajar en avión con lo que no estaba muy contento con la situación.

Pasadas las seis horas llegamos al aeropuerto John Fitzgerald Kennedy de Nueva York, y aún tenemos que esperar quince minutos en el avión porque no tenemos una salida libre. Una vez descendemos del avión, nos despedimos de José y nos preparamos para el siguiente vuelo.

Esos quince minutos que nos han quitado nos viene fatal. Tenemos que ir más deprisa para comprar algo que comer (eran las seis y pico de la tarde en Nueva York, pero la hora de comer en San Francisco). Mientras Juanpe y yo pillamos algo rápido, hamburguesas claro, Encarna se va a una perfumería a comprar a Toñi, y para ella, una colonia que salía muy barata con el cambio de moneda y al ser mercancía duty free.

Más que comer, engullimos por el poco tiempo que tenemos. Encanni tiene que darle al de seguridad los dos botes de colonia por cuestiones de seguridad y luego se lo darían las azafatas en el avión, una vez que hayan comprobado lo que es.

Llegado el momento montamos en el sexto vuelo, y el que iba a ser el último del viaje. Vuelo nocturno, aunque para nosotros era todavía de día, ya que llevábamos unas horas de desfase.

Aterrizamos en Barajas a las nueve de la mañana, justo a la hora que nos debíamos acostar (en San Francisco eran las doce de la noche). Una vez en el aeropuerto, lo típico, esperar las maletas, pasar aduana y salir a buscar taxi. Aquí nos tocó pelearnos con los taxistas, ellos decían que con las maletas que llevábamos teníamos que coger dos taxis, y nosotros decíamos que “naranjas de la china” que todo cabía en un coche, como así comprobamos en San Francisco al montarlo todo en el Mazda 6, coche normal donde los haya.

Al final fuimos en un solo taxi, no consiguieron engañarnos, en dirección a la estación de Atocha.

A la una de la tarde salió nuestro tren y tres horas y media más tarde llegamos a Murcia donde nos esperaba Manolo, no el del bombo, sino el hermano de Juanpe, más conocido como el hermanísimo, el cual nos acercó a nuestras respectivas casas.

24 horas después de salir de San Francisco llegamos a casa. Lo único que queríamos era dormir. En total calculamos que habremos recorrido unos 20.000 kilómetros por tierra y por aire, sobre todo, por aire. Seis aviones, un tren y dos coches.

Esto se acabó.

Hasta pronto.

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Esta navidad, aprovechando que pasé unos días en Cuenca, pasome por Madriz y acercome al Canal Arte para ver la exposición de material que utilizó mi amigo Lucas en las distintas películas de “La guerra de las galaxias”. Me gusta el cine y disfruté mucho viendo maquetas, vestuario y otros elementos de una de las películas mejor hechas de la historia del cine.

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Lo que pasa es que hay ciertos detalles que no llego a entender. Por ejemplo, el título se ha traducido aquí en España como “La guerra de las galaxias” cuando en realidad, sin variar mucho, la traducción literal es “Guerras de la galaxia”.

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Y otra cosa que no entiendo, es que la película haya tenido tanto exito con el argumento tan almodovariano que tiene.

Es un culebrón sudamericano contando una historia familiar, partiendo de un niño con una familia desestructurada, con una madre pobre maltratada por la patronal, que no puede controlar a su hijo, el cual solo se dedica a tunear coches soñando a llegar ser algún día como Fernando Alonso.

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Ante tal expectativa, los asuntos sociales deciden tomar cartas en el asunto llevándose al chico a un colegio de paga. A pesar de las enseñanzas, el chico, hecho hombre, no consigue integrarse y termina siendo un pandillero que se une al más mafioso del país.

Pero antes consigue dejar embarazada a la reina del instituto y, a pesar de sus buenas intenciones hacia ella, los padres de esta consiguen separarlos llevándose a su hija a un colegio suizo, donde tiene gemelos, los cuales los dan en adopción, una vez muerta la madre por una ingesta de barbitúricos.

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Los gemelos crecen en la más absoluta de las ignorancias, no saben nada el uno del otro. El chico un granjero escuchimizao obsesionado en emular a Tom Cruise en “Top gun”, y la chica una pija de Harvard concienzada con la paz en el mundo y empeñada en salvar a las focas silvestres.

El chico, ya un hombre hecho y derecho, se une a un contrabandista de artículos de todo a 100, y consiguen entrar en el mundo de la pija, con la intención claro está, de a ver quien se la lleva al huerto antes.

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En una borrachera de sábado, se introducen en la casa del inadaptado (que por cierto, siempre iba con el mismo traje negro) y la queman. Esto hace que este último coja un enfado de muy señor mío y salga en su persecución. Consigue atrapar al grajero al que le dice, ante su sorpresa, que es su padre y le propone unirse a su banda, cosa que este rechaza muy educadamente, pues había sido educado con muy buenas formas, a pesar de ser granjero en Texas, además de no creerse que sea pariente suyo. El granjero huye de su padre tirándose por un barranco.

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Entretanto el contrabandista de tres al cuarto ha perdido el culo por la pija. Como está enchochaito perdido, baja la guardia haciendo que lo atrape el hombre de negro y este lo congele como a un pescao.

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La pija, como también siente lo mismo por el raterillo, va a descongelarlo (sabiendo que ya no puede volver a congelarlo pues ha perdido la cadena del frío), consiguiéndolo con la ayuda inestimable del granjero, el cual es un maestro con el lazo, e inmoviliza a los malos con un nudo vaquero, como a las terneras de su pueblo.

Los tres, pija, granjero y raterillo, huyen a España y se hacen amigos de unos enanos que en su tiempo libre participan en el espectáculo del bombero torero.

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El granjero harto de huir de su padre, decide que ya es hora de ponerle el cascabel al gato y se enfrenta a él en una lucha encarnizada. Cuando se encuentran se suceden las preguntas:

  • ¿Por qué nos abandonaste a mi madre y a mí?
  • Yo no sabía de tu existencia, hijo.
  • ¡¡¡NO ME LLAMES HIJO!!!
  • ¿Por qué no? Al pan, pan y al vino, vino, y tu eres mi hijo, sangre de mi sangre.
  • Que rollero eres, tio.

Esto sucedía en medio de una lucha fraticida con piedras y callaos.

  • Hijo, perdóname, la responsabilidad me sobrepasó, y huí en mi bello corcel.
  • Vale papá, con esta explicación está todo perdonado. Tus pecados te son expiados.
  • Pareces un cura, joder.
  • Hombre, lo de ser granjero tiene su cosa, pero estar al lado del señor no tiene precio.

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Pero cuando todo estaba aclarado entre el hijo y el padre, llega el jefe de este último, que es malo malísimo, y se dispone a matar al hijo. Cuando el granjero, reconvertido a cura, estaba a punto de morir, sale en su ayuda el padre redimido y liquida al malo malísimo.

Todo acaba felizmente, reuniéndose los hermanos gemelos, el contrabandista con la pija, el padre con sus maestros en el cielo y los malos en el infierno.

La felicidad completa.

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Aparte de este par de detalles sin importancia, la película me parece una obra de arte sin parangón en el cine, por lo menos en el de ciencia ficción, junto a, tal vez, “Blade runner”. Una película que los efectos especiales se hicieron fotograma a fotograma, moviendo poco a poco todos los elementos que salían en ella. Solo con eso debería valer para catalogarla como arte. Aunque la academia no le ha otorgado ese título, si ha hecho que se proteja y no pueda ser tocada por ninguna persona y se guarde para la posteridad tal como se hizo.

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