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Posts Tagged ‘Murcia’

Todo llega y, por supuesto, el final de las vacaciones también. Este año (2010) han sido 15 días por Roma y la Toscana, con una ligera escapada a Pompeya.

De todas formas todavía nos quedaba un día completo que pasar en Florencia, y lo íbamos a disfrutar tranquilamente paseando por la capital de la Toscana. No haríamos nada más ese último día, solo pasear. Ya habíamos visto todo lo visitable (seguro que hay algo que se nos escapó) y dedicamos el día a tomar heladitos, pizza y echar unas risas por cualquier lugar. Lo único que vimos nuevo fue el mercadillo de puestecillos de San Lorenzo (por hacer algo), sito en el mismo lugar del mismo nombre: Mercado de San Lorenzo.

Así pasamos esas finales horas con los florentinos. Un día realmente tranquilo y en paz, sin nada en que pensar ni hacer.

El día siguiente si que nos teníamos que mover. Lavados y desayunados, y con las maletas hechas agarramos la fulgo y salimos hacia Roma para pillar el vión de vuelta pa Madriz.

El avión salía por la tarde, sobre las seis, aún así salimos temprano porque queríamos hacer escala en Orvieto. Si os acordáis, en el post del viaje a Florencia paramos en un lugar donde había un mirador desde el que se tenía una visión espectacular de la ciudad. Pues ahí paramos un par de horas antes de seguir camino a Roma.

La ciudad está subida en un promontorio volcánico, a unos 50 metros sobre la llanura. En ese promontorio está solamente la parte vieja, la ciudad se ha ido expandiendo por la parte de abajo, pues ya no hay más hueco arriba.

Un dato curioso de la ciudad es que durante un par de siglos (siglos XI y XII) fue independiente y además tuvo mucho poder sobre la zona colindante.

Nosotros entramos para ver su catedral, que tenía un estilo parecido a las de la zona de la Toscana (no se porque, pero me parecen todas iguales, como los chinos), aunque esta es gótica. La verdad es que por fuera es espectacular, tiene unos relieves a los lados de las puertas preciosos, y un colorido de los mosaicos (o pinturas) de la fachada tremendo. No es muy grande, pero esa ornamentación combinando mosaicos con esculturas la hace única. La pena fue que no pudimos visitarla por dentro ya que estaba cerrada.

Por lo demás, solo estuvimos deambulando por la plaza del pueblo, sin ir a ningún sitio. Podíamos haber ido a alguno de los miradores que tiene la ciudad, pero estábamos un tanto tristes porque se terminaba el viaje y un poco nerviosos por si se nos hacía tarde para llegar al aeropuerto.

De aquí ya os podéis imaginar lo que hay, llegar al aeropuerto, dejar la furgo, coger el avión, llegar a Madrid, y volver a Murcia medio dormidos y de bajón. Lo único positivo es queda menos tiempo para las siguientes vacaciones.

Hasta pronto.

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Cartagena (y los alrededores) está plagada de pequeñas, y no tan pequeñas, fortificaciones militares defensivas, principalmente del siglo XIX y muy pocas de épocas anteriores, estas muy deterioradas.

Hace un tiempo nos acercamos a la ciudad y vimos el fuerte de Navidad, el único fuerte o fortificación que está restaurado en su totalidad. Tampoco necesitaba mucho para ser restaurado, pues es uno de los más pequeños de la zona. De todas formas no nos quejemos mucho que por algún sitio se empieza.

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Lo que se ha hecho es reconstruir la vieja batería de Navidad, del siglo XVII, y así poder ver como eran las defensas de la bocana del puerto en aquella época. No era la única que defendía el puerto, justo enfrente hay varias (baterías de San Isidoro y Santa Florentina, y las baterías de Santa Ana Complementaria y Acasamatada), estas si que están en ruinas de diversa consideración, que se complementaban.

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Justo encima de la batería se encuentra la Torre de Navidad del siglo XVI, prácticamente en ruina total, apenas quedan en pie cuatro piedras de sus muros.

Durante la “Revolución Cantonal” se llamaba Juan Bravo y tenía dos cañones del 16, y estuvo en uso hasta mediados del siglo XX, época en la llegó a tener 8 cañones de 9 cm. A partir de 1941 pasó a estar en desuso y poco a poco a arruinarse hasta que en un plan turístico de la ciudad de Cartagena se reconstruyó y paso a convertirse en el Centro de Interpretación de la Arquitectura Defensiva Mediterránea.

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Cuando acabamos de ver el Fuerte nos fuimos a la costa de enfrente para ver si podíamos pasar a ver las dos baterías de Santa Ana, pero estaban cerradas y nos quedamos con las ganas. Otra vez será. Con las mismas terminamos de pasar el día por Cartagena y de allí a casita.

Hasta pronto.

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Hace un tiempo se celebró una Holirun en el Cabezo de Torres (Murcia), pues allá que fui con mi cámara a ver que podía sacar en claro de esta fiesta-carrera-botellón.

Este acontecimiento es una carrera en la que no es estrictamente necesario correr. Cada uno puede ir y llegar a la meta como buenamente pueda o le de la real gana. Eso si se van a poner hasta arriba de polvos de colores.

¿Lo que luego es? Un espectáculo en el que se permite hacer botellón a la escala que a uno le de la gana, algunos van light y otros hasta las cejas. Más de 12000 personas corriendo, andando, dando saltos, bebiendo, fumando,… Pasándoselo bien, en definitiva.

Sin más, os pongo las fotos, disfrutar de ellas. Ya sabéis, si pincháis en las fotos se verán más grande y más mejor.

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Como en otras ocasiones podeis ver las fotos más grandes pinchando en ellas.

Un día de enero de este año hicimos una escapadica para ver la fortaleza del cabo Tiñoso, en la comarca de Cartagena.

Me habían hablado de ello como una cosa a visitar y la verdad que no me defraudó nada. Bueno, tal vez un poco, pero fue más por el deterioro del lugar, a pesar del potencial turístico que tiene, más que por la fortaleza en si.

No madrugamos todo lo que debíamos haber madrugado, pensando que no iba a ser mucho lo íbamos a ver allí. Incluso habíamos planeado seguir viendo algún que otro sitio después de comer.

Eran las once, creo recordar, cuando quedamos los Hernández y los Barceló a la entrada de Cartagena desde Los Belones. Tras los besos y saludos pertinentes cogimos carretera y manta, primero hacia Cartagena, luego el desvío hacia Mazarrón, Canteras y La Azohía. Casi cuando estás llegando a La Azohía se pilla un desvío hacia la izquierda que va al pueblo de Campillo de Adentro. Se pasa esta pedanía cartagenera y a los pocos kilómetros, por una carretera estrecha, descuidada y peligrosa se llega a lo que fue un cuartel de defensa. Las baterías de Castillitos.

La batería de Castillitos, en realidad, forma parte de un trío de baterías en el cabo Tiñoso, que junto a otra batería que está situada en el otro extremo de la bahía de Cartagena, protegían la posible invasión o destrución del puerto de la ciudad. Castillitos es la más espectacular, de las que se encuentran en Tiñoso, en parte por estar “mejor” conservada que las demás.

Nosotros empezamos por la batería que está a más altura. Se acabó en 1933 y es la batería de “El Atalayón”. Subimos por un camino de tierra hasta los edificios, muchos de ellos derruidos, solo queda uno medio en pie, que es el edificio donde se encontraban las baterías antiaéreas. Lo curioso es que no es una edificación simple y ya está, no. Es de estilo neoclásico con columnas (dóricas, jónicas, no se) exteriores. Mucha ornamentación y solo para almacenar bombas y petardos de gran tamaño.

Foto propiedad de Agoniz y AFORCA

Se comenzó a construir una año después del comienzo de las otras baterías y se concluyó tres años antes que la de Castillitos (1936, aproximadamente). Este edificio estaba dotado por cuatros cañones antiaéreos Vickers de 10,5 cm. Esta es una batería de seis que hay en la zona de Cartagena, cuatro (ésta incluida) iban dirigidas hacia el mar y las otras dos (más tardías en la construcción) para, sobre todo, proteger la ciudad. Tenían un alcance de 13400 hacia el mar y de 7000 hacia el cielo, lo que comunmente se llama techo máximo.

Esta batería, como ya he comentado, era antiaérea, para defender tanto la ciudad como las propias baterías del cabo. Lo malo de este edificio es que está en muy mal estado, pero se encuentra en ese punto en el que todavía se le puede recomponer sin llegar a hacer un sobre gasto.

Desde este punto tienes una visión perfecta del Mediterráneo, y de las bahías de Cartagena y Mazarrón.

Una vez visto esto y que los críos se desfogaran un ratico saltando de un lugar a otro, comenzamos el descenso hacia otra batería. Pero antes nos metimos en un puesto de vigía o dirección de tiro, un punto en el que se tiene una muy buena visión del mar, como debía ser.

Antes de continuar la visita hicimos un breve avituallamiento en el parking y así continuar más felices y contentos.

Pasamos al lado de lo que parecían ser unas letrinas y llegamos al puesto de control de vehículos. Como en todas las instalaciones, no habían nadie para impedirnos el paso, je, je. Nos acercábamos a la batería principal del cabo Tiñoso, la de Castillitos.

Es la más espectacular, no solo porque está más restaurada o conservada (la fachada principal parece un castillo), sino por su artillería.

Conforme vas acercándote, pasas al lado de un edificio donde guardaban diferentes enseres, vamos el arsenal. Y después llegas a la fachada del castillo, con varias puertas, dos de ellas van a la zona de los dos cañones Vickers de calibre 38,1 (no confundir con el de las pistolas). Cuando llegas arriba y ves la bestialidad de cañón, no tienes otra cosa que sorprenderte por el tamaño del mismo.

Tremendos. Son los cañones (junto a los de la batería de Cenizas) más grandes y potentes jamas montados en España. El peso del tubo, sin el mecanismo del cierre, es de más de ¡¡¡86 toneladas!!!, y era capaz de lanzar una bomba de casi una tonelada (885 kilos) a una distancia de ¡¡35 kilómetros!!

¿Cómo llegaba el obús al cañón? Claro está que no iban a tener unos cuantos al lado mismo del mismo. N0, debajo del cañón, oradadas en la montaña hay unas dependencias donde se situaban los arsenales, el motor que lo hacía rotar, etc. Mediante railes los soldados llevaban las bombas desde arsenal hasta situarse justo debajo del cañón. Una vez allí una grúa subía las mismas y las colocaba justo en la boca del cañón.

Bajo el sol de invierno, todos se suben y bajan de los cañones sin ningún miramiento. La caña del mismo sirve a los niños de pasarela para cruzar el abismo. Los cañones están a disposición de todo el mundo para que cualquiera haga lo que le de la gana, sea con buena o con mala intención. Los niños se suben, los mayores se suben, los viejos no se suben, todos se hacen fotos.

Al lado de los cañones, justo detrás de ellos se encuentran los mini puntos de vigía de los mismos. No son más interesantes que otros, salvo que cuando entras en ellos para subir a la plataforma, en las paredes, hay dibujados barcos de distintas clases y nacionalidades. Bastante curioso es que entre nuestros posibles enemigos estaban Francia, USA, la Perfida Albión y otros.

Llegada esta hora, las tripas nos crujían más que la casa de Psicosis. Todavía nos quedaba una última batería, la visita se nos estaba haciendo larga. Demasiadas cosas para tan poco tiempo. Con lo cual volvimos a los coches para tragar todo lo que nos habíamos traído y unas cuantas piedras que nos encontramos por el camino.

Hecho el avituallamiento senderil, agarramos una linterna y nos fuimos a investigar las entrañas de la batería principal, lo que os he comentado ya del arsenal y motores de los cañones.

Parte superior del sistema de recarga de los cañones Vickers de 15,2.

Hay que decir que las dependencias auxiliares de los cañones están cerradas al público, pero sin vigilancia, y que el que entre, entra por su cuenta y riesgo. Eso es lo que hicimos. A través de un ventanuco nos colamos en el interior de las salas de máquinas. Nos metimos con mayor o menor dificultad, según la agilidad de cada uno, los 8 que íbamos, aunque al poco tiempo tres de nosotros (chicas todas, claro) se cagaron y salieron  huyendo del lugar. Con lo que al final estuvimos investigando los cuatro machotes y una machota.

Parte inferior del sistema de recarga de los cañones Vickers de 15,2.

Nos faltaban linternas para poder ver la dimensión de las estancias, no muy grandes, pero con mucha materia que auscultar. Primero estuvimos en la zona de los motores, para después pasar a la zona de las bombas y la pólvora. Estas habitaciones están en muy mal estado con lo que estuvimos poco tiempo por lo que pudiera pasar. Y por último vimos el sistema hidráulico para hacer subir las bombas a la superficie.

Al salir de la sala de motores nos metimos en el calculador. No tengo ni idea que era ni para que servía, pero uno se hace una ligera idea de que iba la cosa. El calculador está dentro de unas galerias subterraneas, al final de un largo pasillo, y se supone que era donde se calculaba, valga la redundancia, la longitud y la latitud, osease las coordenadas, de donde estaba situado el enemigo.

Hasta aquí fue la larga visita a la segunda batería, la de Castillitos. A partir de ese momento nos íbamos a acercar a la última batería, la de El Jorel.

Esta batería se empezó a construir en el 29 y fue la primera que se terminó (apenas una año después) Su nombre se debe a que los pescadores de la zona habían marcado en el cabo una señal para la pesca del jorel. En esta batería se instalaron cuatro cañones de 15,24 cm que tenían un alcance de poco más de 20 kilómetros, cubriendo con otras tres baterías desde  La Azohía hasta el cabo de Palos. Junto a cada cañón se encuentra un ascensor por el iban subiendo los obuses para cargarlos.

Durante la guerra civil fue la única vez que fueron utilizadas para defender la ciudad y la bahía. Ocurrió en 1936, en marzo,  en el que se logró el hundimiento del barco “Castillo Olite”. Después de esto solo se utilizaron como entrenamiento. Y en el 93 fue cuando se utilizaron por última vez, tanto estas del cabo Tiñoso como todas las demás de las inmediaciones de Cartagena.

A partir de aquí estuvieron, están y estarán expuestas al vandalismo como no cambie la cosa. Esto a pesar que fueron declaradas Bien de Interés Cultural en el 97 y protegidas como monumento conforme a la ley del Patrimonio Histórico Español.

Una vez que vimos esta batería, las fuerzas llegaban a su fin, tanto en mayores como en pequeños, con lo que decidimos dar por terminada la visita, extensa visita, al cabo Tiñoso. Aún nos dejamos por el ver el faro y la punta del cabo, pero ya no podíamos más. Otro día con más tiempo y ganas volveremos y terminaremos la visita.

Bien, pues ahora las baterías son propiedad del Ministerio de Medio Ambiente y le corresponde a ellos mantenerlas. Por lo que creo, hay previsto algo para restaurarlas, pero en el momento de crisis en el que estamos, supongo que va para largo la cosa. Espero que no sea demasiado tarde cuando vayan a hacer algo. El lugar merece la pena que esté en buen estado, es más, incluso se podría hasta cobrar para poder verlas, como cualquier otro museo. Merece la pena conservar esta parte de historia, bélica, pero historia al fin y al cabo.

Hasta pronto.

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Ya sabeis que si quereis ver las fotos en un tamaño más grande solo teneis que pinchar sobre ellas.

Casi dos semanas después puedo colgar las fotos de uno de los carnavales más famoso de Murcia, el del Cabezo de Torres. Yo diría que junto al de Águilas es el más espectacular y visitado de la región. Más de 30 comparsas salieron el martes 21 de febrero, el día central del carnaval de dicha localidad. Más de 30 comparsas que se me hicieron pesadas de lo lento que fue el desfile, es más creo que no llegué a ver más allá de 15 o 20 de ellas. Lo único que eché en falta fue que hubiera un grupo libre, es decir, que cada uno saliera como le viniese en gana.

Y a partir de aquí podeis ver unas cuantas fotos del carnaval.

Lo primero, como en casi todos los desfiles, sale la reina del carnaval.

El ojo entre las plumas.

Los músicos que no falten.

¿Porqué no? el carnaval está hecho para cualquier persona, de la edad que sea.

Todo tipo de vestidos de plumas u otras cosas.

Siempre bailando.

Ni mucho menos están durmiendo.

Con o sin máscaras.

Mariposas calavéricas.

¡Esas toreras!

De ángel de Victoria Secret.

De… ¿española?

Plumas, azteca, pupurri.

No se de que iba, ¿vaquera, Lara Croft? Ni se sabe.

Militares. Que blanquitos y pulcros que iban.

De conejita, pero no de Play-boy.

Y más…

Aún hubo más, pero el frio y la noche me confundían, con lo que decidí abrirme e irme a casita a calentarme.

Hasta pronto.

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Hace un tiempo hice una ruta a la que se le suele llamar la de la muralla de King-Kong. Lo curioso fue que la ruta la hice en dos partes, y en dos días diferentes (separados por una semana), con gente distinta en cada tanda.

El primer día me fui con la mujer, hijos y sobrinos con sus hijos. Ocho en total. Quedamos en la venta del puerto del Garruchal para hacer la ruta desde la senda bonita. Una vez besados todos los protagonistas comenzamos la subida. Una subida fácil por una sendica en la que de vez en cuando nos teníamos que apartar por el paso de alguna que otra bicicleta.

Por esta senda íbamos a ir a parar a la parte superior de la muralla de King-Kong. A todo esto decir que la muralla de King-Kong pertenece a la sierra de Carrascoy, al lado de Murcia.

El pico Columbares al fondo.

Desde la senda se podían ver vistas hacia el puerto del Garruchal…

…y hacia lo que se conoce como la Palestina murciana o campo lunar.

Imagen tomada de la unión de 64 fotos.

Después de un par de horas, bueno creo que fue una hora, peleándonos con los niños y tirando de ellos para subieran y andaran un poco, conseguimos llegar a un mirador donde descansamos y tomamos un refrigerio antes de volver.

Desde el mirador se divisaba una figura formada en la roca por el viento y la lluvia, la cual parecía una cara. Tal vez le pusieron el nombre de muralla de King-Kong por esa cara, no se. Me imagino que también por el muro de piedra que se levanta en la sierra y que más adelante os muestro.

Careto de King-Kong.

Desde el mirador nos volvimos a los coches para comer en condiciones y así terminar la mini excursión. Con niños no se puede hacer nada, aunque seguiremos haciéndolo manque les pese.

Hasta aquí la primera parte. Ahora llega la segunda.

El domingo de la semana siguiente me tocó salir con amigos del trabajo e hicimos la misma ruta pero empezando desde el otro lado. Lo recorrido en las dos hace que anduviera la ruta entera.

Empezamos en la Cresta del Gallo, y anduvimos hacia la cima del Relojero, donde se encuentran casi todas las antenas del mundo mundial. En un momento del camino hay una bifurcación en la que nos desvíamos hacia el camino de los Puros, dejando a la derecha el camino de subida a las antenas. Pasando por debajo se oye el ruido que hacen las condenanas.

La murallica dichosa.

Por este camino nos dirigíamos hacia la murralla y la senda bonita, caso que no llegaría a consumarse pues nos dimos la vuelta antes de llegar.

Cuando llegamos, más o menos a la mitad de la muralla decidimos comer y volvernos. Ya habíamos andando bastante. Pero antes decidimos ir a ver una antigua mina de yeso romana. Romana porque lo dicen los que la han datado por que por allí no hay ningún vestigio de ningún tipo, por no haber no hay ni yeso.

Tuvimos que acceder por un estrecho y bajo túnel que accedía a lo que sería la propia mina (descubierta, es decir, que estaba al raso), y que ahora está llena de matas y cuevas que pueden entrañar más peligro que otra cosa para las personas que quieran aventurarse a adentrarse en ellas.

Desde las minas ya hicimos el recorrido de vuelta por pequeñas huertas, algunas medio abandonadas. Eso si fue entonces cuando acaeció lo mejor. La ingestión de un par de cervezoides que nos sentaron de puta madre, en uno de los merenderos que hay cerca del santuario de La Fuensanta.

Y hasta aquí la ruta en dos mitades.

Hasta pronto.

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Estreno fotográfico en el fútbol. Tras un par de años sin pisar canchas, el sábado volví a entrar a una, esta vez al estadio de la Nueva Condomina, representando a la página web de Murcia Deporte Digital.

Era la primera vez que pasaba a un estadio de fútbol como prensa gráfica, anteriormente lo había hecho como aficinado. Gracias a esta web he podido cumplir mi deseo (no llega a tanto, pero no se como expresarlo) de afotar un partido de fútbol profesional, aunque sea de 2ª división.

Para no tener ninguna sorpresa llegué al estadio hora y media antes del inicio, pensando que, tal vez, me tendrían que cachear o algo similar (que exagerao). En realidad, luego todo fue muy simple, tras una identificación inicial, me dieron el pase y las instrucciones para llegar al campo. Al llegar al mismo, tuve que coger el peto que te identifica como persona que puede merodear por la pista, y a esperar el momento del inicio del partido. Todo mucho más sencillo de lo que me imaginaba. Para la próxima vez (espero que la haya) ya se que no tengo que “madrugar” tanto.

Cabezazo del segundo gol onubense.

En cuanto al partido no hay mucho que contar. Salieron a jugar once tíos contra once, con tres trencillas de titulares, y uno de suplente, para controlar los malos modos y situaciones potencialmente ilegales que pudieran realizar los susodichos tíos.

Unos vestían de color pimiento (de ahí que se les llame pimentoneros), que dicen que son los de aquí, y otros, de blanquiazul, estos son los decanos, pero no se si es que son viejos o son universitarios.

Comienza el partido con los de los pimientos teniendo el esférico, pero sin ningún tipo de peligro para el arco decano. Estos estaban muy bien plantados (no como las plantas, sino que estaban en su sitio) en su zona defensiva y cuando lograban coger la pelota salían disparados, como alma que lleva el diablo, a hacer daño al portero agricultor.

Así fue como en un ataque viejuno, consiguieron dar un pase desde la izquierda y remataron con la cabeza, testarazo se llama, y colaron la pelotica dentro de la portería local.

Pero, es que ahí no quedó la cosa, tres minutejos más tarde, otro contraataque onubense, esta vez por la derecha, también es rematado a la red local con la cabeza visitante. Aquí, ya si que si, los de los pimientos no supieron que hacer, no lograron acercarse con mucho peligro al otro lado y se terminó la primera parte.

En el segundo tiempo, parte o mitad fue tal para cual, los de aquí no le hacían pupita a los de allí. Es más, en un minuto (a saber cual) del encuentro, el trencilla principal le enseñó una tarjeta roja a uno de los rojos y este se fue a su casa. Seguramente como no tenía ninguna tarjeta blanquiazul ningún jugador de los de rayas se marchó a su casa.

Con uno menos los viejales hicieron lo que quisieron con los de la huerta, y así consiguieron el tercer gol (también de contraataque) que terminó por matar a los agricultores. Si no se había acabado el partido antes, ahora si que si. A los pocos minutos de este gol, el de amarillo dijo que tenía ganas de irse a descansar y así se terminó todo.

Una tarde noche de disfrute de fútbol y fotografía. Que continue así.

Hasta pronto.

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